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Publicado: Vie Jul 13, 2007 2:37 pm |
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EL HABANERO
A-Yolanda
PRÓLOGO
Durante todo el siglo XIX, la soberanía española en Cuba vivió amenazada. Finalmente, en 1876 se inició una guerra de independencia que aunque pacificada 10 años después por Arsenio Martínez Campos, reforzó la idea separatista de una buena parte de la población cubana.
En el 1898, España perdió sus colonias y los españoles sintieron que su nación había entrado en agonía.
¿Tiene sentido recordar hoy esto? Si como lo tuvo en su día la guerra civil o, más reciente, la transición a la democracia, que son los acontecimientos decisivos en la formación del Estado Español y de nuestra cultura política.
El habanero es una historia sencilla en la que, por primera vez, no se narra acerca de la vida de la clase gobernante, si no de las gentes sencillas sobre las que recayó todo el peso de la guerra; gentes que sufrieron en sus carnes, que quedaron marcadas por heridas o enfermedades o murieron en unas campañas lejanas. ¡No! Estos no fueron los hijos de las familias pudientes con intereses colonialistas en Cuba, Filipinas o Puerto Rico.
La verdad es que las familias oligárquicas y el caciquismo no hubiesen tenido el gesto de presentarse voluntarios a los terrenos cubiertos de maleza de Cuba, la sufrida Manigua a combatir a unos rebeldes que con tanta virulencia denunciaban desde Madrid o Barcelona.
La guerra, como bien dice el historiador Carlos Serrano, fue injusta desde un primer momento en una sociedad española en la que las leyes relativas al servicio militar adolecían de terribles anacronismos, y el más grave de todos: la permanencia de una redención en metálico, que permitía al mozo sorteado pagarse un sustituto por una cantidad de dinero que oscilaba en las 2000 pesetas de entonces, una suma considerable en el presupuesto de cualquier familia popular. Esta era la única solución para la mayoría de los campesinos pobres; la de marchar a los campos de batalla de los que muchos sabían que no volverían. Después, algunos tendrían la suerte de escapar de la guerra, convirtiéndose en prófugos o colaboradores de los rebeldes.
CAPÍTULO I
Mi relato es una historia verdadera, vivida y sufrida por auténticos “habaneros”, apodo que se daba a los hombres y después a las familias de aquellos que tuvieron la suerte de volver de Cuba. Mi bisabuelo fue habanero, mi abuelo habanero, mi madre la habanera y yo el nieto del habanero.
Valentín Cabrero fue el primero de los habaneros por parte de mi madre. Valentín, según las gentes del lugar, era un hombre callado y de gran saber. Siempre recordare su delgadez, su pelo blanco, encorvado y apoyado en su caña de bambú. Su experiencia de la época que le tocó vivir le convirtió en hombre de frases cortas y precisas, cáustico, intencionado y de fino ingenio. Por su carácter áspero y agresivo se podía adivinar que en su interior guardaba un secreto, que con el tiempo y gracias a mi curiosidad terminé por descubrir. No obstante, era de todos conocida su graduación en el ejército, donde Valentín llegó a ser secretario y consejero del General Martínez Campos – hombre que demostró gran capacidad política como gobernador de Cuba en los momentos más cruciales de la guerra.
La personalidad de Valentín Cabrero y mi curiosidad hace recuperar mi memoria y por fin decido retroceder a mi niñez. Pues como bien decía el poeta que deploraba la huida del tiempo, el desgaste del olvido y las esperas frustradas los hombres sin la menor duda no dejaron de soñar. Por eso aunque se suele decir que con los años se pierde la memoria, yo puedo asegurar que los pormenores de esa época vuelve a mí como si fuera hoy. Dado que apenas cierro los ojos, coloco mi caracola al oído que me regalo uno de mis protagonistas y me vienen a la memoria estos personajes acerca de los cuales les quiero relatar. Para ello como siempre fui un gran soñador, no me es difícil creerme mecido por las olas e imaginar que he retrocedido hasta mi niñez.
Siempre recordare aquellos principios de verano y especialmente aquellas mañanas que sin duda fueron los días más felices de mi vida. La noche anterior a mi salida de vacaciones, recuerdo que como todos los años, las imagines del pueblo pasaban hermosas a una velocidad sorprendente y se desvanecían cuando el proyector de cine que apenas lo separaba un fino tabique de mi habitación sonorizaba las películas con más fuerza que en la sala.
Nosotros y me refiero a mi familia, vivíamos en el edificio del cine Cervantes, en la Corredera Baja de San Pablo y calle situada en el centro de Madrid. De dicha habitación recuerdo el miedo de mi niñez, pues las películas hacían parte de mi vida al sufrir alegría o miedo, según el desarrollo del guión en cartel.
Los míos eran los clásicos emigrantes del interior, a los que los madrileños llamaban despreciablemente “Paletos” y sin ninguna estima. Mi padre, que en paz descanse, fue un objeto causa de esa cruenta guerra civil española, no obstante tuvo la suerte como dicen algunos “gracias a Dios” de caer en zona nacional. El Sr. Basilio, que era como se le conocía, fue un héroe sin saberlo y con su medalla correspondiente por la metralla que recibió en la cabeza. Sin embargo, la manera original que se peinaba disimulaba la herida. Su mutilación era de sesenta grados, pero sin apariencia de incapacidad. Esta mutilación le hacia merecedor de los mejores puestos de trabajo de aquella época tan dura, sobre todo en las capitales y donde se sobrevivía con lo que sé denominaba el pluriempleo. Por esto, mi padre regentaba la portería del edificio Cervantes, a la vez de guardia por el día y parte de la noche continuaba trabajando de acomodador en el famoso Circo Prince.
Como bien digo, parte de mi niñez la pase en este barrio céntrico de Madrid, sin arboles y tan horrible en el mes de junio. Por eso recuerdo que aquella época, Madrid era un infierno y mis vacaciones de verano eran tan deseadas que cuando llegaban cantaba alegre. –Me voy al pueblo / hoy es mi día / voy a llenar toda el alma mía. Qué misterioso es el tiempo; siempre me parece que ha pasado menos tiempo de lo que realmente ha transcurrido, dado que la vejez se comprime todo. Recuerdo que era por la mañana temprano y con la alegría de abandonar Madrid el peso de las maletas no molestaba a pesar que la estación de metro estaba lejos. En mi impaciencia no daba ninguna importancia ni al metro ni a sus viajeros, pues mi único deseo estaba en llegar a Cuatro Caminos, donde tenia su parada el autobús.
Dicho autobús recorría la línea de Madrid a las provincias limítrofes. “Albarrán”, era el nombre de la empresa sí bien recuerdo. El autobús si se quiere llamar así, era viejo sucio y de muy mal ver; una pura chatarra. El techo repleto de maletas mal atadas con cuerdas de mala calidad, servía a la vez para sujetar los conejos y gallinas, que sin piedad contabilizaba el inspector de Abastos y Consumo, organismo creado en la guerra y mantenido en los años de la posguerra dada la falta de aprovisionamiento en las capitales.
Esta continua miseria de los obreros y campesinos de la posguerra. Daba paso a la picaresca popular que en España se conocía con el nombre de “estraperlo”. De esta situación casi nadie escapaba y en las calles el trapicheo de productos creaba la sensación de estar en pleno rodaje de un clásico del cine Italiano.
El cobrador cansado de subir maletas y colocarlas, lanzaba juramentos a la vez que molesto sacudía su boina al gotear la lluvia su rostro y orejas. El conductor en la acera, y de brazos cruzados observaba como el cobrador con su torpeza y poca capacidad era incapaz de extender las lonas mojadas por la intensa lluvia que no arreciaba y por eso no dejaba de gesticular con los brazos a la vez que chillaba soltando palabrotas. Al mismo tiempo con el fin de resguardarse de la lluvia, los carreteros alineaban sus carros y las bestias recibían el aguacero. Estos carreteros eran en su mayoría traperos que se dirigían a los barrios extremos de Madrid, con el fin de rebuscar la basura. La mayoría bajaban de la Carolina o Tetuan de las Victorias.
Al no cesar la lluvia hizo que los carreteros y peatones buscasen un refugio más seguro en una pequeña taberna cercana. En la puerta claveteaban sus zapatos para deshacerse del barro y de la lluvia, mientras la chicharreria de la acera de enfrente, exhalaba el fuerte hedor del aceite refrito. Mis ojos inquietos miraban a todas partes, mientras que con la manga de la camisa creía limpiar la lluvia de la sucia ventanilla y, por fin a las nueve de la mañana la lluvia dejó de caer y una luz clara se filtro entre las nubes que pasaban bajas y la calle dejaba ver sus grandes charcos.
A la vez y al arreciar la lluvia, las mulas y asnos, fieles compañeros de los traperos, sacudían el agua de sus lomos con fuertes movimientos. Estos animales eran pequeños, sucios y con una inteligencia casi humana.
Fue ya al avanzar el día que se hizo más densa la afluencia de los peatones y al observarlos se apreciaba que su mayoría mostraban con sus monos azules y grises su pertenencia a la clase obrera. Sus talegos dejaban adivinar la tartera de comida que su madre o esposa había preparado minuciosamente la noche anterior. Marchaban sin tropezar y sin crear problemas a sus semejantes, como hormigas, buscando el tranvía o la boca de metro más cercana en un marchar triste y apesadumbrado.
Poco puntual, como siempre y en el momento más concurrido, después de una hora de espera, salió el autobús que circulaba mas bien rápido si se tiene en cuenta la hora perdida. El chofer con su ventanilla abierta increpaba con palabrotas a los transeúntes, como queriendo justificarnos su retraso.
Madrid a simple vista parecía una capital ostentosa, una imponente metrópoli con su enorme masa de ciudad y fue más suntuosa cuando el autobús penetró en la Castellana una de las más hermosas avenidas de Madrid, con sus nuevas construcciones y el gran estadio de fútbol. Esta recta avenida nos conduce a la Plaza de Castilla, final del Madrid urbano. Desde aquí, él autobús se encuentra a más de cien kilómetros del pueblo, distancia que tardara en recorrer más de cinco horas y todo si se tiene en cuenta sus largas paradas.
Al dejar la capital nuestro autobús rodaba por las llanuras áridas y desoladas de la provincia de Madrid. Sus paradas estaban a largas distancias y la ondulada carretera hacia extremar su velocidad, sin que esto le impidiera gemir y temblar como una carromato. Impulsados por este terrible movimiento, los paquetes de comidas y objetos se arremolinaban sobre la cornisa de la red del maletero. Temblaban los cristales de las ventanillas, a la vez que las maletas y animales golpeaban sobre el techo; mientras los frenos gruñían sin cesar y esto me producía un continuo bamboleo en mis espaldas. Para quitarme el miedo pensaba en otras cosas, pero el estrépito no cesaba y parecía que en cualquier momento el autobús nos iba a abandonar en su continuo movimiento.
Un murmullo ensordecedor hizo que me fijara en las personas que completaban el viaje. En primer lugar mi madre, siempre seria y distraída con su boca cerrada y su mirada perdida en el infinito. Al fondo cuatro o más militares que regresaban a sus pueblos después de un posible permiso merecido. De este lugar nos llegaba un fuerte olor a pies y sobacos que se añadía al olor del cuero de sus correajes. Mi madre siempre me regañaba diciendo que era un guarro asqueroso; no obstante ella hacia también gestos disimulados de aprobación a mis muecas de aquel olor insoportable. El resto eran familias enteras que deseaban pasar con sus padres y abuelos las fiestas locales tan numerosas en esta época del año y a la vez aprovechar a su vuelta el aprovisionamiento de la despensa de su casa.
Al dejar atrás Madrid, y después de una hora de marcha el paisaje aparecía cada vez más verde, al adivinarse la presencia de la sierra. El día era hermoso y aquella mañana para mí era un día feliz. Un verdadero día de fiesta. Además, el verano enardecía la sangre y al dejar la ciudad, el buen tiempo parecía como si nos quisiera acompañar. Por fin a lo lejos se divisa Somosierra que obstruía el horizonte con sus masas rocosas de color rosa. El panorama era grandioso y me hacia olvidar el Madrid oscuro y bullicioso. Ese hormiguero de seres humanos luchando por su subsistencia e incapaces de explicarse la presencia del hombre en la Tierra y, el pavoroso misterio de lo que puede existir más allá de la muerte y siempre asustados de los continuos avatares que depara la vida.
En la sierra, el paisaje deja de ser árido para convertirse en un bosque de pinos y abetos. A mi derecha sobre una ladera llama la atención un salto de agua de una caída de más de cincuenta metros y la gente ilusionada le daba a dicha cascada el nombre de Duratón. Río que cruza la provincia de Segovia para entregar sus aguas en el caudaloso Duero a su paso por la provincia de Valladolid. La bajada de la sierra fue lenta debido a su peligrosidad si se tiene en cuenta el estado del autobús y de la carretera. En su bajada se divisaba de frente Bùitrago de la Sierra, con su prolongada línea de tejados y su campanario puntiagudo como una lanza. Más allá, sobre la oscura masa de pinos y en el último término del horizonte entre el azul del cielo se veía la continuada sierra del Guadarrama.
De nuevo el autobús se movía con la seguridad que le daba la llanura de la árida provincia de Segovia. Si bien yo recuerdo, en un pequeño pueblo de la carretera que se llama Cerezo de Abajo, el autobús torcía a la izquierda en busca de la carretera de Sepúlveda. A partir de aquí las carreteras eran estrechas y de peor calidad, lo que hace que el autobús levantase una polvareda blanca que enturbiaba la visión.
Al oír con un murmullo ensordecedor el nombre de Sepúlveda, me causo gran alegría pues era la parada más larga y el cambio de autobús. Si preguntáramos a los sepúlvedanos sobre dicho “pueblo”, seguro que se enfadarían y dirían: “Estamos en la Villa de Sepúlveda”. Los sepulvedanos intentan justificar su enfado, al recordarnos su historia. Sepúlveda fue una importante Villa y se percibe en sus barrios abandonados y en sus más de tres iglesias, dos conventos y una no terminada catedral. Su casi destrucción parece que se debe a las guerras Carlistas ya que el General Zumalacaregui estuvo en persona, asentado en esta “villa” y su destrucción se debe a que en varias ocasiones fue recuperada por los Isabelinos. La realidad de hoy es otra, pues apenas cuenta con 2000 habitantes. Estas continuas guerras civiles y coloniales, el caciquismo y la falta de libertades destruyo la economía española, creando una continua emigración a las ciudades o al extranjero.
La maniobra del cambio de autobús se realizaba en la Plaza Mayor. El cobrador con voz fuerte, invitaba a los viajeros a descender señalando con el brazo al otro coche alineado a un paso del nuestro. La Iglesia Mayor que era como familiarmente sé la conocía. Estaba justo de frente a nuestra parada. Dicha Iglesia, en su primer cuerpo de fachada; estaba rasgado en el centro por una puerta mezcla de gótico y barroco. Su arco ojival enorme y profundo lo separaba un enorme pilar que sujetaba las dos puertas de una talla sorprendente. En el interior se adivinaban las enormes pilastras que forman un bosque de piedras, y me imagino que reinaría una oscuridad sola rasgada por las lamparas y las velas que mantenían vivas las devotas.
“Esta ciudad” vivía sobre su plaza, como la gran parte de los pueblos y ciudades de España. El resto eran calles tranquilas que nos transportaban de pronto a la Edad Media, época silenciosa, mística y oscura. Solo algún carro chirriaba sus ejes y ruedas sobre el pavimento. Por las aceras estrechas, las beatas cabizbajas pasan rozando los muros de las viejas casas, atraídas por el toque de las campanas y con su negro pañuelo a la cabeza que resigna su posible viudez. La beata con su silencio habitual y su actitud en el caminar, me hace pensar que se encuentran sumisas a que nada las aparte de su fe; convencida de conocer a Dios y saber medir la grandeza de su poder.
Sepúlveda esta enclavada en un gran barranco, obra de la erosión, y en donde los ríos Duraton y Castilla se abren paso hacia la población creando un espectáculo sorprendente y digno de asustar al más valiente. Al pasar por su puente romano el panorama es de un gran esplendor. Desde aquí la vista del barranco es pura belleza y sus vertientes de roca pueden alcanzar más de doscientos metros de caída. A lo lejos y entre los dos filos del barranco grupos de águilas reales planean rozándose unas a otras y en lo alto de una de las pilastras del puente una banda de buitres parece indicarnos la proximidad de la estepa Castellana. Esta gran ave de rapiña, con un cuello sin plumas, se alimenta de carne muerta y parece contemplar el paso del trafico con un mal presagio. Su fea cabeza hacia que la mayoría de los viajeros murmurasen comparándolas a un pollo recién pelado.
El autobús después de una pronunciada cuesta entra de nuevo en la meseta Castellana: árida plana, sin arboles y donde la vista se pierde en el horizonte. A veces se divisa algún almendro seco, que más tarde hace predecir la llegada de una vaguada; donde la humedad dará paso a un grupo de olmos, árbol de majestuosa figura, alto, derecho y como queriendo desafiar el cielo. Este árbol se mantiene pese a las temperaturas continentales que predominan en la Meseta con una altitud con más 700 metros sobre el nivel del mar. El resto; grandes extensiones de trigos y cebadas, que negrean como pidiendo a los campesinos su corte y el salir de ese calor que los devora. En mi imaginación soñadora, veía a los campesinos, robustos, pacientes, endurecidos por la fatiga del trabajo de sol a sol, luchando en la naturaleza de extremada sequedad; con el sólo y único fin el recoger la labranza de las cebadas y trigos. ¡Qué imaginación la del hombre que penso plantar el trigo silvestre, sometiéndolo a la disciplina del cultivo, y lo recolecto y luego lo hizo polvo y al unirlo con agua crea una masa que sometida a la acción del fuego se convirtió en pan! . ¡Que invento! Este descubrimiento del hombre perdura sin mayores cambios a través del tiempo
En nuestro lento avanzar por la meseta, divisábamos en el horizonte un grupo de casas que nos advertía de la presencia de un pequeño pueblo. Donde al pasar por el extremo de sus casas nos sorprendía ver unas eras con yuntas de mulas girando en redondo, machacando con su trillo la paja que se hacinaba a sus pies. A pocos kilómetros del pueblo vimos un pastor vagabundo, parásito de la naturaleza, que vive de explotar sin gran trabajo el suelo y animales de la madre Tierra.
La meseta, en su erosión juega sus caprichos al transformar el terreno. Pues de pronto el autobús rodaba cuesta abajo en una inclinación de más de quince grados, hasta llegar a los verdes valles o vaguadas que los ríos han surcado a su paso, y es en general en la era Terciaria o Neolítica que el hombre se asentó, después de muchos miles y miles de años de vida nómada.
En la bajada, el primer pueblo es Valtiendas, donde vive parte de mi familia. El pueblo nada tiene de importancia, pero a simple vista llaman la atención en sus laderas, numerosas puertas de madera incrustadas en la tierra. Son simples bodegas familiares para guardar el vino, que por ser sus laderas calizas son fácil de profundizar. Sus viñedos de una excelente calidad, se encuentran normalmente en estas laderas y el trigo en los llanos.
A solo tres kilómetros se encuentra Pecharromàn, fin del trayecto. Pecharromàn, es un pequeño pueblo milenario con su iglesia grecorromana. Sus campesinos viven del cultivo del cereal y algunos viñedos para su propio consumo. Con orgullo mi abuela a través de generaciones, guarda el nombre del pueblo en su apellido. Pecharromàn no tendría en la época más de veinte familias, y en la actualidad no creo que en el invierno sean más de dos. Sus calles estrechas obligaban al conductor a hacer varias maniobras para poder dejar a sus pasajeros, que en definitiva, éramos mi madre y yo. Mientras el cobrador bajaba las maletas, mis abuelos, tías, primos no dejaban de abrazarnos, a la vez que los vecinos comentaban: “Son los madrileños, el nieto del tío “Patalón” apodo que se le daba a mi abuelo Pablo.
CAPÍTULO II
En Pecharromàn pasaba yo un mes y medio aproximadamente, en casa de mis abuelos por parte de mi padre, y luego, otro mes y medio con mis abuelos de Calabazas, padres de mi madre. Dichos pueblos se encuentra a no más de ocho kilómetros de distancia uno del otro.
El abuelo Pablo era una persona encantadora y que según todos sentía por mi un gran cariño y yo por él una gran admiración difícil de explicar. Siempre le recordare con su típica boina atornillada a la cabeza, sus pantalones de pana, su faja con varias vueltas a la cintura, donde guardaba su navaja, su mechero y su tabaco picado que siempre le permitía tener un cigarro entre los labios. Su aspecto castellano era inconfundible. El abuelo era un trabajador incansable, que solo cambiaba el día de la fiesta, pues le encantaba la música y el mismo tocaba la dulzaina, una especie de flauta típica de Segovia que se usaba especialmente para la famosa jota segoviana, a sí como el tamboril. La abuela María también con motivo de la fiesta, siempre sacaba lo mejor de su gran arca.
Por aquellos días, recuerdo que se celebraban las fiestas patronales de Sacramenia, pueblo situado a solo dos kilómetros de Pecharromán. Estos festejos, en aquella época era el único acontecimiento que justificaba el abandono del trabajo. Por este motivo, todos sacaban sus ahorros para comprar un vestido o mejorar los pantalones y camisas y así como la comida que era mejorada con el cordero asado. El tiempo apremiaba y el abuelo Pablo, nos decía que sacaría su dulzaina del remojo con el fin de ensayar la Jota. Impacientes, mis tías y algunas amigas esperaban el repiqueteo de los dedos de mi abuelo sobre la mesa y bailaban la jota segoviana creando un bullicio ensordecedor.
Por fin llego ese día religioso que marca en rojo el calendario. Calendario, que desde los más remotos orígenes su función no a variado, pues es él quien nos garantiza los acontecimientos naturales, como las mareas, las estaciones y las fiestas religiosas o civiles. En la fiesta, los muchachos nos pasábamos el tiempo corriendo por la plaza, empujando a las parejas, o asustándolas cuando se alejaban en busca de la oscuridad que les permitía alguna caricia. Los viejos y las mujeres casadas se situaban alrededor de la plaza con sus sillas para distraerse y controlar a sus hijas, mientras los maridos discutían en el bar más próximo.
Terminadas las fiestas, el pueblo de nuevo, entraba en su rutina, mi abuelo calzaba sus abarcas y su pantalón de pana, mis tías se cubrían con grandes pañuelos y sombreros de paja que las protegían del sol abrasador de Castilla. La recolección del trigo y cebada sé hacia como dos mil años atrás con la hoz y a la mano. Para los hombres la labor era muy dura pero las mujeres marchaban sin levantar cabeza a dos pasos, y chiquillos mismo a partir de los doce años ataban las gavillas del trigo segado. Yo era el único a quien no dejaban en ningún momento ayudar, y me limitaba acompañar a mi abuela al rastrojo con el fin de aprovisionarlos con la comida; pues las tierras solían estar lejos, y mi abuela y yo marchábamos a lomo del borrico y en algunas ocasiones hasta más de seis kilómetros. El resto del tiempo lo pasaba bañándome en las charcas que servían para regar las huertas.
En Pecharromàn todos los vecinos eran labradores, poseían tierras de labor en su mayoría arrendadas a los terratenientes. Su mayoría tenían un huerto, alguna oveja y algún cerdo. No había grandes propietarios, pues los terratenientes vivían en general en las capitales de provincia. La mecanización como bien digo no existía y todo seguía como en la época medieval.
En los años cincuenta a los que me refiero, hacia apenas diez años que la guerra se había terminado. Esta zona fue todo el tiempo retaguardia y nadie hablaba de dicha contienda, pues la represión apenas tocaba a estos pueblos y pese al decreto de Franco que decía que todo el que hubiese luchado contra él ejercito nacional podía ser condenado a seis años y un día de cárcel, sino tenia antecedente, que sí la tenia; «la condena podía aumentar considerablemente y llegar incluso al fusilamiento». Las denuncias o malos quereres no fueron moneda de cambio en estos lugares, y esto hizo esta buena convivencia entre vecinos que solo recibían con mala cara los delegados de abastos. Estos delegados «eran los encargados de requisar los alimentos en todos los lugares, dejando a los habitantes de los pueblos lo mínimo para vivir». Pero si el hambre era atroz en la gran mayoría de las capas asalariadas. En los pueblos como Pecharromàn, aunque con grandes privaciones siempre había una cebolla que llevarse a la boca de aquel pan candeal y sus sopas de ajos eran de un paladar exquisito.
CAPÍTULO III
El pasado es un río del presente y aunque nos cueste cerrar los ojos y recordar, siento que tal vez no estuve en tal bello lugar, dado que era un paraíso donde yo disfrutaba de esa libertad que Madrid nunca me permitió. Dado que los chiquillos corríamos por los prados y nos chapuceábamos en los pequeños riachuelos. En la hora de la siesta donde el calor era insoportable y no se veía un alma por la calle jugábamos a la sombra de las casas.
Pero bien recuerdo que un día como otro y que aunque distraídos en el juego vimos a lo lejos un automóvil que apenas se divisaba a causa del polvo blanco que levantaba la carretera. Él coche a que nos referimos freno a unos metros de nosotros y es cuando pudimos escudriñar el lujoso automóvil. Olvidamos el juego para observar al desconocido que hecho pie a tierra sacudiendo su lujoso pantalón y sin mirarnos dio la vuelta al automóvil para ayudar a salir a una señora muy elegante. Esta vestía una lujosa falda y una blusa con muchos encajes. La señora salió muy seria y con un gesto de reproche que su marido trato de reprimir con la mirada, pero eso no basto para que la mujer mirara con disgusto todo lo que la rodeaba.
Después se fue formando alrededor del automóvil un corro de muchachos y de mujeres mayores que contemplaban con asombro a los recién llegados. El hombre sobrepasaba por su apariencia los setenta y cinco años, su pelo blanco ceniza y su metro ochenta de estatura, y su traje que tantas veces vestían los protagonistas del cine americano, le hacia aun más elegante. Ella, a la vez me hizo recordar a una mujer que yo había visto en la pantalla en más de una ocasión y pese a rondar ya los setenta años todavía guardaba vestigios de una gran belleza.
El señor preguntó con un acento extranjero por María Pecharroman y fue al instante que todos me señalaron para decirle que era yo su nieto y que podía acompañarles. Desde un principio Martín Pecharromàn, que era como se llamaba este extraño viajero me pareció un hombre simpático y agradable. Sus ágiles movimientos, su energía y ademanes, así como su rostro picaresco y gracioso, hacían de Martín un hombre poco común.
A lo largo de la mañana fui descubriendo a través de sus explicaciones quien era en realidad Martín y aquella señora que no entendía nada de lo que se hablaba. Martín era tío de mi abuela, que a los dieciocho años marcho a hacer la guerra de Cuba. Esto hizo que le observara todavía con más atención, escuchando absorbido su vida cargada de aventuras. A esta edad como a todos los niños, de los hombres, solo nos interesan sus aventuras y Martín a través de sus relatos era un hombre para pasar horas y horas escuchándole sin pestañear.
Recuerdo bien que en su relato, mencionó a mi bisabuelo Valentín, que era el abuelo de mi madre; pero con reserva y mucha ambigüedad. En ese momento mi abuelo Pablo cogiéndome de los hombros le dijo que mi padre estaba casado con una nieta de Valentín Cabrero. Esto hizo que la conversación tomara otro matiz y Martín al dirigirse a la señora en Ingles, pudimos comprender sin entenderlos que en su día algo grave sucedió entre estos dos personajes. Lo que hizo que mi inquietud fuera en un continuo aumento.
La señora que hasta más tarde no llegue a saber como se llamaba, por los pocos días que permaneció en Pecharromàn. Era incapaz de adaptarse al lugar y pasó todo el tiempo con gestos de reproche y en plena discusión con su marido. Al parecer esta mujer pertenecía a las clases acaudaladas de los Estados Unidos de América y la situación económica junto al atraso peculiar de nuestro país le hacia la instancia insoportable. Especialmente a lo que se refiere, al aseo y sus necesidades… Su marido intentaba calmarla sin ningún resultado, de ahí que fuera muy breve su instancia en estos lugares.
Como bien digo mi simpatía por Martín fue en aumento y su apego por mí fue reciproco. Así como la extranjera que no dejo de acariciarme cada día que pasaba y mismo sin entenderla, me prestaba una atención continua y que nunca supe por que. Ella, al observar el interés que yo les prestaba, le repetía a su marido que yo no era como los demás niños. Al marcharse me regalaron una preciosa caracola que al colocarla en el oído emitía el sonido de las olas del mar.
A mis abuelos, también les regalaron un precioso mueble que no era otro que un megáfono. La verdad es que el dichoso aparato, fue un verdadero acontecimiento. Con dicho megáfono Martín trajo una variada colección de discos en su mayoría tangos argentinos que él adoraba y hacia resonar de continuo por toda la casa. Martín y la extranjera se fueron y nos dejaron una sensación de misterio. No obstante, y días después de su precipitada salida olvido su diario en la mesilla que yo lo encontré y guarde sin que el resto de la familia lo supiera.
Pecharromàn de nuevo quedo en su rutina. Mi abuelo Pablo cansado del trabajo que depara la siega, apenas emitía palabra pese que tenia fama de buen humor. Sentado cabizbajo repiqueteaba sus dedos sobre la mesa canturreando con voz triste la canción tantas veces oída: «Pecharromàn la mesa sin pan - el cuchillo sin manguillo – toca la vieja los cascabelillos».
CAPÍTULO IV
Como era habitual todos los años, al mes y medio alguna de mis tías a lomas de un viejo asno me trasladaba a Calabazas de Fuentidueña. Pueblo de mis abuelos por parte de mi madre y que apenas estaba de Pecharromàn a ocho kilómetros en línea recta. Por esto se imponía la necesidad de subir del valle a la meseta, para después de la meseta al valle y del valle a la meseta de nuevo, al encontrarse Calabazas en el llano.
El primer y único pueblo que se atraviesa es la Villa de Fuentidueña, que vista desde lo alto de la meseta resulta verdaderamente hermosa. El río Duratón hace un valle de un verdor impresionante, dada la sequía de la planicie. Este pueblo que como se dice lleva el nombre de Villa, tiene las mismas peculiaridades que Sepúlveda, pero aun más impresionante dadas las murallas del castillo moro en ruinas; así como las tres iglesias y su semicatedral en lo alto del casco urbano. Esta Villa históricamente, también fue destruida por las continuas guerras civiles entre Carlistas e Isabelinos.
Al cruzar la Villa nos da la sensación de estar en una ciudad fantasma, debido a sus ruinas. La verdad es que a nuestro paso no encontramos persona y solo a lo lejos se veía gente en las eras. Si observamos detenidamente esta ciudad en ruinas nos damos cuenta lo que supone el paso del tiempo. El tiempo que indudablemente es lo que menos conocemos de todo lo que nos rodea y, sin embargo, nuestra dependencia del tiempo es total; puesto que él nos hace y nos deshace, imponiéndonos la experiencia angustiosa de la vida con la muerte en el horizonte. ¿Quién de nosotros no haría del tiempo un río para sentarse a su vera y observar su curso?. Sin embargo, todos sabemos que el tiempo real existe en nosotros, y que hoy no es más que el recuerdo de ayer y mañana será él sueño de hoy.
Calabazas, es un pueblo sin ningún atractivo, que no sea en lo alto una inmensa iglesia que debe divisarse a muchos kilómetros a la redonda. Los vecinos se enorgullecen de que fuera una fallida catedral. Por lo demás, Calabazas, pueblo donde yo nací, tendría por entonces unas cien familias y todas se conocían por el apodo. Aquí, las diferencias sociales no existían pero los había que se diferenciaban por sus casas o más bien por las fanegas de trigo que recogían así como por él numero de yuntas de animales para la labranza.
La carretera general cruza el pueblo por el centro y la primera casa era la del tío “Culomajo”, más al centro estaba la del “Marranero”. Sus fachadas de piedra tallada eran de las mejores del pueblo, al final de la carretera estaba la del “Habanero” donde vivía mi familia y se media en importancia con las ya nombradas.
Mis bisabuelos con más de ochenta años, estaban como siempre, sentados con sus respectivas cachabas en el poyo de la puerta y al abrigo del sol. Mientras el resto de la familia debía de estar en la labranza.
Taciturnos y poco sorprendidos mis bisabuelos levantaron la cabeza para recibir mi abrazo. Este año encontré muy torpe y envejecido a mi bisabuelo pues apenas me conoció y su memoria estaba muy deteriorada y esto fue lo que hizo no hablarle de Martín; a pesar de todo el interés que llevaba. A mi bisabuelo Valentín, al año siguiente ya no pude verle, los años acabaron con él. Mi bisabuela duró algo más y sigo recordándola con su andar torpe intentándose apoyar en las paredes mientras los chiquillos, esperábamos para reírnos, el momento en que de pie orinaba sin levantarse el vestido.
Mis bisabuelos creo que fueron los últimos de esa generación en ser enterrados en el cementerio local. Al degradarse día a día la situación económica, hizo que todas las familias emigraran a las ciudades o al extranjero obligando a los campesinos a mal vender y abandonar familias, enseres y casas. Es así como a los campesinos castellanos se les recompensaba de tanta guerra colonial y civil. « Tantos muertos tanta miseria y sacrificio».
Lo que no cabe la menor duda, es que los campesinos pagaron su ignorancia y su mentalidad de creerse propietarios de una tierra pobre y de unos valores culturales y religiosos que dominan la España tradicionalista desde hace muchos siglos. Nuestra guerra civil, y la derrota de las fuerzas progresistas, fortalecieron en el campesinado castellano las ideas integristas; pese a que en la realidad el tiempo les haría pagar esta torpeza. «Se puede decir que la religión y el sistema franquista eran todo uno». La iglesia era la que realmente controlaba el pueblo. La dictadura obligaba a ir a misa los domingos y a no trabajar. Las mujeres, para entrar en la Iglesia, tenían que llevar falda larga y medias. En los pueblos el cura tenia el poder de decisión. « Fueron tiempos difíciles provocados por la intolerancia de unos pocos que sometieron por la fuerza al resto del pueblo».
Las tradiciones erróneas de los campesinos, eran debidas a que más del ochenta por ciento eran analfabetos y este analfabetismo y la religión fue hasta la democracia la causa, por la que la mayoría de las familias fueran numerosas y con una media de más de ocho hijos. Por ejemplo: - mis abuelas tuvieron cada una más de doce. Hay que decir también, que en general en esta época la mayoría de las familias, perdían al nacer una parte importante de sus hijos. Debido a la miseria de la gran mayoría de las capas populares, las enfermedades hacían estragos. Una de las enfermedades incurables de la época era la tuberculosis. Para prevenir la enfermedad se aconsejaba hervir la leche de vaca; pero la verdad es que las formas de contagio más frecuentes eran las propias vacas enfermas, así como el hambre y el trabajo agotador.
Mi familia fue como tantas otras castigada por todo lo dicho, y a los dieciocho años mi tía murió y mi tío con su tuberculosis fue la causa de malvender las tierras al “cura local” y emigrar a los suburbios de Madrid. La familia de mi padre, también como tantas otras, engrosaron paulatinamente las chabolas de las grandes capitales.
Mis abuelos y tíos decidieron irse a trabajar a Madrid. « Mi abuelo según me contaron se hizo…de la falange para que le dieran un piso, y como no se lo dieron se borro y a los pocos años dio la entrada en una casa en Vallecas. Mi abuelo acostumbrado a la vida en el pueblo, no superaba su situación y vivió triste el resto de su vida.
El fin del estraperlo y dos millones de Españoles que se salieron a trabajar al extranjero, hizo que a partir del 1958, se fueran acabando los años de máxima tensión. Con este cambio, se mejoró sustancialmente la economía. Es verdad que paulatinamente, la mejora, fue notándose a causa de los emigrantes del exterior, al dejar los puestos de trabajo vacíos y repatriar xxxxxx para la compra de viviendas y otros productos.
En uno de mis últimos veranos pasado en casa de mis abuelos, aproveché el hecho de que mis tíos y abuelos se encontraban trabajando en el campo, para buscar con ahínco los documentos de mi bisabuelo relacionados con su época militar en Cuba, que por oídas, guardaba en algún rincón de la casa.
Por fin encontré los documentos en un baúl abandonado, y fue una gran alegría pues junto al diario de Martín pude introducirme en ese mundo, hoy ya olvidado y que creo merece la pena recordar una de las grandes tragedias de este mundo egoísta del “llamado ser humano”. El dicho popular habla por sí solo. «Más se perdió en la guerra de Cuba». Tragedia tan incompresible como inhumana.
Esta historia no tiene nada que envidiar a la tan horrible y escalofriante contienda de la Primera Guerra Mundial. Sobre todo la batalla de Verdun, en donde en esta pequeña ciudad francesa se desarrollaron las batallas más crueles cuerpo a cuerpo que jamas el hombre ha conocido. En este infierno cayeron miles y miles de jóvenes. Sus vidas fueron segadas por las ambiciones económicas de las clases poderosas sin el menor acto de conciencia. Como en Cuba, donde la mayoría de los jóvenes no volvieron nunca de los frentes y, el que volvió, fue enfermo o herido física y síquicamente.
Einstein decía: – Lo más incomprensible del mundo es precisamente que sea comprensible; humano….
CAPÍTULO V |
Última edición por pablogarcia el Sab Sep 08, 2007 3:24 pm, editado 4 veces |
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| pablogarcia |
Publicado: Mar Ago 07, 2007 2:48 pm |
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Gracias y se sigue
CAPÍTULO V
Martín fue soldado en la guerra de Cuba. La mayoría lo fueron a la fuerza, porque, aunque hicieran parte del campesino medio, no tenían el suficiente dinero par pagar las 2000 pesetas que valía librarse del servicio militar en Ultramar.
Corría la década de los años 90 del siglo pasado y Martín se hallaba feliz en estas tierras de Castilla que con anterioridad me detuve a explicarles. El mozo en cuestión apenas había cumplido los dieciocho años y ya su altura llamativa sobrepasaba el 1,87mtr. A la vez era fuerte, bien parecido y gracioso. “Martín como bien digo era feliz”, el entusiasmo de la juventud, y las ansias de vivir se manifestaban en él con extraordinaria fuerza y se enorgullecía al observar como al acercarse a las mozas el rubor llenaba sus mejillas y bajaban el rostro.
Su padre era molinero, y Martín con su carro o a lomas de un borrico recorría los pueblos acarreando los sacos de harina o trigo. Su carga y descarga hacia de Martín un hombre corpulento, fuera de lo común, para su edad. Como bien decía, la vida de Martín transcurría feliz, Soñadora y ajeno a la situación política que el país atravesaba. Hasta que una tarde cuando el sol se había ocultado sobre las colinas del valle ligeramente enrojecidas por el resplandor sangriento del cielo, le llega la triste noticia de que sus dos hermanos, que servían a la patria en las lejanas tierras de Filipinas habían muerto como héroes. Yo recuerdo estos mocetones vistos en la fotografía que mi abuela siguió guardando durante mucho tiempo en el comedor, sintiéndose orgullosa de sus familiares luciendo el uniforme militar.
El coste humano de esta guerra es difícil de calcular, y si es verdad que sus bajas no llegaron al 60 % como había augurado el escritor Blasco Ibañez, no cabe la menor duda que la cifra de las perdidas fue espeluznante y si el dolor de las familias fue grande. Más debió de ser para aquellas que no pudieron pagar 300 duros, para salvar a sus hijos de esta contienda.
Nuria Sales, investigadora y autora de Sobre, esclavos, reclutas y mercaderes de quintos. Decía que el sistema de reclutamiento, que suministró a la mayoría de más de medio millón de soldados enviados a las sucesivas guerras, de 1868 a 1898 (Cuba, Filipinas, África, etcétera) fue de la ‘quinta’.
Los que no han vivido en las aldeas no pueden concebir todo el terror que inspiraba la quinta. Poquísimos fueron los españoles que pudieron pagar las 1.500 o 2.000 pesetas que de 1.850 a 1912 costaban la redención en metálico. Para un campesino era imposible pagarlo a largo plazo. En 1895, una hectárea de tierra de pan llegaba a costar de 75 a 100 pesetas según el diario “El Norte de Castilla”, y los jornales del campo eran de peseta y media por día.
Martín Pecharromàn, con apenas 18 años fue llamado a quintas a los pocos días, de recibir la terrible noticia de la muerte de sus hermanos. Y las autoridades civiles y religiosas se limitaron a notificarle, que sus hermanos pasaban a ser: “Héroes caídos por Dios y por España”.
A Martín, por su actitud, no pareció importarle gran cosa su llamada a quintas. Posiblemente fue su juventud la que no le dejo pensar, o la idea aventurera que era nata en su persona; así como las historias fascinantes que Eustaquio, un vecino repatriado por heridas graves (amputación de una pierna), le contaba. Eustaquio hablaba horas y horas de aquel clima maravilloso, y de esos atardeceres entre guitarras, cantes y ron. Ese licor alcohólico que se obtiene del zumo de la caña, y que creaba visiones caprichosas y mágicas.
Contaba Eustaquio, que el sol se mantenía muy alto y lejos de la línea del mar y era comparable a una naranja gigantesca inmovilizada en el vacío. También hablaba de esos cocoteros inmensos que acompañados de arboles majestuosos y de flores de distintos colores formaban un tupido bosque que hacían de la noche un paraíso con perfumes que embriagaban la carne femenil. Martín no obstante siempre había soñado, con salir de su tierra, y recorrer nuevos países, fascisnandole especialmente Cuba, “la Perla del Caribe” como se la conocía en aquellos tiempos.
Al explicarle Eustaquio que tenia que “cruzar el charco”, esa inmensidad de agua que llaman Océano, Martín quedo sorprendido al no llegar a explicarse esta fabulosa grandeza. Después con varios vasos de vino en la bodega y con los ojos de un brillo especial, Eustaquio seguía contando que Cuba poseía unos paisajes de un verde lujuriante, frutas tropicales al alcance de la mano y mujeres de una esplendidez que muchos no se atrevían a detallar, si se encontraba la familia presente. La verdad es que Martín al escuchar a Eustaquio, no dio en ningún momento, ninguna importancia a la gravedad que representaban los acontecimientos.
Para Martín, su primer destino fue Madrid. Ese Madrid que para él y muchos del pueblo representaba el fin del mundo; hasta que lo llamaron para defender la madre patria en Cuba. En Madrid apenas pasó 15 días, el tiempo para vestir su uniforme del que se sentía orgulloso y satisfecho, al ver como era observado a su paso. De Madrid además de su gran metrópoli fueron sus altos edificios lo que más le llamo la atención, así como la elegancia de las mujeres, porque él estaba habituado a verlas en el pueblo con ropas de poca calidad. Martín en sus paseos pudo observar como estas mujeres, a su paso le miraban con ojos brillantes de especial malicia.
El transporte fue penoso hasta el puerto de Santander y no menos el trato y alojamiento en los barracones instalados para recibir tantos reclutas. La verdad es que el Gobierno, no tuvo el mínimo detalle con ellos. Cuenta que fueron hacinados como simples borregos y sin ningún tipo de higiene. Ante esta desagradable situación, Martín se puso contento, al saber que Antonio, un compañero del pueblo le toco en caballería y en el mismo regimiento que a él. Martín sigue diciendo, que la amistad fue sincera por ambas partes compartiendo alegrías y sufrimientos a lo largo de los años que les toco vivir esta continua odisea. Siendo inseparables hasta la muerte de Antonio, acaecida absurdamente en el Estado de Veracruz (Méjico).
Por fin, días después de su llegada a Santander, su regimiento fue embarcado en el Transatlántico “Alfonso XIII”, rumbo al Caribe y hasta allá los quintos viajarían hacinados. Pocas veces sé ha recordado el horror y las mezquindades de este transporte de tropas. Por tanto, ciertos historiadores cuentan que estos transportes de tropas a Cuba, Puerto Rico y Filipinas fueron sin duda una gran sangría humana difícil de explicar. Para esto, ciertos banqueros sin escrúpulos, crearon y monopolizaron la Compañía Transatlántica, sociedad Marítima-Mercantil, fundada en Barcelona, la cual acabó monopolizando el masivo transporte de tropas a los distintos conflictos coloniales, enriqueciéndose con la miseria humana.
Después del 24 de febrero de 1895, la Trasatlántica sabia lo que tenia que hacer. Llevar a toda prisa soldados hacia Cuba, y hallarse lista para repatriar enfermos y lisiados. Solo en cuatro días zarparon rebosantes seis de los barcos de la línea antillana desde Cádiz, Barcelona y Santander.
CAPÍTULO VI
Hacinados en cubierta y al ser la mayoría de tierradentro, los quintos fueron incapaces de resistir el mareo. Convirtiendo la cubierta una placa resbaladiza de continuos vómitos y olores insoportables.. No obstante para Martín el espectáculo del mar fue sorprendente, y aunque soplaba un viento fuerte que levantaba polvo liquido de las crestas de las olas, y la humedad le calaba hasta los huesos, no impedía que Martín mirase sorprendido tan fabuloso, espectáculo que se producía cuando una ola más impetuosa que otra, chocaba contra el muro férreo del buque por su parte de proa. Para después todas ellas, al avanzar hacia el buque en línea interminable, llevaban sobre su filo un abanico de humo blanco que el viento estiraba hacia atrás mientras la luz del sol descomponía ese polvo acuático y matizando su blancura creaba los colores del arco iris.
Días después, el mar se hallaba menos agitado, el agua más azul, el sol más radiante y por la temperatura creciente se sospechaba que se acercaban al Trópico. Fue poco antes del anochecer, cuando observaron este espléndido mar azul enrojecido por el sol poniente. Y menciona en su diario, que ante tan extraordinario espectáculo, pasaron la noche sin dormir.
Al aumentar la luz del alba, divisaron la boca de un puerto, mientras que el barco se deslizaba lento, dominado por un viejo castillo que se encontraba en la cumbre de una colina, junto a su entrada. Este castillo se llama El Morro y el puerto: - La Habana.
Por fin Cuba, la isla mágica donde todos volvían de ella cargados de onzas de oro y presumiendo que tenían negros que trabajaban para ellos. O como bien decía Eustaquio, negritas o mulatas que él semidesnudos había visto graciosas danzar en las funciones de teatro.
A Martín, le costo tiempo comprender que la entrada en este paraíso era muy estrecha y que le aguardaban monstruos terribles, siendo él más dañino el llamado vómito negro. Con el tiempo comprendería que la muerte rondaba por esta isla lejana, hermosa y mortífera. Personas conocidas o amigos, sucumbieron a causa de estas enfermedades desconocidas en España.
Martín, sigue contando que en la Habana fue hacinado en una explanada entre las murallas de la fortaleza de El Morro. Al día siguiente les formaron en secciones y su suerte fue ser destinados a Caballería. Ese mismo día se les entregó el uniforme con ropa apropiada para el trópico y pasaron varias semanas sin que les dejaran visitar la capital.
Por fin llego ese día tan esperado. Antonio y Martín inseparables, bajaron a la Habana de punta en blanco y rápido pudieron comprender lo bien que se podía a esta ciudad llamarla “La Habana - Alegre”. La Habana es una ciudad que sonríe al que llega. La alegría de la Habana, más que en sus paseos, en sus edificios y en el movimiento animado de sus calles hay que buscarla en el carácter de las gentes. En la belleza de sus mujeres; las hay blancas, intensamente pálidas, negras con sus cuerpos respingones, mulatas con enormes ojos de ensueño y de color cobrizo.
La alegría no duró mucho, a los pocos días el cuerpo del ejército salió de la alegre Habana para enfrentarse con la guerra. Una guerra donde el mayor obstáculo seria el poder destructivo de lo que Máximo Gómez, destacado dirigente rebelde, llamó los invencibles generales junio, julio y agosto - es decir: Calor tropical, lluvia, fango, mosquitos, (que allí llaman “zancudos”) fiebre amarilla, paludismo, disentería y gangrena. Todo ello en un nuevo tipo de guerra, llamada: - las guerrillas.
Su regimiento fue acantonado cerca de la ciudad de Cienfuegos, más preciso en un valle cerca de Santa Clara. Martín recuerda que el trayecto fue penoso, dado que los mosquitos les devoraban caminando a un ritmo agotador, entre charcos y maleza que dificultaba el avance y mermaba la tropa con la aparición de todo tipo de enfermedades y sin que los rebeldes tuvieran que intervenir.
A la llegada a Santa Clara, su misión era la de proteger los principales ingenios azucareros de la región. La gran masa de soldados fue concentrada en la región de Cienfuegos donde se estableció el cuartel general. Esta misión la califico el general Arsenio Martínez Campos, de “guerra y paz” y dio en cierto tiempo sus frutos. Por todo esto, durante un buen tiempo los soldados del ejercito se convirtieron en simples obreros del azúcar.
Martín subraya en su diario, que para él y su amigo, pronto cambiaron las cosas. Todo ocurrió al azar, un día que paseaban por la Ciudad de Cienfuegos, y al saludar un oficial se percataron los tres que se conocían. El oficial era ni más ni menos que su paisano de Calabazas, Valentín Cabrero. La alegría fue reciproca y después de los abrazos fueron a sentarse en una taberna cercana.
Valentín les explica que se halla destinado en el cuartel general y que se ocupa del secretariado del General Martínez Campos. Al conocer la situación de sus compatriotas, Valentín les dio la alegría de que se ocuparía de ellos lo más rápido posible y fue verdad pues al poco tiempo se les ordeno presentarse en el cuartel general.
Cual fue su alegría al saber que se les destinaba, ni más ni menos, que al servicio del general, en su propia residencia. Antonio fue destinado de machaca para los servicios de la señora y Martín a la escolta personal del general Martínez Campos. Esto les permitía dormir en un edificio de la residencia, donde se hospedaba la servidumbre y, a la vez, compartir la buena comida.
En su nuevo uniforme, al principio se sentía incomodo pero rápidamente terminó por habituarse y sentirse distinguido. El tiempo transcurría entre las visitas a los regimientos y las fiestas que ofrecían los distintos terratenientes del café, de la caña y del tabaco. Martín cuenta que su vida era de un usual continuo, hasta que un día por primera vez encontró la mujer que cambiaría su vida. Meses después por ella, y si no es de nuevo por la ayuda de Valentín, Martín hubiese terminado bajo un pelotón de ejecución. Esta comprometida situación nunca se la perdono Valentín y rompió para siempre su amistad.
Todo empezó un domingo por la mañana, cuando Antonio lo llamó temprano para desayunar en las cocinas del gobernador, para luego irse a pescar y pasar el día en la playa. Cuenta Martín, al entrar en las cocinas, encontró por primera vez la mujer de su vida y al ver a la bella mulata, dice que quedó petrificado delante del rostro moreno tirando a chocolate, su pelo largo y ondulado y la boca recogida como un capullo de rosa. Martín subraya que la siguió contemplando de cerca largo rato, mientras ella saboreaba una taza de café. Al fin, acabó por sentarse en una banqueta de frente y con los ojos fijos en ella.
Era una mujer de mediana estatura, graciosa por su sonrisa especial y sin mas carnes que las precisas para cubrir las redondeces de su cuerpo ágil y esbelto. Al mirarla lo que más le encanto fue sus ojos de fuego, grandes y maliciosos en su fija mirada. Martín permaneció mudo y sin ningún gesto ni exclamación. No osaba moverse ni hablar, como si temiera ver desvanecida esta aparición de ensueño. Ella, del mismo modo estaba asombrada por esos ojos que la miraban de otro modo que hasta ahora había sentido.
Al no estar habituada a estos momentos vergonzosos, la muchacha tardó en reponerse de su timidez, pero al fin, miro en torno de ella con una sonrisa como deseando terminar cuanto antes la embarazada situación. Antonio queda a la vez como absorbido en un silencio largo, pero hizo las presentaciones después de comprender que la mulata había conseguido hechizar a su amigo. Martín apenas logro hablar, su voz era ronca, trabajosa, cuando pudo conseguir dar su nombre. La muchacha, a la vez se presento con el nombre de “Linda”. Ella, de nuevo pregunta por su nombre, y sonriente dijo que tal vez otro día podría pasar más tiempo con ellos y se fue seguida de la sonrisa de los dos que demuestra el hechizo y la magia que puede existir entre seres de sexo opuesto.
Martín cuenta que quedo como hechizado, al ver como al alejarse la mulata, lanzaba sendas sonrisas dejando al descubierto su dentadura juvenil. A la vez que al saberse observada por la mirada atónita del joven, pronunciaba con elegancia los movimientos de sus caderas y falda; con ese placer femenil que les da su coquetería. Martín la siguió con la mirada, mientras ella se alejaba por los senderos y bajo los vetustos árboles y palmeras de aquel jardín abandonado, que a la vez era huerta y terreno baldío de la parte posterior del edificio central y que esa mañana le pareció el lugar más hermoso de la tierra.
Martín sigue contando que el general Martínez Campos que fue enviado a Cuba aprovechando su doble condición de gran militar y político y por eso multiplicaba sus contactos con todas las personas interesadas en el conflicto. Esta situación condiciona lo mismo a Valentín que a Martín, al tener que estar en un continuo desplazamiento y esto hizo crecer su amistad pese a la diferencia de grado en el ejercito.
El general Martínez Campos seguía temiendo la ayuda norteamericana a los insurrectos y la amenaza de una intervención por su parte. Ante esta situación España debe moderar su política, pues hay que tener en cuenta, y añadir a la vez, la incorporación masiva de negros y mulatos al ejercito rebelde. Por todo esto Martínez Campos aplica la estrategia política de ganarse a la población de color, que sostiene y se intensifica en los años venideros, y a pesar de no haber abolido aún la esclavitud en su totalidad, Martínez Campos elimina el reglamento. - (Que establece la Ley racial).
La profesora de Sociología, Teresita Pedraza, nos da una imagen de la época del negro, libre o esclavo. La trata de Africanos, exportó esclavos para su explotación en plantaciones y minas, fue también fuente de abastecimiento de soldados para el ejército español y después para el rebelde. En la sociedad esclavista, el perjuicio y la discriminación fueron instrumentos de la ideología racista que legitimó el sistema de castas. No obstante la derrota de Santo Domingo, el desenlace de la guerra de Secesión Norteamericana, la abolición de la esclavitud a través de las Antillas; hizo que se promulgara la ley Monret, que confería la libertad a los esclavos nacidos a partir del 17 de septiembre de 1868 y aquéllos menores de 11 años o mayores de 60. El grupo independentista adopto a la vez, posturas destinadas a captar la población negra y el Partido Revolucionario Cubano liderado por José Martí alcanza una salida de integración racial particularmente en su alto mando. Llamando a participar en la lucha a las más altas figuras de color, tanto civiles como militares.
La guerra del 95 se inicio cuando Juan Gualberto Gómez llevo a la Habana la orden dada por Martí de comenzar la contienda. Es verdad que la resistencia criolla careció inicialmente de experiencia militar; pero encontraron oficiales norteamericanos de los cuales el más nombrado fue Thoms Jordán. La guerra de Secesión norteamericana, dio también otros excelentes jefes; como fue Henry, un norteamericano que dejó paginas de leyenda y parecía sacado de un increíble western. Los hermanos Adolfo y Federico Cabada también procedían de los ejércitos del norte anti-esclavistas. En el transcurso de la lucha, los rebeldes contaron, con altos jefes y oficiales negros y mulatos. En especial hay que destacar las figuras de Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y su hermano José Maceo. Como veremos a lo largo de esta historia, estos personajes serán determinantes.
Mientras tanto, los tres amigos solían pasar juntos todo el tiempo libre de sus obligaciones. Antonio aprovechaba la ausencia de Valentín para atosigar a Martín, incitándole a desertar. Su amigo, le hablaba una y otra vez de la eventualidad. De ganar dinero rápido en otros países; como tantos otros estaban haciendo en las llamadas Américas. A los continuos reproches de su amigo, Martín no llegaba a reflexionar, pues la mulata había entrado en su corazón profundamente y era incapaz de pensar en otras cosas.
Martín contabilizaba las horas del día, pues esa misma tarde tenia cita con la mulata. Martín recuerda que esa tarde el cielo estaba encapotado y no impidió a ninguno de los dos desplazar la cita, que cada vez serian más continuas. La luz, gris, por su cielo cubierto de negros nubarrones hacia la tarde de un calor húmedo y pegajoso. Linda y el Martín marchaban a paso lento por el atajo que conducía al extremo más avanzado de la isla. Habían dejado atrás la zona habitada y caminaban entre una espesa maleza de arbustos con una variedad sorprendente de flores de distintos colores y que a la vez despedían fuertes olores sin tener nada que envidiar a los más caros perfumes. El cielo cubierto no ocultaba la costa de un mar sin limites, y frente a los enamorados se extendían las aguas claras de una pequeña bahía de belleza salvaje. En verdad este lugar no podía envidiar al propio paraíso.
Martín, apenas se daba cuenta de lo que le rodeaba, caminaba sumido en ese egoísmo amoroso, que centra la vida entera en la mirada o en el contacto de las ropas que se encuentran y se rozan. De toda la naturaleza, solo existía para ellos la luz apagada de la tarde que permitía verse, a la vez que los cocoteros con sus palmas susurraban y parecían servir de música al acompañamiento de sus palabras. Martín sigue recordando como se contemplaban con ojos acariciadores, y como Linda acercando su boca a la suya, susurraba: – Yo tengo confianza en nuestra suerte, esta guerra se acabará y no volverás a tu tierra. Nos casaremos y recorreremos el mundo en continuas aventuras. ¡Español!. No olvides nunca que desde el día que té conocí, comprendí que habíamos nacido el uno para el otro.
Para la pareja, lo cierto fue que esta felicidad duró varios meses. Y cuenta que continuaron entrelazados y queriéndose cada día más. Hasta que un día que Martín esperaba en el acantilado, se le hizo eterno el tiempo, contemplando el camino que conducía a su linda mulata. Cual fue su sorpresa cuando vio aparecer a Antonio que le sorprendió con la mala noticia de que Linda se encontraba detenida y acusada de espionaje.
CAPÍTULO VII
Bajo un negro parasol de ramajes enroscados y viendo como Antonio se alejaba. Quedó Martín pensativo. La noticia que su amigo le había dado, le dejo aturdido, entristecido, atónito y las imágenes de Linda acudían a su mente a borbotones sin poder reflexionar un instante e incapaz de moverse. Después Martín siguió entristecido y cabizbajo un instante, hasta que por fin se incorporo para desahogar su rabia y tendiendo su puño hacia el camino por donde vio alejarse Antonio comenzó a soltar insultos con palabrotas que salían sin sentido de su boca.
Desesperado Martín buscó a Valentín por todas partes, hasta encontrarlo en el lujoso despacho de la Capitanía General. Valentín inclina su cabeza al ver aparecer a su amigo, pues comprende al instante su pesar que él también comparte. Sin esperar lo pone al corriente de lo sucedido a Linda y como temía Martín lo que su amigo le contó era exacto de la versión que le estaba contando Valentín. Valentín sin esperar a que Martín le pidiera ver a la mulata, le ofreció esta posibilidad, a lo que Martín agradeció pese a los reproches continuos de Valentín de no inmiscuirse en el proceso en curso contra la cubana. Por Antonio y como prometió Valentín él fue informado de la hora y del día de su visita con Linda.
A la entrada del barracón que servia de prisión, Martín cuenta que lo primero que hizo fue recorrer sus ojos por el interior de aquel cobertizo hasta que en la penumbra vio a la muchacha y sé entristeció al ver en la mísera condiciona en que se hallaba.
Martín se sentó al lado de ella, que parecía no verle, no obstante hundió la cabeza y fijo los ojos en sus rodillas. Después todo quedo en silencio para que en el ambiente sosegado resonasen las leves palabras de Martín, que creaba con su voz un susurro acariciador al oído de la muchacha.
Allí la tenia para convencerla de que era un error lo que había ocurrido, pero Linda, adivinando su intención comenzó a hablar fuerte y justificando su actitud al decirle: -«Martín estamos en guerra y debo luchar con el fin de que ésta sea la ultima. – Español tu no eres culpable, sino quien te trajo a este infierno que nos amenaza, para someternos y esclavizarnos».
Después la mulata permaneció silenciosa, descoloridos sus labios, pálidas sus mejillas, pese a su color chocolate habitual que hacia de Linda la mulata más bonita que jamas se haya visto. De nuevo todo volvió al silencio y fue cuando Martín observo como ella movía los párpados para esconder la humedad de sus lagrimas. Iba a llorar, pero se resistió para justificar sus actos. - ¡Sí creías que ella tenia miedo, se equivocaba; pues sus ideas eran claras y volvió a repetir: - Martín a ti los que volvieron no te dieron grandes detalles de esta lamentable guerra, pero te aconsejo Español por tu bien que tengas mucho cuidado. - Yo te quiero y tu no conoces a los de la isla.
El resto de la entrevista lo paso la mulata nerviosa y sin dejar de abrazarlo. Martín mientras tanto era incapaz de mirarla a los ojos, pero la suplicaba con la esperanza de que pudiera arrepentirse y de nuevo le volvió a preguntar en el momento que ella estaba más cerca de su boca si tenia miedo. Linda al percibir su aliento ardoroso, movió lentamente la cabeza y con voz apagada dijo: –¡Vete!.– ¡Si, tengo miedo!. Y sus ojos se movieron con rapidez para mirar a todos aquellos jóvenes negros y mulatos de gesto trágico, que parecían quemarlos a los dos con sus ojos de brasa; pensando sin la menor duda que la muchacha no tuviera el valor y pudiera rendirse al español.
La voz de Martín, volvió con un susurro a acariciar las orejas de la mulata. Momento que la muchacha aprovecha para pedirle que se acercaran a un rincón del local con el fin de darle con disimulo dos sobres cerrados para entregarlos en mano propia y en su día y en caso de que fuese fusilada. Una a Jesús Trillo, conocido por “Botero” y que Martín recordaba como el negro corpulento de unos 55 años que se ocupaba de las caballerías y que su amigo Antonio frecuentaba y la segunda carta le pidió que le dijera a Botero que él se la entregara en mano al propio José Martí que según ella conocía personalmente. Apesadumbrado y cabizbajo, después Martín, con los ojos humedecidos abrazó por última vez a la muchacha y viendo la inquietud de aquellos ojos tristes y apesadumbrados. Resignado abandono el mal oliente barracón que servia de prisión.
Dos veces había visitado la pequeña bahía donde paseaba con Linda y aunque el cielo era de un azul intenso, a Martín le pareció todo vacío y de una voluptuosidad amarga. Luego, haciendo un esfuerzo concentro su atención en Valentín y penso que era solo él que podía dar solución a su situación desesperada. Pero de nuevo reflexiono, para decirse: – ¿Te has olvidado de quien eres?. – ¡Enamorado – Enamorado sí!. – ¿Pero es indispensable el amor para traicionar a tu patria?. Pero a la vez Martín, en sí mismo se preguntaba: – Recuerda que fuiste alistado por no tener 2000 pesetas y aun que tu deber es la defensa de la Patria, no debes olvidar tampoco que tu obligación es morir sí es necesario…¡Por Dios, por la Patria y Rey!. Y... especialmente en la defensa de los intereses económicos. De los grandes terratenientes. -¡Ten cuidado! Se dijo muchas veces. –¿Vas a cometer una locura? Se preguntaba una y cien veces; pero después de una última reflexión Martín decidió de nuevo ver a Valentín.
A la mañana siguiente encontró Valentín sentado y pensativo en los jardines de Capitanía. Después de saludarle le dijo: – hablemos como buenos amigos y conocedores de la vida. –Amo a Linda y eres tú el único que puede solucionar este asunto. Los ojos profundos del capitán se fijaron maliciosos en Martín y sin permitirse mentir dijo: –Yo también estoy enamorado de la mulata, antes que tú la conocieras y me duele que se sirviera de mí y de ti para sus asuntos. – No obstante yo sé que es a ti a quien quiere y el día de tu visita sufrí el desengaño mayor de mi vida. ¡Bueno, callemos! Pero que conste que por última vez pienso que debo hacer algo por ti y especialmente por ella. – ¡Llévatela! . ¡Llévatela!– Aléjala de aquí y cuídala. – ¡Marcha muy lejos!. – Muy lejos donde yo jamás os vea. – Lo pensare y te daré una respuesta por mediación de Antonio. Los dos guardaron silencio y siguieron paseando por los senderos del jardín. En la esquina del gran edificio de capitanía se separaron con frío saludo, sin darse la mano.
Valentín, sé encerró en su despacho con el fin de reflexionar a la manera de llevar acabo, sin el mínimo riesgo, la huida de sus amigos. Es verdad que le atormentaban incesantemente los celos, amargando su pensamiento, devorando su vida; unos celos incansables. – ¡Era muy hermosa! – ¡Muy bonita para no quererla!. –Pero no era suya; quería a Martín, ese (destroza-terrones), que se cruzo un día en su camino y que le hizo su amigo. Valentín siguió quejándose de su suerte. – ¡La quiero!. – ¡La quiero!. – ¡Si yo lo hubiese sabido!... –¿Cómo iba a figurarme que trabajaba para el enemigo?... –¿Cómo pude enamorarme?. Valentín respiraba fuertemente para seguir después inmóvil sentado en su sillón con los codos apoyados y las manos sujetando su cabeza. Pero su desesperación le hizo levantarla de nuevo, y al observar con sus ojos tristes el espacioso y lujoso despacho sus ojos chocaron con el retrato de Arsenio Martínez Campos, su maestro en el arte militar, su paisano que tanta confianza le dio y que ahora iba a traicionar. Y al observar de nuevo su retrato, sintió el vago temor que procede a una operación peligrosa y desconocida. Le turbaba además, los ojos ardientes de aquel gran hombre fijos en él. No obstante la decisión estaba tomada.
No obstante Valentín recuerda que años atrás, ganó la total confianza de Martínez Campos y recuerda que él conoció al general en 1881 cuando formo parte como ministro de la Guerra con el presidente Liberal Pràxedes Mateo Sagasta que duró hasta el 13 de octubre de 1883. Martínez Campos a finales de 1893, regresa al norte de África y pacificó la zona de Melilla. En Madrid, Valentín ya trabajaba en su gabinete, y su paisano, como él le llamaba, le pidió trabajar como secretario en la campaña del norte de África. En marzo de 1895, Martínez Campos fue de nuevo enviado a Cuba para tratar de dar fin a la que seria fase definitiva de la lucha independentista contra la presencia española, pero sus intentos pacificadores acabaron por provocar su destitución al año siguiente por el general Valeriano Weyler, y tras regresar a España, falleció en Zarauz(Guipúzcoa) en 1900.
Martínez Campos no logró restablecer el orden, pese a contar con más de 20.000 hombres. Pues Antonio Maceo consiguió sacar de la región de Santa Clara al grueso de las fuerzas del general, dominando la provincia oriental e invadiendo Camagüey y a la inesperada muerte en el campo de batalla de José Martí, Maceo dirigió las operaciones de Pinar del Río. A fines de 1895 entró en la Habana y obligó a Martínez Campos a retirarse. Por todo esto, la suerte de Valentín, fue adversa, y en 1897 regresó a España con el general y con la sensación amarga de la derrota. A partir de aquí y tras el retiro obligado de Martínez Campos, no le fue bien pese a que el General no le retiro jamás su confianza y habló con su amigo Sagasta para que ocupase puestos de diferente responsabilidad en el ministerio de la Guerra. Mientras, Mateos Sagasta ocupó por seis veces la presidencia del Consejo de Ministros. Todo marchó bien para él continuando en la función que estaba. Hasta que Canovas, el 8 de agosto de 1897 cayó asesinado en el balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa), por el anarquista Italiano Michele Angiolillo.
Tras la intolerancia y los continuos desastres de las últimas colonias del gobierno español, la lucha de clases toma cuerpo en la mayoría de los intelectuales. Miguel de Unamuno escribía a su amigo Mùgica desde Salamanca en fecha temprana como el 9 de junio de 1895: –Aquí hacen estragos las imbecilidades de Cuba”…, – ¡Ojalá la perdiéramos!. – Seria mejor para nosotros y para ellos. Y unos meses mas tarde en octubre volvió sobre el tema: –Lo de Cuba es sencillamente imbécil. –Me alegraría que tuviéramos algo con Estados Unidos a ver si nos quitaban esas dichosas Antillas que solo sirven para dañarnos. –¡Somos incorregibles!.
La moral de la derrota fue la causa de todos los síntomas de todos los males del “cuerpo nacional”. Para las elites políticas civiles, la guerra constituía un mal menor; lo que se quería evitar prioritariamente no era una derrota frente a los “Yanquis”, sino una autentica revolución en España, cuyo triunfo podía significar el fin de la dinastía reinante y aunque el ejército mantuvo sus competencias los enfrentamientos entre militares y civiles eran continuos. Los motines fueron diarios contra la prensa republicana que pedía una disminución del excesivo numero permanente de oficiales y jefes. Situación agravada por la definitiva repatriación de los militares que residían hasta entonces en Cuba y Filipinas.
Ante esta insostenible situación, el ejército español no puede seguir dando empleo activo a la mayoría de los oficiales y mucho menos los haberes adecuados a todos. Esto produjo una calamitosa situación entre un tercio de los 24.000 oficiales que componían la plantilla al completo, por cuanto carecían de un salario adecuado a sus expectativas de trabajo y promoción. Al no poderse adaptar a la nueva situación que se creaba en él ejército Valentín, regreso a su pueblo para dedicarse a su labranza y a la vez ocupar un puesto en el ayuntamiento. Valentín se casó y creo una familia numerosa, pero jamás olvido esa tierra de ensueño. Pues en sus documentos que yo descubrí en su baúl no sólo había pergaminos de títulos y medallas, sino también con su diario encontré un grueso paquete de cartas sujetas con una cinta roja, posiblemente dedicadas a su inolvidable mulata. Las cartas redactadas tenían fechas diferentes, que iban de un año al otro, sin prisas y bien redactadas. Las cartas, todas tenían remite pero carecían de dirección.
CAPÍTULO VIII
A la mañana siguiente de tener la discusión con Valentín y apenas salido el sol. Antonio busco a Martín por todas partes y al fin lo encontró en su aposento pensativo y cabizbajo. Martín al observarle, vio que Antonio al entrar en el aposento revelaba en su gesto la excelente noticia de la que era portador. Que no era otra que la decisión de Martín de aceptar la fuga. Martín acogió con gesto de incredulidad la noticia, mientras sé dirigió hacia la puerta con lenta precaución como si un enemigo lo escuchase detrás, y al abrir oculto el cuerpo con el fin de poder observar la posible llegada de otros soldados y moviendo la cabeza con fuerte desaliento dijo: –¡Si, es lo más fácil! Era una salida fácil a simple vista, cuyo secreto había que guardar. Antonio reía como el que encuentra la solución más irónica, a lo que Martín se sintió poco a poco contagiado por la simple alegría de su amigo y para demostrar mejor su serenidad saco del bolsillo las cartas que Linda le había entregado para Jesús Trillo. Al enseñar las cartas, Antonio le contó que el negro no vivía más que por ella y tenia la orden de velar por la mulata. Antonio insistió en la necesidad de contar con Botero para escapar, dado que este conocía la región como su mano y Martín accedió a este deseo. Antonio, fue el encargado de poner en marcha la operación, aplicando las instrucciones de Valentín; que dado el poder que le daba su situación, planificó todo sin dejar ningún detalle al azar. Pero puso como intermediario a Antonio y no quiso de nuevo ver a Martín.
Por fin llego el día de tan esperada aventura. Seria de noche cuando la guardia se alejara del barracón para recoger el rancho habitual y en ese preciso momento. Valentín trataría de distraerlos lo suficiente para poder liberar la mulata y el resto de los prisioneros y así hacer creer una fuga colectiva. La tarde era serena, el cielo nebuloso y de un bochorno insoportable y esto hacia más oscura la noche. Según se acercaba la hora anhelada, la tensión nerviosa iba en aumento y mientras tanto la lluvia seguía cayendo en forma de gruesas gotas. A unos cien metros, entre unas palmeras, vio Martín acercarse a un negro corpulento acompañado de Antonio. Los dos se aproximaban lentamente con cierto sigilo, convencidos sin duda de haber sido advertidos de lejos y llegar tarde a la cita dado los nervios de Martín.
Jesús Trillo permaneció vigilante y aparte, mientras los dos amigos trataban los pormenores, Antonio entregaba un machete de recia hoja y un revolver que Martín guardó entre la camisa y su cintura. Después observó los ojos profundos y recios brazos de Botero y penso con ironía que su color podría rendirle gran servicio en la oscuridad de la noche. A continuación Botero estrechó la mano del español con simpatía, mientras que con mirada firme ofreció su ayuda incondicional.
Al cerrar la noche, Martín sonrío al escuchar el cambio de guardia y ver que todo transcurría como esperaba. Desde la oscuridad de los arbustos podía verse toda la extensión del campamento triangular con sus barracones al fondo. Martín con los ojos muy abiertos y el corazón latiendo fuertemente, vio como Valentín se acercaba con paso firme hacia las barracas después de haber surgido de las altas palmeras que sombreaban el patio entre los barracones. Al poco tiempo, Valentín salió acompañado por los guardianes y se dirigió al barracón central, momento en el que ellos abandonaron la obscuridad para dirigirse con andar rápido al barracón indicado. Antonio sacó un puñado de llaves del bolsillo y abrió con facilidad la puerta que servia de cuerpo de guardia, de allí se dirigió a una segunda puerta que daba al recinto donde se agrupaban los prisioneros.
Un negro de baja estatura les comunica rápidamente el calabozo donde se encontraba la mulata. Al entrar Martín la encontró acurrucada en un rincón. El rostro de Linda, se alumbro con el reflejo del candil y su expresión placentera de mujer sorprendida, dejaba ver unos ojos grises de un brillo maravilloso, donde se podía adivinar una expresión de admiración y de temor. Al acercarse a Martín le puso los dedos en los labios para imponer silencio cuando Martín intentaba hablar, al tiempo que él le puso una de sus manos en la cintura y se la llevo a la boca acariciándola con un beso prolongado. A su termino la muchacha volvió la cabeza para que Martín no viera sus ojos llenos de lagrimas producidas por su feliz alegría, en el momento que Antonio daba la orden de salir precipitadamente del recinto sin perder tiempo. La tormenta parecía fijarse y la luz de los relámpagos mostraba las siluetas de los evadidos con la rapidez del rayo. Martín de repente sintió lástima por aquellos negros, a la vez que se alegraba de verlos libres.
Los evadidos eran todos jóvenes y corrían aprovechando la oscuridad de la noche bajo una fuerte lluvia que no interrumpió su frenética huida. No obstante nadie penso en el miedo, pues todos, antes o después estaban expuestos a dejar la vida en esa estúpida guerra. En la huida precipitada la mulata miraba con insistencia para atrás, pese que estaba convencida que la tormenta ayudaba su huida. El grupo se tranquilizó cuando después de varias horas de marcha, penetro en un boscaje profundo y esto permitió darse la buena suerte unos a otros. Después ya con más tiempo, se daban los nombres; a la vez que a los españoles les abrazaban llamándoles “gachupín” y otros “chapoteen” o gallegos, nombres con que los nativos de la isla denominaban a los españoles con simpatía, pues para los rebeldes, los soldados españoles no eran responsables de la situación. Nervioso, Martín mira al grupo detenidamente como si quisiese contarlos. -¿Cuántos sois?… Eran muchos más de los que él creía, posiblemente unos 30 y ante la duda, la mulata les hablo para que rápidamente se agruparan en semicírculo frente a ella. Al terminar de contarlos, descolgaron los fusiles que habían conseguido recuperar en el cuerpo de guardia, con el fin de descansar de la precipitada marcha. Después, uno a uno, se acercaron para ofrecerla su ayuda incondicional y pese a que Martín les pidió que continuaran emboscados y a corta distancia unos de otros, Botero no tardó en insistir en seguir la marcha para aprovechar la obscuridad de la noche y alejarse.
Para Botero que conocía el terreno la marcha seria larga y penosa, al tener que evitar los caminos frecuentados y así no ser vistos por la gente que trabajan en las plantaciones. Al día siguiente aprovecharon un reposo merecido y el grupo por amplia mayoría decide, dirigirse hacia la parte occidental de la isla, donde se esperaba un desembarco encabezado por el propio José Martí y Máximo Gómez. Al fin se decide por unanimidad, marchar hacia la Sierra de Escombray en la provincia de las Villas, donde Máximo Gómez sé adentraba para llamar la atención de Martínez Campos; mientras Maceo aprovechaba la oportunidad para salir de Baraguà, donde se encontraba cercado por un fuerte contingente del ejército español.
Apenas se ocultaba el sol, la brisa refrescaba los bosques y el calor era más soportable, los fugitivos que parecían dormidos en la pesadez que determinaba la marcha continua, no tardaron en entrar en la maleza, donde ya podían de nuevo moverse con seguridad. Después la cosa no fue mejor, pues era difícil acabar con el sufrimiento continuo de estos dos enemigos, que eran; por un lado el ejército que les perseguía y por otro los insectos que les devoraban y su única defensa era golpearse continuamente con ramajes que herían el cuerpo y las extremidades.
En su marcha los fugitivos observan en el horizonte montañas bajas esfumadas que parecen neblinas. Estas bajas montañas cruzan la isla como una espina dorsal. En las paradas obligadas del día, se busca siempre el espesor del bosque, y es cuando pueden observarse con atención los unos a los otros. Estos cubanos en su mayoría son negros, pero hay también una docena de mulatos. Estas gentes de color, pese a una existencia dura, son en general simpáticas y de trato llano, propensas a la risa y necesitan poco para alegrarse sin grandes complicaciones.
En su distracción, Martín no vio como Matías un negro de estatura media, disfrazado con grandes hojas; se dirigió a ellos, y sin llegar a comprender su carácter preocupado y serio, le dijo: -“Gachupín”. –¿ No se ríe usted un poco? Martín quedó sorprendido al ver que Matías bailaba con fuertes ademanes, lo que hizo que el resto del grupo se moviese a la vez con cantes y bailes de difícil gimnasia, ostentosa y original. Poco después, Martín cambia de nuevo su carácter, para volver a sus recuerdos: su tierra, su familia, sus costumbres tan diferentes a las de aquí.
Esa tierra pobre pedregosa o de color negruzco, a donde solo el tronco del almendro o el olmo vive en ese seco terreno de parajes inhóspitos. Que diferencia de este paisaje eternamente verde, en esta isla hermosa de colorido siempre dentro del mismo tono, y, sin embargo, sus variedades son infinitas, verde oscuro y metálico con los grandes arbustos más verdes y suaves que en las praderas. El verde domina por todo y en contraste unas enormes flores rojas. Loros y pequeños animales se mueven entre las ramas de los arboles siguiendo con saltos y frenéticos chillidos la lenta marcha del grupo. Al anochecer, se reanuda la marcha con paso cansado por un terreno pedregoso y observan que es tierra sin cultivo lo que anuncia el subir de la sierra.
El camino serpenteaba entre un arbolado cada vez más espeso de árboles de enormes troncos con ramajes abiertos y grandes follajes. Botero que marchaba en cabeza anuncio que el grupo penetraba en la Sierra de Escombray y que pronto encontraríamos a los primeros vigías de los grupos guerrilleros. Al penetrar en la sierra la marcha era cada vez más penosa, y al no tener que esperar la noche para seguir avanzando, el grupo sin apenas reposo, de buena mañana continua la marcha pese al aguacero huracanado que no ceso en todo el día. – ¡Alto! Oyeron los primeros del grupo, lo que hizo que Botero diera gritos de no tirar, repitiendo el nombre de José Martí y viva Cuba. Al instante el grupo fue rodeado de hombres armados que surgieron por todas partes de la espesa maleza.
CAPÍTULO IX
En su diario Martín afirma que esa fue una de las noches más felices de su vida en Cuba y continua Martín escribiendo como por primera vez pudo contemplar la vida de un campamento rebelde. El recibimiento que les ofrecieron los insurgentes fue impresionante, especialmente a Linda, por ser hija y sobrina de dos grandes dirigentes de la rebelión. El capitán de los guerrilleros, interrumpió sus saludos par abrazar a Linda y presentarse con el nombre de Joaquín Robles pero que todos lo conocían con el nombre del capitán Robles. Robles cuadrándose con un saludo militar delante de Linda dijo: - Señorita, mis honores. - Yo tuve el placer de servir a las ordenes de su padre y la abrazo de nuevo con gran simpatía.
El capitán paso parte de la noche contándoles sus proezas en la lucha y mencionaba con frecuencia a los hermanos Maceo, y a Máximo Gómez, con los que había participado en varias operaciones victoriosas. A continuación Robles, les explica que estaba preparando su salida de la sierra, para después por mar desembarcar al oeste de la isla y penetrar en la sierra de Rosario en la Provincia de Pinar del Río, con el propósito de reagruparse con Maceo. El capitán les promete hablar con el propio Máximo Gómez, si estaban decididos a engrosar el grupo.
A los tres días cuenta que después de un descanso merecido en el campamento, recibieron la visita de Máximo Gómez y este les felicito por su decisión de luchar por una Cuba liberada de opresores. Después, continuó valorando el sacrificio de todos los insurgentes y reprochando los métodos del gobierno central de Madrid. Les prometió, que una vez liberada Cuba, serían todos ciudadanos libres de esta maravillosa isla.
Al cerrar la noche los hombres que había nombrado con anterioridad el capitán, iban acudiendo de los distintos lugares del campamento y con cierta marcialidad se agruparon entorno a él. El capitán explicó a los insurgentes con voz recia, que él había recibido la orden precisa para que esa misma noche salieran del campamento y para ganar Loma de San Juan. Este puerto estaba habitado por “Cimarrones”, esclavos que escaparon de las plantaciones y buscaron refugio en los valles o en las costas poco pobladas. Según Robles estas personas les proporcionarían los medios y barcas necesarias para ganar la parte más Occidental de la isla donde esperarían la llegada de Maceo, quien con una columna invasora de 1.500 hombres intentaría atravesar la Trocha de Mariel a Majana.
En noviembre los dos máximos responsables de la resistencia se reunieron en el centro de la isla, decididos a llegar hasta Pinar del Río. La misión del grupo consistía en evitar incursiones de las fuerzas de Martínez Campos en la sierra y atacar las plantaciones de los colaboradores del general, para intentar dispersar las fuerzas coloniales.
Mientras comenzaba a ocultarse el sol, la brisa marítima refrescaba los campos y al mismo tiempo, Robles gritaba y gestionaba con los brazos, para que los hombres que se alejaban, no se desperdigaran del grupo que marchaba por la maleza. Martín que fue nombrado sargento por el capitán, creyó empresa fácil controlar el grupo, pero no fue así, tuvo que mover la cabeza, agitar los brazos y dar las ordenes soltando palabrotas que eran resentidas por los más retrasados. Al no poder agrupar a los hombres, preguntó a la avanzadilla del grupo si eran cincuenta y como tardaban en contestar, Martín volvió a preguntar: – ¿Cuantos sois?. Pero tuvo que esperar la llegada de los más retrasados, y que Linda le diera la cantidad exacta de cincuenta y nueve hombres.
Al divisarse el mar, el capitán camufló el grueso del grupo entre los arbustos, en espera de la llegada de unos pescadores y fue poco después que desde una pequeña loma vieron acercarse a tres hombres de color, que resultaron ser los pescadores esperados. En la reunión se comprometieron a proporcionarles lo necesario para la travesía, que harían por la noche en varias barcas.
Al caer la noche, fueron ocupando las plazas de las cuatro embarcaciones que los pescadores les ofrecían. Linda se sentó a su lado y le dijo al oído que era propensa al mareo pero que intentaría soportarlo con valentía.
La costa fue desapareciendo de su vista, el mar se mantenía inmóvil y poco profundo, con un azul claro que reflejaba los fondos de arena. A lo lejos apenas se veían las olas chocar contra la costa, para desaparecer sumergidas por la espuma.
A la mañana siguiente pasaban entre el Archipiélago de los Canarreos que anuncia la proximidad de la Isla de Pinos. Las barcas se deslizaban teniendo que luchar con el ímpetu sordo de las corrientes y los golpes continuos del agua. Los pescadores conocían este archipiélago de docenas de islas. Su firmeza en sus maniobras calma los insurgentes, al comprobar que las barcas evitaban con precisión los derroteros con arreglo a la dirección de los vientos. Pero esto no impedía que en los acantilados las olas crearan unos remolinos furiosos; golpeando con energía las rocas y las barcas.
Al dejar atrás el archipiélago se divisa la paradisiaca isla de Pinos y al dejar atrás la luz rosada del amanecer, los compañeros hablan de que a la derecha se observaba difusa la costa de la Península de Zapata. Linda señala el agua con sorpresa por su poca profundidad y es que la claridad del agua era tal que engañaba su verdadero fondo. Su claridad permitía ver cientos de peces de todos los colores que marchaban al unísono con sus barcas. Después perdieron en el horizonte la isla de Pinos y se dirigieron al golfo de Batabanó, con el fin de desembarcar en la costa cerca de Guane, ciudad a los pies de la sierra de los Organos.
Al navegar, ante la costa occidental de la isla, se divisa el Golfo de Batabanò. Y a Martín de pronto le vino a la memoria, que hace cuatro siglos sirvieron estas costas de escenario a desembarcos audaces. Aquí los españoles en gestas ultramarinas descubrieron tierras nuevas con epopeyas de héroes de nuestra historia.
Al acercarse a unos cincuenta kilómetros de Guane, el mar y cielo, dan signos anunciadores de esta isla celebrada siempre por su eterna primavera. No sin más los exploradores españoles la calificaran como el paraíso terrenal. Mientras los peces parecían seguirnos como únicos seres que alteraban este mar tranquilo de un azul compacto y sereno.
El desembarco fue rápido y el grupo, abandonando las barcas en la playa, con el fin de introducirse en la espesura. Avanzaron entre retorcidas y apretadas montañas de difícil ascenso, debido a la masa de espesos bosques. El aire se alivia con la altura, y les sorprende la inmensidad verde alrededor del camino. Desperdigadas por las lomas hay palmeras que empiezan a empinarse hasta llegar con facilidad hasta los veinte metros. Luego llegaron a un collado, que es el anuncio de un descenso alegre por la otra ladera. Desde aquí se divisa el paisaje más hermoso de Cuba.
Linda sorprendida por tal belleza, le abraza para explicarle que estaban en el Valle de Viñales que desciende suavemente hacia el Atlántico y se esconde detrás de estas montañas. Asombrados ante tanta belleza, Robles les advierte de que no-pueden ser vistos; dado que las casas que se ven en las vegas son secadores de tabaco.
Sin dejar la penosa marcha. Martín siguió disfrutando esta extraordinaria belleza que les ofrecía la naturaleza y a la vez acariciaba los cabellos de Linda. Al mismo tiempo, Antonio que caminaba a la retaguardia del grupo, llega hasta ellos y al observar la actitud de la pareja, les sonríe sin acortar su marcha. Más tarde al ocultarse el sol detrás de las montañas, las sombras se adueñan del valle y los “Mongotes” parecen criaturas mitológicas vistas desde lo alto. Entre las especies endémicas, se desarrollan algunas extraordinarias como la palma de corcho, un verdadero fósil viviente. Un verdadero paraíso, pero la oscuridad de la noche impone un descanso merecido y Linda aprovecha para recoger grandes hojas de los matorrales que crecen en abundancia, con el fin de servirles de lecho.
A la mañana siguiente se dirigen a la Sierra del Rosario, donde los “Mongotes” de estas colinas calcáreas de paredes verticales y cimas redondas, son algunas de las formaciones geológicas más antiguas de Cuba. En el interior, existen cientos de cuevas, donde se pierden algunos arroyos que corren por el Valle. Muchas de estas cuevas fueron habitadas en el tiempo por indios dedicados a la caza y la recolección.
Robledo, con un plano en la mano, termina por encontrar la cueva precisa para establecer el campamento. El capitán les señala que desde allí se divisa a través de la bruma el Valle de Pons y Minas de Matahambre, por el lado de Dos Hermanos.
La gruta que eligió Robles no se distingue desde los caminos, dada la vegetación que cubre la boca. Al penetrar en la cueva observaron que era de una belleza fantástica y le pareció que el grupo se hubiera trasplantado a otro mundo. Su extraordinaria belleza se engrandecía a la luz de las antorchas, pues al choque frontal de la luz, la mente imaginaba formas sugestivas, creadas por las estalagmitas y estalactitas formadas durante milenios. En sus formas es fácil descubrir curiosos parecidos, y cada una es diferente según la imaginación de cada uno. A cincuenta metros de la entrada cruza un río de norte a sur con una claridad en sus aguas que nos sorprendió. Estas grutas según Botero, fueron utilizadas años anteriores, como escondrijo por “Cimarrones”, esclavos escapados de las plantaciones.
El capitán dio al fin las ordenes de instalarse en la gruta, estableciendo con rigurosidad los puestos de guardia necesarios para asentar el campamento por largo tiempo. La vida era dulce y se comía normalmente a sus horas y siempre caliente. Había orden, los hombres no tenían más que obedecer y la amistad se hizo buena entre todos. Por las noches, las hogueras interiores les alumbraban y les daban calor sin ser vistos. Los negros bailaban, saltando y saltando sin regla ninguna, sin otra disciplina que la del ritmo de la música del tambor improvisado. Estos enérgicos mocetones rebotaban sobre el suelo con incansables gestos agresivos y dominadores, y otras veces se replegaban sobre sus espaldas, echando los pies en alto. Era, más que un baile, un ejercicio gimnástico, un delirio de acróbata, un movimiento frenético, como el de danzas guerreras de las tribus africanas. Al final, con ramas verdes se golpeaban, a la vez que el suelo y daban gritos que no comprendíamos. Linda dijo que eran danzas de origen africano, llamadas Mapalé que los esclavos seguían practicando.
Fatigados los negros y en el silencio de la noche, Martín escucha una voz femenina: “ ¡Martín!, ¡Martín!” La voz sonó a lo lejos como un cristal cortando el denso silencio de la cueva. Martín recuerda que aquella noche dormía cerca de Antonio, cuando siguió escuchando la voz queda que continuaba diciendo: –¡Martín! –¡Martín! Linda temiendo despertar a los demás se había incorporado y se acercaba sigilosa y angustiada. Ella, tan pudorosa y tímida al inclinarse mostraba la redondez de sus pechos a la luz de los últimos resquicios de la hoguera. Martín que no daba crédito a sus ojos, intenta tranquilizar a la mulata hasta, que de nuevo se estableció el silencio y Martín se incorporó para luego los dos marchar juntos a lo más profundo de la cueva, donde una antorcha aún alumbraba con un brillo tenue, el pequeño riachuelo que corría rompiendo el silencio de la profunda caverna.
Linda balbuceaba el nombre de Martín, como si al darse cuenta de su situación, sintiese cierta vergüenza, y daba excusas por su atrevimiento y hablaba tan bajito que Martín nada entendió pese a tenerla en sus brazos. Pero cuenta que una vez perdida su timidez, Martín al observar el rostro de Linda descubre que se animaba con una sonrisa que pretendía ser maliciosa. –¡Solos! …Dijo Linda acercando su boca al oído de Martín.
La pareja caminó silenciosa perdiendo la claridad de la antorcha, que reproducía sus siluetas sobre las estalactitas y estalagmitas. Y en sus reflejos comprendieron que el uno ocupaba por entero el pensamiento del otro… Por fin Martín la atrajo a él, abandonando su brazo para envolver su talle con rudo tirón, la besuqueo en la mejilla, en la nariz y después se fundieron los labios en un largo beso. La mulata gimió, como el que ve realizado algo que ha soñado muchas veces y Martín penso: – Que esta criatura bella y sin más regla de voluntad que el instinto de hembra, venia hacia él por un ardoroso amor sin capricho explicable. No, no era posible dudar, bastaba ver sus ojos fijos en él con un ardor de pasión. Después tras un apasionado beso, su boca de frescura estremeció su cuerpo con un bostezo amoroso. Sintió al dejarse caer en el suelo que todo parecía temblar con el fulgor del acero pronto a hundirse en la carne…No, no podía explicarse esta buena fortuna.
CAPÍTULO X |
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| pablogarcia |
Publicado: Lun Ago 27, 2007 2:55 pm |
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Gracias y se sigue
CAPÍTULO X
Mientras tanto, la guerra se extendió prácticamente por toda la isla. No obstante, la actitud de los desertores españoles creaba gran simpatía entre los insurrectos, al no ver en ellos más que soldados liberadores, lo que les daba mayor prestigio. Por lo contrario, para las clases medias y altas de la sociedad blanca, los negros carecían de nacionalidad y aran para ellos simples negros. ¡En esta época entre los españoles no se estaba interesado por el negro víctima, sino el negro real!. Sin embargo, los hermanos Antonio y José Maceo eran respetados, admirados y temidos, porque tras ellos había diez años de lucha heroica, intransigente e inclaudicable. Esta admiración por estos hombres heroicos, hace parte de la idiosincrasia en el machismo español.
En abril de 1895 se duplicaron las tropas Españolas y ya en agosto habían llegado a la isla un total de 37.366 soldados, más 10 buques cargados de pólvora, revólveres y fusiles de marcas Remintong y Màuser. Con este amplio cuerpo de ejército, Martínez Campos se había dedicado, durante los meses de mayo y junio, a recorrer la zona oriental de la isla en busca de las fantasmas tropas de Gómez y Maceo. Para el general la situación ere pesimista, pues los pocos Españoles que viven en la isla no se atreven a proclamarse como tales y sólo se sentían seguros en la ciudad. Y todo porque hasta los tímidos estaban prestos a seguir las ordenes de los jefes insurrectos, la prueba es que cuando se pasaba por los bohíos del campo no se veían hombres. Pues la mayoría estaban ya en las montañas con Fulano o Mengano.
Para el grupo lo más importante era esperar y resistir ya que Antonio Maceo, en Jimaguayù y junto a otros jefes militares acordaron invadir el Occidente de la isla. Su misión era de aplicar la “ tea incendiaria”, una táctica de terror económico que consistía en quemar las plantaciones e ingenios. Ante estas circunstancias. Robles en una reunión decide preparar la primera salida de instigación a las plantaciones situadas más allá del valle de Viñales. En la expedición cuenta con una veintena de hombres, que él mismo encabeza. Linda se presentó voluntaria para dicha operación, pero quedo convencida por fin de que era más practicó quedar en el campamento y ocuparse de otros servicios más propios a su feminidad.
El paisaje es hermoso y la tierra roja que aparece debajo de las copas de las palmeras hace con los profundos prados un paisaje majestuoso. En su mayoría, estos hermosos valles son vegas tabacaleras. Al bajar por la sierra se encuentran, el pájaro Tocororo, llamado así por sus plumas de colores llamativos, y también el Zunzun, el ave menor del mundo. El grupo se dirigía por el lado derecho del valle que conduce a Dos Hermanas y solía marchar por los arroyos que corren por el valle por no dejar huellas. Estos ríos se deslizan hacia Minas de Matahombre.
El camino fue de dos jornadas, y operando lo más lejos posible; despistando así a la tropa, del escondite que les servia de base. Esta estrategia era necesaria y mismo si los nativos hablaban de más de 10.000 cuevas, nuestras incursiones al hacerse cada vez más frecuentes se corría mayor más peligro. Pues él ejercito había destacado un numero considerable de soldados, especialmente de caballería, lo que les daba una movilidad que ellos carecían. Esta nueva situación hizo que en menos de un mes perdieron diez hombres; pero dada la extensión y proporción que la guerra estaba adquiriendo, hizo que el grupo se incrementara día a día.
Esto creaba situaciones de una violencia difícil de explicar, no obstante para los colonialistas españoles, la conducta de “grandes crímenes”, no era excepcional pues la maldad en nombre de la patria y religión, fueron simples excusas de salvar a los indios del pecado original. La verdad es que España, desde el primer momento quiso regentarlo todo y “explotarlo – todo”. Ante esta situación, Robles decide robar paulatinamente caballos para poder formar un cuerpo de caballería; que pudiese servir la retirada y atacar por sorpresa evitando perdidas.
Para Martín las transformaciones que la guerra había realizado en torno a él eran sorprendentes pero acabó por acostumbrarse a la nueva existencia y penso en la fuerza de adaptación que el ser humano posee para continuar su subsistencia. Bastaba que Linda siguiera fiel a él y juntos verían deslizarse los acontecimientos con la cruel realidad del riesgo y desde la altura que inspira el amor para darles la fuerza de vencer.
Después de continuas incursiones el grupo cuenta por fin con un cuerpo de caballería de más de 40 jinetes que actúan al mando de Martín y cuenta a la vez con la ayuda de Linda y Antonio su amigo inseparable. Pero el constante peligro como la fatiga hizo crecer su intranquilidad por Linda, pese a ser ella una extraordinaria amazona. Fue difícil convencerla para que se responsabilizara de los heridos y del campamento en general, pero viendo la necesidad termino por aceptar.
La capacidad de maniobra era importante para el grupo y mismo si las fuerzas españolas eran superiores, la sorpresa de golpear y huir de los insurgentes, les daba ventaja. Día a día sus incursiones eran cada vez más frecuentes evitando la población del pueblo de Guane de donde la gente y la propia infantería no se atrevían a salir. Por este motivo el ejército colonial carecía de margen de maniobra, mientras el grupo de insurrectos controlaba toda la zona sur hasta el mismo Golfo de Corrientes.
Por fin el 22 de octubre, Maceo logra salir de Baraguà y en el verano su columna merodea los alrededores de la Habana. Poco después logra internarse en la Sierra de los Organos y con la ayuda del grupo que dirige Robles llega a sitiar los pueblos de Guane y Mantua; donde por fin el grupo entra en contacto con el grueso del ejercito insurrecto y no cabe la menor duda que estos tres meses fueron los de mayor eficacia militar por parte de los rebeldes.
CAPÌTULO XI
El propio José Maceos marcha a la vanguardia de su caballería y Martín con el brazo sobre el hombro de Linda esperaba impaciente ese momento. Pero a la vez temía que ese hombre rudo, alegre y generoso no le diera la confianza fraternal.
El encuentro entre padre e hija fue de una fuerte emoción. José Maceo abraza a su hija y la miro de nuevo con esos ojos negros de mirada aguda que infundían respeto y de nuevo volvió a estrechar a su hija con más fuerza que antes. Linda pudo observar que su mirada autoritaria fue humanizándose, hasta temblar con una lacrimosidad de emoción y fue cuando Linda aprovecha la situación para colocarse detrás de Martín y presentar al español como su prometido. Maceo sonríe, le estrechó la mano con fuerza le dijo: – ¡Bienvenido a la familia!. Después sonrío de nuevo y no se dijeron más.
Ante tal circunstancia, Robles sé le acercó al general para alabar la conducta heroica de Linda y su buen trabajo en la retaguardia. También exaltó la bravura y el excelente trabajo de Martín en las últimas batallas, así como su eficacia en el mando de la caballería. Maceo satisfecho comento: –¿Quién podía afirmar esto hace apenas cinco años, que Linda no era igual a las otras mujeres?.
Maceo abrazo de nuevo a Linda, y desconsolado se dirigió a todos para decirles que José Martí, había muerto en combate como un héroe de la revolución; pues para Maceo, José Martí fue y siempre seria él filósofo y el poeta de la libertad.
Las fuerzas de Maceo eran de unos 3.600 hombres mal armados, pero contaba con una caballería considerable que mejoraba en cada incursión que él hizo llegar con ella hasta la provincia de Matanzas y mismo de la Habana. Por eso a principios de febrero, en vista de la grave situación con que se encontraba el ejército español, Cánovas del Castillo decide aceptar la renuncia de Martínez Campos y el 10 de ese mismo mes llegó Valeriano Weyler a la Habana acompañado por cinco generales de su entera confianza y en pocos días cambió el escenario de la guerra. Radicalmente Weyler dio la orden de concentración forzosa de los Guajiros de Oriente, Camagüey, Las Villas y de Pinar del Río hacinados en campamentos que rodeaban los fortines españoles. También la Habana se apresuro a fortificar sus afueras, en espera de un ataque final.
Martín por decisión de Maceo se incorpora en una importante unidad de caballería que mandaba un legendario norteamericano que todos conocían como Henry. Este hombre era un jinete extraordinario, de una gran corpulencia y de una agilidad sorprendente en el manejo del revolver. Se decía de él, que donde ponía el ojo colocaba la bala. Martin cuenta que su acento español le hacia divertido y, su carácter jovial y amigo de las bromas, hizo que Martin y él no tardaran en darse una sincera amistad que fue siempre afectuosa y cortes. Sus vidas tuvieron mucho en común dado que su existencia estaba basada en la ventura continua. Pero si bien el yanqui a vista de los demás parecía inspirarse en los ideales de libertad, esto no le impidió cobrar fuertes sumas como simple mercenario al trabajar sin escrúpulos para el mejor postor.
Como bien cuenta Martín, la situación en la isla fue tomando por primera vez un carácter insurreccional, hasta la llegada de Valeriano Weyler a la Habana; que cambió la situación de la contienda. A partir de aquí las batallas fueron cada vez más sangrientas y la batalla del “Mal Tiempo” fue la prueba indiscutible de tal atrocidad por su brutal carga a machete. En esta batalla según cuentan las tropas cubanas causaron muchas bajas a los colonialistas y de esta atrocidad Wiston Churchill que sirvió como voluntario se quejaba de aquella fantasmal guerra con un enemigo invisible que no daba la cara; pero causaba grandes bajas.
En poco tiempo las cosas fueron cambiando y la ofensiva que desde el verano estaba en manos de los cubanos paso al ejército colonial. Ante esta nueva situación Máximo Gómez se retira de Villas y de allí a Camagüey donde también fracasó. Para Maceos también la situación se hace cada vez más difícil y decide dividir su mando en dos columnas pensando así poder golpear con más eficacia a los españoles. De esta decisión, Henry no estuvo de acuerdo, dado que Maceo quedaba al frente de una columna sin apenas apoyo de la caballería en la zona de Pinar del Río.
Mientras las tropas coloniales al frente del propio Valeriano Weyler, con una columna de mil hombres se acercaban a orillas del río Jaíma; donde Weyler relata en sus memorias que el enemigo sorprendió su vanguardia y corriéndose por su flanco derecho preparó el copo del enemigo con una maniobra envolvente. Valeriano Weyler cuenta que dio la orden de resistir en una operación que duro más de tres días, pero al fin dice que consiguió envolver al enemigo. A continuación halaga a los insurgentes como gente dura en la pelea y detalla como murió Maceo y, que él guardó su revolver, el sable de Quintin Banderas y la silla de montar del Emperador Maximiliano. Pero Weyler no dice que fue el coronel Peral, que aprovechando que Weyler había encerrado a Maceo en una ratonera en Pinar del Río y, cuya sola puerta era la línea de Mariel, el coronel Peral que sabia que esta salida era muy difícil de franquear sin el mordisco del gato. – ¡afirma Peral que el gato fue él y él fue quien lo mata!. Pero lo que no relata Weyler, es que él contaba con unos generales de una gran capacidad. Zorros con la estrategia propia de la “crueldad sistemática” como fue entre otros el general Armenio Linares.
El año 1897 se iniciaba con buenos augurios para España. Las fuerzas coloniales habían recuperado el centro de la isla y, Maceo como bien escribe Weyler quedo encerrado entre Pinar del Río y la Habana sufriendo durante todo el verano el acoso del general Armenio linares. Los buenos resultados de aquella estrategia de “crueldad sistemática” no se hicieron de esperar, y el cinco de julio cae José Maceo en Lomas de Gato y el siete de diciembre muere su hermano Antonio el caudillo más audaz del ejercito cubano. Al ser las perdidas humanas considerables, el ejército rebelde quedo mermado contando apenas con unos 2.000 a 3.000 hombres mal armados y dispersos. No obstante los campos de Camagüey y Oriente permanecieron en manos de los insurrectos dado que los militares españoles, ante el desconocimiento del terreno, las epidemias, el clima caluroso y húmedo y a la táctica de guerrillas que aplicaban los cubanos solo les permitía disponer de una parte de la isla.
Martín asistía a esta nueva situación y la brutalidad de la contienda era cada día más vengativa por ambas partes. Para Martín, Henry o el “yanqui” como lo conocía la mayoría, era de una brutalidad que Martín no admiraba como una de sus mejores cualidades, dado que al americano presumía de bravucón cuando amenazaba con perseguir a la canalla colonialista y pedía su fusilamiento inmediato. Sin embargo para su amigo Antonio el “gringo” y sus hazañas pasaban entre la admiración y la envidia.
A Martín de Henry, lo que más le sorprendía eran sus ojos turbios que solo se animaban con los fulgores de la rabia y la mayor preocupación de Martín más sensato era que las ansias del dinero o de simple aventura le convertían en un ser cruel y sin misericordia. Al contrario Antonio, le fascinaban las maravillosas historias del Yanqui, hombre de aventuras y él sufría al repetirse con frecuencia: – ¡Lo mismo haría yo sí se presentara la ocasión! – ¿ Pero cómo hacer? …– ¿Cómo empezar?. Su vaguedad imaginativa le hacia soñar; pero pensaba rápido en Martín para decirse: –¿Y mi amigo?. Luego fue contrayéndose hasta dar formas a las realidades del momento.
Las incursiones se hacían cada día más duras, los pasos de los ríos cada día más crecidos por las lluvias torrenciales, las dificultades de conservar la munición, la imposibilidad de sorprender al enemigo cada día más organizado; hacen que Antonio reflexione de nuevo al volver a reprocharse la situación y mismo si Martín trata de calmarlo es seguro que Antonio seguía preguntándose en todo momento: – ¿Por que no ser héroes a sueldo? . Si el oro, huía de él, mientras Henry y los otros gringos, lo guardaban sin duda en cualquier lugar de los Estados Unidos, para luego bañarse en montones de polvo de oro al cubrirse de pies a cabeza con ese metal sagrado. –¿Y por que él no?…
La muerte de Maceo crea una situación difícil en la segunda columna, que pasa al mando de Calixto García, el cual recibe a la vez el grado de teniente general. Ante tal situación Calixto se especializa en el arte de guerrillas, lo que salva de una destrucción al resto de los insurgentes que operan en la zona y así les permite seguir asediando a las ciudades no protegidas. No obstante, la derrota de Maceo obliga de nuevo a la división en varios grupos que si bien coordinaría Calixto García, los grupos mantendrían su propia autonomía.
Por todo esto, el grupo al mando de Johns Henry el Yanqui decide dirigirse, por sus consejos hacia la base que no era otra que la cueva donde seguía su adorada mulata y parte del grupo que no formo parte del cuerpo a caballo ya que esto les permitiría reagrupar sus maltrechas fuerzas.
CAPÍTULO XII
De vuelta, el Valle de Viñales ya no le parecía a Martín tan hermoso y, al iniciar la escalada de la sierra de Organos y entrar en las masas de bosques su mirada se volvió triste al ver el verde paisaje alrededor del camino. La nueva situación le hacia ver con desagrado la belleza del sol al ocultarse detrás de las montañas y, pese a la hermosa vista desde lo alto que era fantástica al apreciar como el campo se oscurecía poco a poco a los pies de los mogotes gigantes, que parecían protegerles del enemigo. Así como la noche que a la vez parecía guardar sus tristes secretos.
A Martín le pareció eterno el tiempo transcurrido desde su separación; los seis meses sin ver a su amada le parecieron años y por el camino Martín no dejaba de preguntarse. –¿Cómo comunicarla la muerte de su padre y la más reciente de su tío Antonio?. Pero fue al penetrar en la gruta cuando Martín descubrió que Linda conocía el problema, al verla rodeada de varias mujeres que repetían los gestos de la señal de la cruz. La mulata al percatarse de la presencia de Martín corrió a sus brazos sollozando para después al mirarle a la cara y decirle: – ¡Ay miseria, triste miseria!. –¡Los seres queridos se van deprisa!. –Es inútil resistir esto se acabo. A lo cual, Martín respondió: –¡Ah que dura es esta vida!. –Linda no sufras, yo te quiero y cuidare de ti y se fundieron en un nuevo abrazo. Mientras Linda entre sollozos continuaba repitiendo con voz tenue: – Ya no volveré a verlos nunca. – Me siento muy mal. Martín con el fin de calmarla abrazo de nuevo a la mulata sintiendo su boca húmeda y al abrir los ojos observa que el rostro de Linda parecía a un más bello bajo el resplandor de la hoguera.
Fueron necesarios varios días para que el sufrimiento de unos y de otros fuera perdiendo su crueldad. Por fin, los responsables de los diferentes grupos se reunieron para decidir la nueva situación. Henry junto a un buen numero de norteamericanos y algún voluntario mas no estaban de acuerdo en la estrategia de la lucha guerrillera, dada su practica en la lucha a campo abierto y su capacidad en la lucha a caballo. Henry alega que la región es muy peligrosa dada la proporción de fuerzas en presencia; pero por mayoría se decide dividir de nuevo los grupos y unos volver a la sierra de Escambray y los otros seguir hostigando la zona de Pinar del Río. Decisión a lo que los norteamericanos se oponen
La llegada de Calixto García con ordenes precisas calmó la reunión y se decide que los Norteamericanos y voluntarios serian repatriados con la ayuda de la marina norteamericana y los otros al mando de Robles regresarían a la Sierra de Escambray y el propio Calixto quedaría en la zona aplicando la táctica guerrillera a fin de mantener dividida las fuerzas españolas.
Días después Robles pidió que marchásemos con él y pese a que Linda acepto el propio Calixto decide que Linda debía salir de la isla con el grupo de voluntarios para poder dedicarse a la lucha diplomática en el exterior ya que en ella seria más eficiente que en la lucha guerrillera. Antonio pidió incorporarse al grupo de norteamericanos a lo que Martín también acepto para seguir cerca de su prometida.
Dos días después de esta reunión cuenta que abandonaron la cueva entre fuertes abrazos y se dirigieron a la parte sur de la isla con el propósito de ganar el Cabo de San Antonio, donde les esperaba una patrullera de la marina norteamericana para llevarlos a la parte septentrional de la península del Yucatán (Méjico). La noche era oscura lo que facilitaba la operación y la travesía del canal del Yucatán fue rápida dado que la distancia era de apenas cien kilómetros. La patrullera navegó a todo vapor y el desembarco se hizo en una isla de apenas diez kilómetros de la costa que se conoce por el nombre de Isla de Mujeres.
En 1517 Isla de Mujeres fue descubierta por el español Francisco Hernàndez de Córdoba cuenta la historia que allí descubrió muchos monumentos de mujeres lo que le hizo bautizarla con el nombre de isla de Mujeres.
La isla con unos seis kilómetros de largo por dos de ancha, poseía una vegetación de una virginidad sorprendente. Su flora estaba compuesta de cientos de cocoteros salvajes como jamas se llegó a soñar y mismo si la temperatura era muy elevada la brisa marina refrescaba su clima tropical. En la isla apenas habitaban unas cincuenta familias compuestas por indios Siboneyes y algún descendiente de los Taínos. Estos viven de la pesca fácil pues sus aguas están repletas de una variedad de peces de todos los colores que se aprecian a flor del agua, los crustáceos son también abundantes y especialmente la langosta. Esto hace que la existencia de estas gentes sea apacible y poco belicosa. La prueba es que el recibimiento que les dispensaron y su estancia fuera respetuosa en todo momento.
Al desembarcar y sin tardar con gran amabilidad los nativos les aplican los peligros de la isla. Al parecer según estas gentes los huracanes azotan la isla con frecuencia y para estas situaciones, en lo más alto de la isla existía una construcción de piedra capaz de resistir a dichos vendavales y también les advierten que los tiburones se aproximan a la isla con frecuencia.
Al día siguiente, Henry con una mayoría de norteamericanos embarca de nuevo rumbo a las costas de los Estados Unidos. Él norteamericano al marchar les da consignas precisas sobre su instancia en la isla y les pide que esperen el momento preciso para una próxima misión.
La isla quedó de nuevo con su tradicional existencia y, pese a ser gentes rudas pero de un temperamento pacifico estaban acostumbradas a recibir gente que huía; unas veces de los hombres y otros por los avatares del mar. Estas gentes jamás preguntaban a nadie su procedencia, dado que estaban habituados a estos pormenores y actuaban con gran inteligencia y amabilidad con los visitantes en la espera de ser recompensados con creces por su hospitalidad.
Si recordamos, veremos como estas gentes fueron invadidas continuamente por galeras de Castilla, que pasaban con frecuencia por estos parajes; unos para repostar o refugiarse de las tormentas y otros con el simple fin de esconderse. Los barcos corsarios de todas las nacionalidades se sirvieron de la isla para el abordaje de las galeras españolas, que repletas de oro, frecuentaban las aguas del Caribe y especialmente por el estrecho del Yucatán después de zarpar de los puertos de Cuba. Fueron muchos los piratas que operaron desde la isla, pero los más famosos fueron Jean y Peter Laffite.
El primer día de su instancia en la isla, se impuso la necesidad de alojarse y los nativos no dudaron en fabricar con la rapidez heredada de los siglos varios “Bohíos” de palmas de cocotero; que resultaron amplios y frescos. Martín y Linda fueron favorecidos como pareja con una de las mejores cabañas, a lo que Martín les correspondió gratificándoles con gran generosidad a estos pacíficos indios.
En esta isla paradisiaca los días se seguían y se perseguían de una manera vertiginosa y cuenta Martín que en este paraíso de perfumes afrodisiacos él terminó por perder la noción del tiempo: – Al vivir embriagado de los amores que le aportaba la mulata.
Martín en su diario insiste, en que aquellos días inolvidables que pasó en la isla con Linda. Nunca olvidara esas playas de ensueño y de una arena tan fina como harina y siempre recordara aquellos paseos bajo su verde y densa vegetación compuesta en su mayoría por enormes cocoteros que producían ese frescor tan deseado en el trópico.
Martín sigue recordando como sentados al borde del agua, observaban la infinidad del océano y como sus miradas se perdían en la línea de horizonte donde cielo y mar se confundían. Linda con un machete cortaba las nueces de coco que el viento había derribado de las palmeras y extraía la pulpa de ese liquido tan exquisito que hace que las palabras sobren al no saber halagar dicho sabor de un dulzor incapaz de envidiar a ningún otro fruto.
Distraídos en partir de cocos la pareja descubrió tarde la barca que con tres nativos acostaba en la playa, pero quedaron tranquilos al observar que eran gentes de la isla. Los indígenas traían una pesca milagrosa según Linda, quien observaba como enredaban con hojas de palma ristras de peces que iban sacando de la barca. Al acercarse a la pareja les ofrecieron una buena cantidad de peces y al querer compensarlos les hicieron gestos de no aceptar. Él más joven de los tres al observar la falta de habilidad de Linda para cortar los cocos, les hizo una demostración de cómo se hacia con una rapidez sorprendente.
Después los indígenas al comprender que se abastecían de los caídos al suelo; uno de ellos, con una rapidez extraordinaria se precipita a un cocotero y trepando por el tronco con una velocidad vertiginosa alcanzo la cima como no lo haría el animal más experimentado. Una vez en lo alto, uno a uno, fue lanzando los cocos con gran habilidad a su amigo que los iba amontonando en el suelo con rapidez y al marchar con una simpática reverencia les ofrecieron una cantidad importante de este apreciado fruto.
Al caer la tarde el mar azul estaba iluminado por una ancha faja de reflejos del sol. Martín no terminaba de habituarse y sus ojos se contraían fatigados de los fulgores excesivos del resplandor del cielo y del océano. Al apartar su mirada del mar contempla como Linda después de saborear los cocos se había extendido en la fina arena, para quedar como dormida por algunos minutos; pero abrió sus ojos y al sentirse observada. –¡Linda nerviosa, abrió sus ojos y quedo sorprendida al ver esa mirada acariciadora de hombre bueno!. Al mismo tiempo Martin quedo prendido de esos ojos de animal humilde que lo miraba con esa femenina vanidad que parecía adorarle.
A Linda se le subieron los colores a las mejillas, mientras Martín pasaba su brazo por su hombro y atraía su cabeza hacia sus labios. Era un beso que ella había saboreado en otras ocasiones; pero que parecían siempre nuevos por estar acompañados de unas caricias continuas. Martín con suspiros continuos la besaba de arriba abajo y también sobre el pecho que la mulata había dejado al descubierto con malicia para después dulzona de amor no poner resistencia a una entrega total de su dueño.
En su diario Martín continua escribiendo, que su felicidad en esta isla paradisiaca, no fue de larga duración; pues una mañana que dormía al frescor de su bohío, Antonio les comunica que un barco de guerra norteamericano se hallaba anclado no lejos de la costa. Con rapidez se precipitaron al muelle, donde se concentraba ya la totalidad de los nativos de la isla. Este muelle era el principal embarcadero, donde los nativos refugiaban sus barcas.
Desde la isla divisan con dificultad en el horizonte un barco de la marina americana, que por su envergadura se advierte del gran poderío naval que desarrolla esta joven nación. El color gris de su casco deslumbra la vista al choque frontal del sol con los reflejos del agua y al instante ven que una lancha se descuelga de su casco dirigiéndose con rapidez hacia la isla. Después una lancha se arrima al pequeño muelle y, al instante desembarcan cinco militares con elegantes uniformes y cual fue su sorpresa al ver que se trataba del propio Johns Henry su buen amigo. Henry abrazo con fuerza a todos, pero en especial a Linda al recordar de nuevo la perdida de su padre y sobre todo su tío Antonio Maceo que siempre admiró por sus proezas en la lucha insurreccional cubana.
Con motivo de la llegada de los militares norteamericanos, el jefe de los nativos que como la mayor parte de ellos, llamaba la atención por su baja estatura y gruesa cabeza. Les invita a una comida que seria servida en un gran bohío construido para celebrar los acontecimientos culturales o religiosos. La verdad es que los indígenas les sorprendieron con una deliciosa comida basada en pescado asado y recuerda bien Martín solo haber comido tan sabroso manjar que en esta ocasión. Luego al felicitar al cocinero se les comunica, que eran simples filetes de tiburón acompañado con una salsa cuya elaboración guardaron en secreto.
A continuación, Henry hace gestos a un oficial americano para que les obsequie con unos puros de la mejor calidad cubana y a continuación Henry les explica la nueva situación en la isla de Cuba.
Henry en su charla destaca la nueva estrategia, puesta en marcha por parte de los Estados Unidos; debido a los últimos acontecimientos en la isla y después aspira su grueso habano nos sigue diciendo que la crueldad sistemática que acompaño la estrategia de Valeriano Weyler había desatado una fuerte reacción en el congreso y en el gobierno norteamericano. Donde los senadores Sherman, Cameron y Loye defienden el reconocimiento de los derechos internacionales de “beligerancia” a los cubanos. Esta situación se justifica y tiene su explicación si se comprende que los norteamericanos controlan el 85% de las exportaciones cubanas. Por eso Henry a la vez, defiende la intervención pura y simple por que para él España tomó parte activa en la guerra de Secesión al apoyar el ejercito del sur.
Henrry, sigue justificando la intervención norteamericana en la isla y Martín que continua callado en su reflexión en salla de analizar la situación actual a su manera. La verdad para él es que los norteamericanos, emergen como una joven potencia y en su expansionismo justifican su intervención no-solo en Cuba sino en Puerto Rico y Filipinas. Esta estrategia exterior norteamericana, seguirá a lo largo del siglo XX y será lo que más tarde se conocerá por “Neocolonialismo Económico”.
Para Martín las cosas están claras, pues la perdida sistemática de las colonias y la situación inestable de la política interior española es aprovechada por esta prospera y joven nación. Los norteamericanos que cuentan con un servicio de espionaje moderno, saben bien de la división en España entre conservadores y liberales y de su constante lucha fratricida por él poder. Si a esto se le añade que una parte del pueblo español, encabezado por el joven Partido Socialista Español; multiplica los mítines populares con un éxito extraordinario en su campaña contra la guerra colonialista. También hay que contar que el avance en el movimiento social impide a los liberales y conservadores maniobrar pese a que los nacionalistas piden mano dura en la fuerte represión en Cuba.
En 1897, tras el asesinato de Cánovas del Castillo por un anarquista, cambia la situación de esta España conservadora y clerical. Pues para Cánovas, “la defensa de la sociedad estaba basada en la defensa del estado“; al apoyar y consolidar las clases poderosas y el caciquismo. Según Cánovas. “ Quien defiende la propiedad y restablece el orden social y garantiza la Nación y el Estado”. Es solo a su muerte y a la llegada del liberal Mateo Sagasta que el gobierno, favorecen las condiciones para emprender un nuevo giro en la guerra de Cuba.
Ante estos acontecimientos, el nuevo Presidente Norteamericano Mac-kinley, contribuyen en gran medida a tomar una nueva decisión a favor del gobierno de Madrid. Pues ni los senadores Blaine ni Roosvelt, estaban por la adhesión de Cuba; si no por una hegemonía más sutil, o mejor dicho, lo que los norteamericanos deseaban desarrollar. Era el neocolonialismo que ellos llevaban hace tiempo experimentando ya en el área del Caribe y Centroamérica.
Mientras tanto, en los partidos independentistas cubanos y en especial el Partido Revolucionario Cubano, la idea estaba por una alianza militar con los Estados Unidos con el fin de destruir el orden colonial. Esta idea hace crecer una división en el seno de los grupos de presión norteamericanos y, Tomás Estrada Palma, político cubano y jefe máximo de la insurrección en el exilio que después fue el primer Presidente que tuvo la República Cubana. Presiono en todo momento al gobierno americano para su declaración de guerra, la cual no tardo en producirse.
La situación era irreversible pues el decreto de diciembre, la creación de un gobierno autónomo en Cuba duro pocos días. Unos días después bastaron para que el motín de voluntarios e integristas españoles en la Habana al grito de: – “¡Viva Weyler!. – ¡ Muera la autonomía!.”. Diera sus resultados pues la falta de legitimidad del nuevo gobierno autonómico ante los jefes de la insurrección, termino de convencer a Washington de la necesidad de la guerra.
Al terminar su explicación, Henry hizo una pausa y sacando unos documentos les leyó parte del contenido. Las ordenes, si se quiere llamar así, eran que Linda debía salir de la isla para dirigirse a Méjico y más preciso a la ciudad de Veracruz. Donde dentro de un mes se reuniría la dirección del partido revolucionaria de Cuba con una delegación norteamericana. La delegación Cubana estaría encabezada por Tomás Estrada, Máximo Gómez y Calisto Garcia entre otros y por parte norteamericana los senadores Sherman, Cameron y Theodore Rooesvelt. Henry continua puntualizando que Linda en honor de su padre y tío, era invitada a tomar parte en la reunión con poderes de decisión. A continuación Henry pide a Linda la posibilidad de discutir a solas con ella de los pormenores del documento y Martín comprende con rapidez que Henry intenta convencer a la mulata de la necesidad de intervenir en favor de la participación americana en la guerra. Mas tarde y una vez terminada la entrevista llamaron a Martín para comunicarle que Linda quería que él la acompañara a dicha reunión en Méjico.
Henry lamenta que no pueda contar con Martin aunque sí con su amigo Antonio, pero acepta con resignación la decisión de Linda. A cambio pide a Martín que se separe de Antonio pues contaba con él para llevar a cabo una nueva misión en Panamá; por la cual y según las normas establecidas Antonio seria bien remunerado. Antonio al observar el gesto afirmativo que Martín le hacia con la cabeza; aceptó con rapidez y, Antonio más tarde aprovechando que Linda conversaba con Henry para explicar a Martín con detalle en que consistía la misión y que al parecer no era otra que defender los intereses norteamericanos en la zona de América central.
Según le explica Antonio el territorio Panameño, esta seccionado en dos partes por el Canal Interoceánico y este canal es imprescindible en particular para las ambiciones expansionistas de los Estados Unidos. Antonio continua explicando los fracasos económicos de los famosos ingenieros franceses Eiffel y Ferdinand Lesseps, pues este el último constructor del Canal de Suez y a sus fracasos económicos hay que añadir los miles de muertos por accidentes y enfermedades. Todas estas circunstancias, hicieron que los derechos económicos de esta gigantesca obra del canal de Panamá se traspasasen más tarde a los Estados Unidos. En este sentido, la misión del grupo formado por Henry consistía en sublevar a la población con el fin de seccionar esta provincia de Colombia. La misión del grupo formado por Henry dio sus frutos y, en 1903 la secesión se produjo simultáneamente con su independencia y más tarde se firmo el tratado de “Hay-Buneau-Varilla” que estipulo el dominio de los Estados unidos en la zona del futuro canal. Para Henry y la mayoría de los norteamericanos, Estados Unidos era simplemente una democracia de mercados. Más tarde Martín cuenta en su diario que a su amigo Antonio y a Henry no los volvería a ver hasta el año 1903.
Al día siguiente Martín se levanto tarde, pero pudo aun admirar el suave esplendor de esta isla paradisíaca y pensó que daba gusto vivir junto a su mulata. Después al dejar su bohío, Martin marcho por el mismo camino que Linda con el fin de llegar lo mas rapado posible al embarcadero para despedir de sus buenos amigos y al resto de los gringos que embarcaban rumbo a Panamá.
Fue muy triste despedir Antonio, pero Martin pensó que la vida era así y si Antonio quería realizar su sueño era necesario que él diese ese paso. – “Nos veremos pronto te lo prometo”. Después quedaron los dos silenciosos como si se adivinaran sus pensamientos, que no eran otros que la posibilidad de un día enriquecerse. Mientras tanto un grupo de muchachos cesa de jugar y lanzan gritos ensordecedores. Estos niños de tez oscura se divertían moviéndose entre el grupo de militares con soltura, a la vez que les ensuciaban los pantalones y pisoteaban los zapatos de un brillo radiante. Estos pequeños indígenas llevaban algunos una especie de camiseta que les dejaba el vientre al aire.
Henry fue el primero que salió de esta abstracción, señalando mudamente con la cabeza donde estaba la barcaza militar y continuo señalando donde había que instalarse. Varios hombres de los que acompañaban a Henry, saludaron a Martín dándole la mano, a lo que Martín sonríe al escuchar en un mal español. –Adiós Español amigo. Al alejarse Antonio en la lancha y para ser oído gritaba: – ¡Antes de seis meses nos veremos, podremos abrir una buena botella de Ron y de nuevo todos juntos!.
CAPÍTULO XIII |
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| pablogarcia |
Publicado: Dom Sep 02, 2007 4:25 pm |
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Se sigue y gracias.
CAPÍTULO XIII
A los tres días de despedir a sus amigos, los nativos tenían ya la barca preparada y Martín dice que sintió mucho separase de estas hospitalarias gentes. Pero la barca esperaba en el muelle y Linda sonreía al ver como cariñosamente la gente de esta inolvidable isla salía de todas partes para despedirles, abrazarles y besarles como si fuesen de su familia.
En el embarcadero que servia de puerto de amarre les esperaba una amplia barca con una vela rústica y tres hombres que solo esperaban las ordenes para zarpar. Como siempre, les acompañaba el fiel José Trillo (Botero), que pese a su extraordinaria fuerza, colocaba con dificultad los enseres; debido al continuo balanceo de la barca.
Martín cuenta que al alejarse de la isla el mar tenia un azul luminoso en esta mañana radiante del Caribe y su destino un pequeño puerto del Yucatán conocido por Progreso. La travesía no duro más de veinte horas pese a ir bordeando la costa y, estos expertos indígenas demostraron a lo largo del trayecto una gran experiencia en el arte de navegar y sobre todo una gran prudencia en esta costa donde surgen arrecifes y pequeños islotes con frecuencia. En la costa se ven bohíos y casas de madera entre grupos de palmeras y, a lo lejos se empiezan a ver casas de adobes rebozadas de cal bien alineadas y de estilo Mejicano que señalan ya la presencia de un pueblo tierra adentro.
Al atardecer la barca dobla un cabo al que los indígenas llaman el Cabo de Catache y al poco tiempo se abre un pequeño golfo donde en el fondo se ve una agrupación de casas con tejados rojos que sus paredes blancas difieren de las otras y por su construcción de piedra los indígenas lo conocen con el nombre de Dzilam de Bravo.
Al ir cayendo la noche, se ve en él horizonte que el océano toma un color azul plomizo al esconderse en el continente. Mientras la barca se dirige derecha a la parte más céntrica del puerto que lleva el nombre de Progreso. Al desembarcar en el muelle, Martín se limita a preguntar por la posición a los indígenas y al contemplar el mapa comprueba que se encuentran a unos veinte kilómetros de Mérida.
Estos tres bravos marineros al despedirse con un abrazo Martin les ofrece dinero pero se negaron la primera vez y fue después que terminaron por aceptar a regañadientes. Después la caída de la noche les hace buscar aposento en el pueblo para descansar y seguir de nuevo al otro día el viaje hasta Mérida.
Mérida, es una imperioso ciudad que cuenta con un pasado histórico en la conquista y colonización de Méjico. Esta ciudad plana como el bien dice se encuentra a pocos kilómetros de la costa y sus calles se hallan todas alineadas geométricamente.
Al entrar en Mérida, se observa que todas sus calles se dirigen a un amplio paseo que lleva el nombre Montijo. Este paseo fue construido en homenaje al fundador de Mérida, Francisco de Montijo que la fundó en el 1542 y su construcción fue copia idéntica a la de cualquier urbanización existente en España. Sus edificios de estilo colonial nos recuerdan a cada instante no importa que capital de cualquier provincia española. Es difícil perderse en esta bella ciudad, pues todas sus calles rectilíneas nos conducen a la plaza y lo primero que se aprecia es su inmensa Catedral que se comenzó a construir en 1560. Dicha plaza a la vez es hermosa como ninguna y posee un jardín donde se encuentra toda la flora del Yucatán.
Al caer la noche se dirigieron al hostal “La Regenta” para pernoctar y una vez en la hostería Linda aprovecha el lugar para enseñarles los documentos donde aparecen las personas que tomarían contacto con ellos. Para comenzar Linda les explica como su tío Antonio Maceo se convirtió en una leyenda viva del separatismo cubano en la heroica lucha contra Martínez Campos en las mangas de Baragüa. Estas proezas persuadieron a los tabacaleros de Tampa y Cayo Hueso, los cuales eran curiosamente en gran mayoría emigrantes asturianos y catalanes, que no dudaron en financiar la guerra y mismo encontraron tiempo para viajar a la capital de Méjico para entrevistarse con el presidente Profirió Díaz. Quien les ofreció apoyo económico para la guerra de independencia de cubana..
A la mañana siguiente, por esa hermosa avenida se dirigieron al centro de la ciudad que corresponde a la plaza de Motejo. A la izquierda de la Catedral se encuentra Capitanía, donde se confunden en la puerta hombres del ejercito con los de la policía local. A la derecha esta la casa de los que fueron gobernadores españoles y alrededor de esta gran plaza casas que pertenecen a las clases acaudaladas. Estas casas son todas de dos pisos con sus típicos sopórtales y como bien dije son copias autenticas de cualquier ciudad Castellana.
En la plaza se encontraba todo lo más importante de la vida política y social de Mérida y una vez en ella Linda les pide dirigirse según sus documentos a capitanía que se hallaba a su izquierda. Este edificio militar contaba con unas ventanas que se hallaban protegidas por gruesos barrotes que no disimulaban servir de cárcel preventiva. La pareja al intentar penetrar en el recinto, les sale al paso un federal que les pide la documentación y, al darse a conocer el federal se retira para poco después aparecer con un oficial que les entrega la dirección donde hospedarse de nuevo y esperar la visita de la persona o personas que se ocuparía de ellos.
El Casino como todo edificio importante estaba ubicado en la plaza y servia a la vez de hotel y de lugar de reunión de la alta burguesía local. Al entrar en el recibidor les sorprende, a su derecha un gran mural representando la insurrección Azteca contra los conquistadores y a la izquierda un gran retrato del presidente de la república Profirió Díaz.
Al continuar la visita, penetraron en un enorme salón con unas paredes cubiertas con cuadros de héroes de la independencia y, sus muebles eran de madera oscura con incrustaciones de oro y en el resto del salón destacaba sus tapizados de terciopelo de un rojo vivo con gruesas sedas bordadas. Las bóvedas del techo estaban pintadas con frescos de figuras mitológicas de dioses y diosas, sentados en espléndidos tronos con multitud de adoradores. El salón comedor era también de gran lujo y fue donde se les ofreció una suculenta comida acompañada con los mejores vinos y licores de la región. Al terminar se dirigieron a una pequeña galería cerrada por una lujosa balaustrada coronada por dos bustos romanos y al fondo un magnifico jardín.
Al volver de nuevo al salón vieron llegar a un hombre que las gentes y servidumbre dejaban pasar colocándose con rapidez a los lados de la sala. El personaje marchaba con paso firme golpeando con fuerza sus botas de caña en el mármol y, lucia a la vez dos magníficos revólveres al cinto, un gran sombrero de filtro adornado con una águila y en sus hombreras las insignias de coronel. El coronel al llegar a su altura sé a rascó la cabeza por debajo del sombrero y con voz recia les dijo: – Todo esta listo, nuestras gentes se muestran conforme y son ustedes nuestros invitados. Después el soldado que le acompañaba nos indicó con un gestó de cabeza que le siguiéramos y al mismo instante el coronel cuadrándose ante Linda volvió a decir: – Por favor señorita pase a platicar conmigo al salón de enfrente.
Según cuentan de Ortega, que era como se llamaba el coronel salió un día de Mérida; monto a caballo para seguir a los vengadores de Madero y derribar a su asesino Huerta. Su proyectó fue dedicarse a la guerra y a los treinta años ya se vio elevado al grado de general de brigada. Su astucia de campesino le hizo saltar oportunamente de un grupo a otro en las contiendas civiles, adivinando siempre quien iba a triunfar. Por el momento este futuro general era un esbirro de Profirió Díaz que parecía eterno; hasta que Ortega sé sintió contagiado por el afán de poder y termino siendo fusilado como Madero, un hombre bueno que fue cazado a balazos como también el alcohólico Huertas que acaba sus días en una cárcel de los Estados unidos y el viejo Carranza termino también asesinado.
Por la noche el coronel les ofreció una cena en los locales de la capitanía, donde estuvo acompañando de Guadalupe su mujer. El coronel al presentarla como simple campesina repitió con orgullo que ella no dudó en seguirle cuando era capataz, dejando el trabajo par irse como él con los “revolucionarios” y Ortega remarca también que la mujer mexicana debe ir a todas partes con su marido y misma a la guerra si era necesario. Durante las marchas ellas siempre iban en la retaguardia, y cuando el momento era angustiado, la hembra se mezclaba en la pelea para sostener al compañero herido y seguir disparando tiros. Juana vivió así hasta que Ortega a los veinticinco años se vio coronel y a los treinta ya era general. Guadalupe hizo marchas interminables a pie o a la grupa del caballo de su hombre. Esto no duro tanto pues Ortega obtuvo rápidamente sus primeros ascensos y por su astucia se elevo sobre la muchedumbre de la soldadesca. De Guadalupe hay que destacar también su descendencia india y española, lo que la hacia poseer una belleza extraordinaria que en toda ocasión Ortega no dejaba de halagar.
A la pareja cuenta que la volvieron a ver años más tarde en la capitanía de la Capital Federal con esplendores de lujo. Pues Guadalupe dentro de su modestia, se limitaba a llevar en esa época con simpleza media docena de sortijas de brillantes, un reloj con pulseras de platino en cada brazo y un tercer reloj no menos grande colgado en el cuello. Así se mostraba por las tardes a la admiración publica, ocupando uno de los ocho automóviles que poseía el “héroe”; pues no valía la pena haber hecho una revolución para verse privado de realizar sus gustos y eso que Ortega siguió siendo un enemigo inexorable del robo. Aplicando sin compasión, como tantos otros “revolucionarios”, la pena a los demás de los decretos de su dictadura revolucionaria. El escritor valenciano Blasco Ibañez, que fue corresponsal de un gran periódico norteamericano en los momentos más difíciles de la revolución: – Decía en sus artículos que este tipo de militar sin escrúpulos, fue la causa determinante del fracaso de dicha revolución.
Ortega y su mujer se despidieron, ofreciéndoles su mediación en la persona de Don José Madero. Ya que este les había invitado, a pasar unos días en su hacienda o “Rancho” hasta la llegada de la reunión. A continuación les pone al corriente del personaje de Don José, de los que unos ríen por creer en su insignificancia y otros tenían miedo de su enigmática bondad. Este terrateniente era el padre de Francisco Ignacio Madero el “revolucionario”, que años después fue el autor del programa político que desencadeno el proceso que habría de convertirse en la revolución mexicana.
Al parecer este carismático personaje estudió en la Universidad de California y como sé vera después procedía de una familia terrateniente de cuya hacienda se ocupo al regreso de California.
Al regresar al casino, Linda pide a Martín visitar el jardín, por ser una aficionada y enamorada de la jardinería. Este hermoso jardín se hallaba situado sobre un rectángulo comprendido en el cuerpo principal interior del edificio. Hay que precisar que a los lados se alineaba en lujosas macetas flores de todos los colores y bien cuidadas, pero el resto del jardín lo ocupa un solo árbol conocido por el nombre Koa, el cual cubre con su cúpula casi toda la totalidad del lugar y, su tronco en realidad es una agrupación de varios troncos y sus ramajes tocan los ventanales del casino a pesar de que se encuentren a distancia. Después en un discreto rincón del jardín Martín abraza a la mulata con fuerza, mientras en el interior del casino suena una orquesta de mariachis con sus fuertes cantos que los México se conocen como “Rancheras”.
A las doce del día siguiente fueron obsequiados con un almuerzo puramente mexicano, y al salir del casino tres excelentes caballos ofrecidos por el coronel les esperaban en la calle sujetos por dos militares con los rostros encajados, cruzados de brazos y furiosos por su tardanza. Los militares les entregaron de mala gana unos fardos que contenían comida y la mercancía necesaria para su viaje. Después, sin decir nada giraron ambos sobre sus talones saludando militarmente y perdieron por la plaza.
Al observar el mapa que Linda guarda con esmero, la pareja comprueba que su próxima ciudad seria Dzibalche. La Península del Yucatán en el extremo noroeste del territorio es llano donde predominan las tierras calizas y su clima varia según la altura. Pero hay que destacar que en las franjas costeras que no son muy elevadas, reina un clima caluroso y seco y la agricultura se limita apenas con pastos para el ganado. En el sudoeste se desarrollan como en los planos el cultivo y a partir de los 500 metros predominan los bosques de cocoteros y más arriba en el altiplano se encuentran las selvas.
A lo largo del día y al trote, encontramos grupos de indígenas que marchan por los caminos y es curioso como a la cabeza marcha siempre sin mirar nunca hacia atrás el hombre calzado y con su machete en la mano. Mientras que la “vieja” siempre va seguida de una tropa de hijos descalzos. Estas excéntricas costumbres las veremos a lo largo de nuestro viaje pues aun se mantienen en el tiempo por su pobreza y la cantidad de etnias indoamericanas que existen en México.
De las etnias que dominaron el Yucatán, sin duda la más importante; fue la de los “Mayas” que crearon una de las civilizaciones más avanzadas y poderosas del ámbito Mesomericano. No obstante, las crisis del periodo Clásico comparten la emigración desde México con elementos “Toltecas” que dominaba la parte baja del Yucatán creando la liga “Mayapan” que es donde sé encuentran. Lo que más les sorprende es el gran parecido entre estas gentes y pues destaca en ellos su gruesa cabeza y pequeña estatura.
Al llegar a Dzitbolche, la noche había cerrado. Lo que les impidió no poder observar gran cosa de la ciudad y cuenta también que la hostería donde se hospedaron no reunía condiciones para hacer frente a ese calor insoportable, así como a su cantidad enorme de mosquitos y que allí los llaman “zancudos” hicieron su agosto.
Al día siguiente, aprovechando el frescor de la mañana, se dirigieron a Campeche capital civil del Estado de (Campeche). Esta ciudad se encuentra en el golfo de México y su paisaje esta cubierto de cocoteros y una maleza baja debida a la continua explotación del hombre para aprovechar los terrenos llanos próximos al mar. El Estado de Campeche es uno de los más hermosos de México, con sus zonas arqueológicas, bosques, sus playas del golfo y su bella ciudad amurallada la cual cuenta con un hermoso centro histórico. Las murallas fueron construidas para la defensa de la población ya que en el pasado, Campeche sufrió grandes saqueos por parte de piratas extranjeros, atraídos por las inmensas riquezas con que contaba la ciudad.
Al llegar a Campeche y antes de instalarse en la hostería, se dieron un paseo para conocer esta ciudad costera. Al marchar por sus calles que conducen todas perpendicularmente al puerto, les sorprendió como las gentes de este lugar se asomaban a las puertas y les saludaban inclinando la cabeza con simpática reverencia después de haberse quitado el sombrero.
Poco después, una tempestad clásica de estos países tropicales hizo su aparición. Es curioso como estas se desarrollan con tanta rapidez ya que apenas tuvieron tiempo para resguardarse en un edificio publico cerca del puerto. La tromba de agua fue abrumadora y cayo en masa compacta como si el cielo azul celeste fuese hecho de una laguna que se derrumbase de golpe. Al poco tiempo, la lluvia siguió cayendo pero con una dulce insistencia que les permitió volver al hostal situado en el centro de la ciudad.
Según se alejaban de Campeche, los caminos a los pocos kilómetros desaparecen para pasar a ser terreno infranqueable y siguiendo los consejos de unos campesino continuaron por la orilla del los ríos dado que todos conducen al norte. Al seguir el cauce del río Chapetón y atravesar el pueblo del mismo nombre sin descabalgar, observaron que apenas quedaba gente en las casas y en las calles algunos niños de color les siguieron imitando el trote de los caballos. Después sigue contando que fue después de salir del pueblo de Chapetón que penetraron en zonas cada vez más ricas en vegetación baja y, esto anuncia la presencia de terrenos agrícolas y por tanto la hacienda. Así fue pues al atravesar un río y subir una colina divisaron un inmenso valle, que el hombre con esfuerzo había recuperado a la naturaleza para establecer ricas plantaciones de palmas aceiteras, café, cacao y otras plantas como la caña y el tabaco y ya fue al descender después por el valle que unos campesinos les comunicaron que se encontraban en la hacienda de Don José.
La hacienda de Don José Madero era inmensa, y dejo perplejo a Martín, acostumbrado a los pobres minifundios de Castilla y Linda aprovecho el momento para decirle que solo el 8% de la población posee el 90% del territorio mexicano.
Al descabalgar frente al gran edificio aparecieron unos muchachos para sujetar los animales para conducirlos a las caballerizas y al dirigirsé a la puerta principal. Un señor que llevaba puesto un gran sombrero, y que iba acompañado de una elegante señora, les salió al paso y les invitó a entrar a un gran salón donde se hicieron las presentaciones. Don José al dirigirse a Linda no dejó de halagar al padre y tío de la mulata, dando razones de que él propio José Martí, gran amigo de la familia y personalmente de su hijo pasando largas temporadas en su hacienda y en ella escribió parte de sus versos.
A continuación les presentó a su mujer Isabel, agregando el nombre de su esposa con sus múltiples apellidos de la nobleza española, que Martín no llegó a recordar; pero a los que Don José hizo grandes elogios. Como Doña Isabel permanecía impasible, el hombre creyó oportuno recordar otra vez la historia de Cuba, y después prudente, volvió con ironía a halagarla, diciendo: – ¡Como usted sabrá no hay como las mujeres para conocer las historias, pero nosotros solo sabemos personalmente de ellas lo que ellas quieren contarnos!”. Doña Isabel lo escucho frunciendo el entrecejo y moviendo la cabeza pero se apresuro a decir también: – ¡No, sigas!. – Todo esta bien. – Pasemos al salón a lo que Linda para cumplimentar su hospitalidad, dijo a Don José mirándole a los ojos: –Ustedes son los únicos que ven claramente nuestra situación y los únicos que pueden salvarnos. En la frase de Linda había tanta tristeza que Don José y su señora hablaron al unísono para decirles que podían contar con ellos y que pese a que marchaban al día siguiente para Veracruz la casa quedaba a su disposición, agregando que forzarían a sus amistades para que apoyaran nuestra causa en Cuba.
CAPÍTULO XIV
La instancia en la hacienda fue corta pero maravillosa y les permitió ser el punto de partida para visitar esta fantástica región. Con su mapa y con la ayuda de los nativos, entraron en conocimiento de que a unos cuarenta kilómetros existían unas cataratas que estaban consideradas como las más hermosas de América del sur. No por su caída que no era pronunciada, sino por su agua azul, que en su amplitud crea un abanico de espuma sorprendente y en su amplio remanso forma una especie de laguna que los nativos llaman con gran acierto el lago Azul.
Al día siguiente de su llegada y horas después de que la familia Madero dejara la hacienda, deciden visitar los alrededores y cuenta que quedaron sorprendidos ante el maravilloso jardín que rodeaban la señorial casa. Al penetrar en ellos, lo primero que llama la atención, es lo bien cuidado que estaba, pues en él había, miles de flores de todos los colores; así como arboles trasplantados de todos los países, que se desarrollaban con una exuberancia fantástica y lo que más lo más chocante fue como los nativos que lo cuidaban mostraban sus torsos desnudos a la vez que los miraban con una timidez casi infantil.
A la mañana siguiente y con un sol radiante, ensillaron los caballos para ir a visitar este famoso lago azul. Los consejos de los nativos, era el seguir simplemente la contracorriente del río que pasaba a pocos kilómetros del edificio y al dejar las construcciones de nuevo observan como grupos de trabajadores con el torso también desnudos y con el clásico pantalón blanco que las indias confeccionan con gran maestría. Estas cuadrillas de trabajadores que en algunos grupos supera los cincuenta, cortaban la caña de azúcar con gran destreza; mientras detrás, otra cuadrilla de mujeres acompañadas de niños con no más de 10 años amontonaba los tallos cortados.
Al seguir cabalgando por los caminos se aprecia también, una tierra rojiza que da vida agrícola a esta parte de la península. Más tarde ya los caballos notaban la subida y mismo si la pendiente del terreno no era muy pronunciada, su denso follaje les causaba complicaciones. Al poco tiempo, les sorprendió una banda de cuervos que en bandadas se dejaban caer sobre los campos de caña, cubriendo como sabanas negras el verdor de estas plantaciones. A la vez, por las orillas del camino vieron avanzar en fila india a mujeres con fardos en la cabeza y pies descalzos arrastrando pegados a sus faldas una prole niños con los pies desnudos.
Al llegar a la loma del valle surgió la selva, siendo tan densa su vegetación que los caballos encontraban grandes dificultades para avanzar y al jalearlos nuestro murmullo hizo que numerosos pájaros de plumas multicolores rebotaran en los arboles. Esta selva se extiende hacia el sur del Yucatán y en una zona llamada (Becachea) se alarga extensamente la selva tropical. Al parecer estos arboles al llegar la época seca pierden sus hojas una vez al año. Esta densa vegetación se sienta en suelos con buen drenaje haciendo que los arboles alcancen los treinta a cuarenta metros, con un volumen enorme, siendo el más conocido el Zapote y la Huaya. Ante esta espesa maleza se vieron obligados a echar pie a tierra, para poder pasar este gigantesco jardín y sin perder el río marcharon a contra corriente para poder avanzar.
Al atardecer llegaron al lago azul donde Martín cuenta que su admiración fue inmediata. Al pasear por los lados del lago se percibe que realmente lleva bien su nombre ya que en su agua de un claro inmaculado se observan pasar por el fondo un banco de peces. Al contemplar mas detenidamente el conjunto de la laguna, les sorprende como en su fondo la caída de estos arboles gigantescos y a cuya dureza se añadía las aguas bien oxigenadas producían un fondo nacarino. Al extremo del “lago” se encuentran las famosas cataratas que los nativos conocen con el nombre de Misol-Ha. Estas cataratas, al ser extensas y de no más de cuatro metros de altura crean en las diferentes etapas de su caída un espectáculo inolvidable. Alrededor del lago hay colinas cubiertas de un verde limpio y luminoso; donde deciden pasar la noche. La noche fue larga y ruidosa dado el continuo murmullo de pájaros y animales que con su algarabía habitual apenas les dejaron cerrar los ojos.
Al amanecer, por un camino robado a la selva se dirigen a Santo Domingo de Palenque, un pueblo cuya mayoría de habitantes vive del tabaco, la caña y el cacahuete. Este pueblo toma importancia al ser paso obligado de las gentes que descienden de la sierra del Estado de Chiapas, ya que las diferentes etnias que viven en las selvas marchan jornadas enteras con el fin de vender sus productos en el mercado de Santo Domingo de Palenque.
En esta población pasaron la noche y al atardecer recorrieron las calles observando que sus gentes son en su mayoría de raza Maya y cuenta que en su paseo apenas cruzan gentes de tez blanca. En sus calles los indios les ofrecen toda clase de trabajos artesanales y especialmente pájaros de unos colores sorprendentes y en su intencionado regateo nos prometen que estas aves hablan con gran facilidad.
La noche no fue mejor que la anterior, pues a pocos metros de sus aposentos se deslizaba un río con un pronunciado salto de agua, que producía un ruido ensordecedor y esto hizo que abandonasen el pueblo al amanecer. Pero como la noche anterior al hablar con los nativos, estos les informaron que a tan solo tres kilometro existían unas las ruinas de una ciudad Maya que descubriera un profesor americano y que hoy son conocidas con el nombre de Palenque decidieron visitarlas
La visita a la antigua ciudad Maya de Palenque fue inolvidable. Sus ruinas representan la grandeza de la civilización Maya posiblemente la más importante México. Estas ruinas como bien he dicho se encuentran en el Estado Chiapas y muy cerca del pueblo de Santo Domingo del Palenque de donde deriva su nombre. Las ruinas de la ciudad fueron desapareciendo con los años bajo la frondosa selva tropical hasta que fueron descubiertas en 1785. Estas están constituidas por plataformas sobre las que descansan pirámides de piedras trabajadas, rematadas por templos abuhardillados. La construcción principal, conocida como “El Palacio”, tiene 65,5 metros de longitud y descansa sobre una base troncopiramidal de la que sobresale una torre de 3 pisos y esta es una de las pocas que se conocen en la arquitectura Precolombina.
A los alrededores se encuentran algunos poblados de diferentes etnias, que viven de la caza, que es abundante en esta península del Yucatán y cuyo nombre en lengua Maya se denomina: – La tierra del faisán y del venado. Después estos a cambio de unas monadas, les ofrecen algunas piezas de esta caza y Linda fascinada por la vida peculiar de estos indígenas le pide visitar una de estas etnias que apenas cuenta ya con una veintena de familias.
Al llegar al poblado de los indios Tzetales, observaron que todos vestían unas túnicas blancas confeccionadas por ellos mismo. El poblado estaba constituido de una docena de chozas. Esta pequeña casa del Maya, es de plano oval y esta construida sobre armazón de fuertes troncos de árboles y el techo de forma característica se fabrica con ramas sujetas con lianas. La techumbre seta cerrada con zacate o con palmas de guano, tan bien tejidas que pueden permanecer varios años sin ningún deterioro. Rara vez falta, junto a la choza un naranjo o un ciruelo tamarindo a cuya sombra lava la mujer Maya. Apasionada esta la mujer Tzetale por las aves de corral y las plantas a las que cuida con esmero y amor regándolas para que crezcan fuertes y lindas en vista de poder ofrecer a su Dios preferido una remita de estos árboles.
Estos indígenas siguen adorando y respetando sus costumbres como si el tiempo no contara. Al parecer su extinción no es debida más que al avance de la llamada “civilización”, y para estas etnias que sobreviven en la selva su único instinto o subconsciente se basa en la madre naturaleza; pues su semejanza a la vida de cualquier animal, es idéntica. Lo que demuestra que la conciencia humana, posee la misma naturaleza física que la conciencia animal en general. Pues mismo si poseemos una inteligencia y nos creemos humanos, el hombre con relación al reino animal no ha cambiado ni el ritmo de sus pasos, ni el de los latidos de su corazón y en el fondo ni tan siquiera la duración de su existencia.
CAPÍTULO XV
Al salir de Palenque para coger el camino que serpenteando se dirige a San Cristóbal de Las Casas. Los caballos comienzan a resoplar y babear, por la continua subida del terreno sobre el nivel del mar y esto hace que cambie el clima sintiéndose cada vez más denso y sofocante.
El declive del Yucatán es sorprendente debido a su topografía; siendo el clima cálido en las partes bajas y templado en las mesetas y montañas que reciben la influencia de los “Alisios” (Vientos que soplan entre los trópicos en dirección del Oeste) ocasionando a veces ciclones tropicales. Por esto el estado de Chiapas junto con los estados de Veracruz y Tabasco cuenta con la mayor superficie de bosques y selvas tropicales. No obstante, el estado de Chiapas es bastante heterogéneo, pues se distinguen dos zonas montañosas: la “Sierra Madre de Chiapas” y las montañas del norte, conocidas como sierras de la Independencia y San Cristóbal. Por eso después de una dura jornada, se detuvieron en Candelaria, para comer en una fonda situada al pie del solo camino que existe para llegar a San Cristóbal y fue solamente al atardecer que ganaron el plano al situarse ya en los llanos de San Cristóbal y es partir de aquí cuando percibe en los oídos esa sensación de dolor que surge cuando se sobrepasan los 2.000 metros de altura.
La pequeña ciudad de Candelaria, se encuentra a pocas horas de los llanos de San Cristóbal de las Casas, pero a pocos kilómetros de la ciudad ya se empieza a encontrar gentes que se dirigen a la catedral para celebrar el domingo de Ramos. Cansada de su montura y por la imposibilidad de avanzar entre la multitud de gente que se dirigía a la catedral. La primera en desmontar sin abandonar las riendas a la llegada de San Cristóbal fue Linda y unos metros más adelante lo hizo el resto de los jinetes debido a las mismas razones y al cansancio provocado por el cambio tan brusco de altitud.
Con las riendas en las manos avanzaron lentamente por la calle central que conduce a la Catedral y el lugar más céntrico de la ciudad. Los vecinos de San Cristóbal poco acostumbrados a ver extranjeros, se fijaban con descaro en ellos y a la vez un grupo de niños descalzos impedía prácticamente su avance con sus juegos. Más adelante, a medida que se acercaban a ella, la muchedumbre se hizo más compacta. Eran peregrinos salidos de las selvas y de las sierras e incluso llegados del bajo Yucatán. Por esta multitud de personas apreciaron la importancia religiosa que tiene para ellos esta Catedral, donde se encuentran los restos del Franciscano Bartolomé de las Casas; fraile que dedico su vida a la defensa de los indios y especialmente en la zona del Yucatán.
Los españoles cuando se instalaron en el “Nuevo Mundo”, anhelaban siempre encontrar ciudades con tesoros enormes y, cuando Hernán Cortes conquistó la península del Yucatán, lo primero que hizo fue traer de España materiales de construcción naval, que desembarcados en Veracruz, sirviendo para construir todo tipo de embarcaciones con el fin de explorar las costas desconocidas. Estos navegantes creyeron descubrir en el Yucatán una gran isla, cuando en realidad no era más que una península.
Los Españoles, tardaron siglos en colonizar el alto del Yucatán limitándose a establecerse en la costa. Colon y Juan de la Cosa, no llegaron a creer que el Yucatán fuese tierra firme, recibiendo por eso la gobernación de la denominada Castilla del Oro, que se extendía desde el Panamá hasta Honduras. En realidad, fueron las manos de Hernán Cortes que forjaron el imperio de “Méjico”. Poco después, el Franciscano Bartolomé de las Casas, se estableció en estas tierras y no dudo en enfrentarse a la propia Roma para defender estos pacíficos indios que permanecían fieles a sus tierras labradas por sus antepasados y que ellos querían ofrecer a sus descendientes. Estos indios bravíos no se dejaron esclavizar a pesar de la muerte de no menos de seis millones de ellos. Bartolomé de las Casas en su defensa, consiguió suavizar la leyenda negra de la España colonial en América, con su enfrentamiento con Roma que llego hasta su famosa (controversia de Valladolid). La iglesia en gran parte no reconocía al “indio como ser humano” y sí como animal. El valor de este santo barón fue el de conseguir convencer a la toda poderosa “Santa Inquisición”, de la posibilidad de su evangelización en tanto que ser humano.
Debido a la multitud y ante la imposibilidad de acercarse en ese momento a la Catedral; decidieron dejar los caballos en la posada. Para después saborear con apetito la típica comida del lugar, que no era otra que unos frijoles con sus correspondientes tacos de maíz. Terminada la cena decidieron entrar en la Catedral y su hermosa fachada principal era de una arquitectura barroca similar a tantas otras existentes en la América Hispana.
Nos fue fácil aproximarse a la tumba del santo barón. Pero si tuvieron el tiempo de observar a estas gentes, que al mezclar la religión católica con sus anteriores dioses, se confunden con la superchería. La verdad es que al día siguiente visitando un poblado conocido como San Juan de Chamula a pocos kilómetros de San Cristóbal, les sorprendió que esta etnia conocida como los Chamullas; continuasen sus ritos Mayas, sin renegar a la iglesia a la que acudían periódicamente. Cuenta que fue al entrar en la iglesia del pueblo y al observar sus rituales le sorprendió su intenso olor a incienso. Estas gentes absorbían bebidas gaseosas mientras rezaban, para después según sus creencias eructar fuertemente con el fin de hacer salir los espíritus malos; a la vez que con huevos de gallina se golpeaban la cabeza hasta romperlos. Al romper el huevo y eructar, sus creencias les hacen pensar con toda seguridad, que el mal espíritu que anida en su persona enferma va a salir y su enfermedad pasara a la gallina. Después continuaban rezando a sus antiguos dioses, cuyos nombres de origen cambiaban por los nombres de los santos de la iglesia católica.
Como a Santo Domingo de Palenque, San Cristóbal de las Casas vive en su mayoría del cambio y del trueque y los demás días de entre semana es un pueblo tranquilo hasta que el sábado acuden a su importante mercado gentes de todos los alrededores. En este mercado se encuentran productos de todo lo que la región produce y en especial artesanía muy variada. Los indios salían de las profundidades de la selva de (Lacandon), refugio de siglos de estas etnias cuando lo conquistadores intentaban dominarlos. Otros más desarrollados y habituados a la “civilización” llegaban de la sierra Madre de Chiapas que culmina en el volcán Tocanà a 4.092.
Lo que sí es evidente es que en ninguna parte de México se puede apreciar tantas etnias, si bien la mayoría son Mayas; existen también los Tolteques, los Mames y la amplia liga de Mayapan. Todos se mezclan en este gran mercado, que solo el de Tuxtla Gutiérrez capital del estado de Chiapas puede tal vez rivalizar con este. Es curioso ver subir desde el valle que riega el Cañón del Sumidero, hasta los 2000 mil metros de San Cristóbal a estos indios que caminan por senderos difíciles, con el propósito de llegar pronto al mercado para vender sus productos y a la vez abastecerse con otras mercancías que les son necesarias. Como en todo México, siempre el hombre va delante macheteando las matas silvestres que impiden el paso, mientras el resto de su familia o su “vieja” e hijos le siguen penosamente cargados como mulas y siempre con los pies descalzos.
A la puerta de la fonda y, mientras preparaban su salida, un grupo de niños curiosos admiraba la destreza de Botero ensillando los caballos. Linda terminaba de calzarse las botas de montar, Martín rendía cuentas a la señora de la fonda y momentos después de la salida del sol abandonaban San Cristóbal de las Casas.
Según, les indicaron en la fonda. La distancia hasta Veracruz donde tendría lugar la reunión, seria a próximamente dos días. La bajada de la sierra hacia el golfo de México es menos dura, los caminos son buenos para la caballería y como previsto a las tres de la tarde cruzaban ya el pueblo de Acayucan a unos 150 metros sobre el nivel del mar. Para después continuar en dirección de San Juan Bautista, don pernoctaron después de una bajada sin fatiga.
En su bajada hacia el golfo, cruzaron varios ríos pero el más importante es el río Grijalva. La escasa inclinación del terreno y el considerable caudal que presentan las corrientes que descienden desde los relieves montañosos de la sierra de Chiapas; provocan a menudo inundaciones de grandes extensiones. El cauce del río Grijalva se divide en varios brazos y genera un área pantanosa con numerosas islas fluviales. “Tierra anegada” la llamaban los Mayas que ocuparon estos lugares, junto a los Almecos.
En la fonda de San Juan Bautista, Martín observa como Linda, no se retiraba de la ventana y siguió inquieta y distraída hasta que más tranquila termino por alejarse de ella. Martín la miraba con ojos compasivos pero Linda siguió nerviosa el resto de la noche, pensando en la responsabilidad que la próxima reunión podía aportarla ante su pueblo. Poco a poco la mulata termina por sonreír y mirando a Martín bajó sus ojos para fingir simplicidad.
A la mañana siguiente galoparon con el fin de llegar lo más pronto posible a la ciudad de Veracruz y después de cruzar la villa de Coatzacoalcoa entraron en ciudad. Al llegar al hotel indicado y después de entregar los caballos tomaron una apetecida ducha se vistieron con ropa más adecuada. Martin recuerda en sus apuntes y con insistencia que Linda que seguía nerviosa y repetía que por fin había llegado el día tan esperado. Al asomarse de nuevo a la ventana, Linda inquieta observa como grupos de federales controlaban las calles céntricas de la ciudad e intranquila llamó a Martín para recordarle de nuevo la importancia de dicha reunión.
A media mañana un alférez del ejercito federal y más derecho que una vela se presentó en el hotel con actitud marcial preguntando por Linda Maceo. La muchacha que estaba preparada con su espléndido vestido, contestó inquieta su identidad y el oficial a la vez nervioso bien sea por su color o su belleza guardó un corto silencio que sorprendió a Linda. El oficial al ver a Martín del brazo de Linda les dijo con un saludo militar, que Martin no podía acompañarla.
Frente al hotel esperaba un carruaje de cuatro ruedas, conducido por un hombre de color y cuando Martin creyó que Linda le daba la espalda sin despedirse. Ella se volvió sobre sus pasos para darle un beso y un abrazo y pedirle que le deseara suerte.
Al llegar frente al edificio, salió a recibirla el propio Máximo Gómez que después de abrazarla, la invita cogiéndola de brazo a penetraron al interior del edificio. Una vez en el interior, fue donde Linda descubrió con sorpresa ese suntuoso palacio. A la entrada varios hombres pertenecientes a la guardia federal se inclinaron a su paso y a continuación les abrieron las puertas del recibidor que conducía a un primer salón y más adelante a otro que era superior en lujo.
Aquel momento según cuenta más tarde Linda, quedó gravado en su memoria. El salón repleto de gente, la sorprendió y aumento su nerviosismo al ver los jóvenes periodistas moviéndose enloquecidos detrás de los personajes que a ellos les parecían más importantes. La llegada de Linda provocó un gran revuelo y todas las miradas se dirigieron a la mulata que según dicen rebosaba de hermosura. El alférez que la recogió fue el encargado de servirle de interprete y Linda fue saludando a diferentes personajes vestidos con gran elegancia. El joven oficial no tardó en presentarla a la persona más importante de la reunión que no era otro que el propio Tehodore Roosvelt. Este después de un elegante saludo, le pidió al alférez que se callara para decir el mismo y en un pobre Español: “ Siento mucho la muerte de su padre y tío, señora”. Linda nos recuerda que Roosvelt fue nombrado posteriormente presidente de los Estado Unidos. A continuación, Máximo Gómez con respeto y elegancia hizo las presentaciones de Masó y Moncada figuras legendarias de la revolución cubana y después de las presentaciones pasaron a un gran salón con una mesa rectangular donde cada uno tenia su sillón reservado.
La reunión de la mañana sirvió para que las diferentes corrientes de opinión pudieran expresarse y a medio día se sirvió una deliciosa comida que los comensales apreciaron con gestos que no dejaban duda de su excelente calidad. Más tarde y después que los hombres saborearan los excelentes puros cubanos. La reunión continuó todo lo largo de la tarde y al final por unanimidad se decidió solicitar al presidente norteamericano William Mac-kinley su intervención en la guerra.
Al día siguiente de la reunión y después que los norteamericanos abandonaran el puerto. Los representantes cubanos se reunieron de nuevo, con el fin de crear una estrategia común y al mismo tiempo distribuir responsabilidades para la situación que en el país tendrían que enfrentarse. A esta reunión si que fue invitado Martín, el cual recibió de manos de Máximo Gómez el nombramiento de capitán del ejercito cubano y a Linda le recayó la responsabilidad de contactar y coordinar con las demás fuerzas políticas de la isla y así poderlas convencer de las decisiones tomadas en dicha convención.
Esta nueva responsabilidad les obligó de nuevo regresar urgentemente a Cuba con el fin de poder de convencer a ciertos dirigentes de no pactar con los generales del gobierno de Madrid. Pues pocos días después de la reunión de Veracruz, las cosas cambiaron dando su fruto y el 9 de octubre por decreto real se destituyó a Valeriano Weyler de la Capitanía General de Cuba; nombrando en su lugar, al general Ramón Blanco y al negociador Arenas que fueron mucho más contemporizadores. Sus primeros trabajo fueron decretar el 6 de noviembre una amplia amnistía para los presos políticos en las Antillas.
Conocedores que Blanco y Arenas solo pretendía dividir la política independentista intentando negociar con ciertos lideres rebeldes una autonomía para la isla. No fue fácil la misión pues Martín cuenta en su diario que apenas un mes después de la reunión les sorprendió el hecho que el 2 de diciembre se ponía fin a las hostilidades en Filipinas tras suscribir la paz de (Biocnabató) y este cambio en la política española alteró la estrategia de la insurrección y de sus representantes.
Terminada la reunión en Veracruz. Cada responsable se dirigió a la parte de la isla donde seria más útil; menos Tomás Estrada Palma que como responsable de relaciones exteriores los reunió a los dos con él propósito de darles las orientaciones a seguir en sus encuentros con los diferentes partidos políticos de la isla, no obstante sé decidió que mantendrían continuos contactos con él. Más tarde, recuerda Martín que Estrada Palma fue presidente de la república Cubana.
La Habana seria su próxima ciudad, que Linda conocía bien por haber pasado más de diez años en ella y, recordaba bien esa época cuando su padre y su tío Antonio Maceo eran respetados, admirados y temidos porque tras ellos había diez años de lucha. Por eso cuando, “en plena guerra en la paz” regresaron a Cuba, los jóvenes blancos, que por entonces paseaban por la famosa “acera del Louvre”, (versión Habanera de la puerta del sol) les saludaban respetuosamente y les invitaban a sentarse en sus mesas en el café. Todo el mundo sabia y Linda recuerda, que su tío y su padre se paseaban pacíficamente por la Habana y recibían fajines bordados por las “señoras y señoritas de la sociedad”. ¡La buena época! Cuenta Linda a Martín.
La verdad es que Antonio Maceo era un general montado en el caballo de la guerra. Hasta que fue expulsado de Cuba por el capitán general Camilo Polavieja; uno de los gobernadores que mejor conocía Cuba. Esta explicación convenció y a la vez, tranquilizo a Martín, dado que su misión era la de convencer a unas serie de fuerzas políticas legales o semi-legales, ligadas a los intereses económicos de los Estados Unidos. No obstante, Estrada Palma les dio carta blanca para innovar en sus contactos. Entendiéndose por ello, que toda política puede cambiar por cualquier elemento importante que pudiera surgir; como fue la reunión en México.
Por una información fidedigna se sabía que a partir del 1891, peninsulares disidentes rompieron, la hasta entonces monolítica unidad española y fundaron él (PR) Partido Reformista. De su máximo jefe, Francisco Frías Jacot Conde de Pozas Dulces sé sabia de él, que a mediados de siglo este individuo ya fue condenado por anexionista a Estados Unidos y por eso más tarde que se erigió líder del reformismo Criollo. Otro grupo al que tendrían que convencer era el propio partido Liberal Autonomista, también de raíz Criolla, cuyo presidente dijo: – “ El azúcar es el cordón umbilical que nos une a los EE.UU ”. Martín recuerda que Estrada ya les dijo en México que había que tener en cuenta que el primer productor de azúcar en el mundo era Cuba y, en su momento, los Estados Unidos ofrecieron a España comprar la isla, como en su día compraron la Península de la Florida por diez millones de dólares.
Según cuenta Martin, en esta delicada emisión sin la menor duda les favorecía el que en su maleta guardaban documentos de gran valor, donde se precisaba la posible intervención norteamericana en la isla y como advertencia a la vez y según documentos últimamente recibidos se les comunicaba que los Estados Unidos habían entregado al gobierno de Madrid un ultimátum para que en un mes se iniciaran las negociaciones con los insurgentes Cubanos. Por todo esto, ellos guardaban como la mejor opción en su valija diplomática la conveniencia urgente de formar un gobierno provisional.
CAPÍTULO XVI |
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Publicado: Sab Sep 08, 2007 3:24 pm |
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Gracias y se sigue
CAPÍTULO XVI
En un buque de grandes dimensiones que hacia su travesía entre México y la península de Florida, zarparon al día siguiente y fue Estrada Palma que se encargó de sus pasajes así como de los tramites de su salida después de la Florida a Cuba.
Fue al anochecer, embarcaron en el puerto de Veracruz para terminar su travesía en el puerto de Tampa. “¡Adiós Veracruz!” Ciudad que Martín, años después recordaría con tristeza el resto de su vida... Sus cabinas eran de lujosas, amplias y con una decoración dulzona y tierna; pero lo que más les gustó de este inmenso buque es que les permitía pasearse y discutir los pormenores de su misión, a la vez que podían observar la infinidad del mar.
Durante el trayecto, el buque hizo escala en Nueva Orleans, ciudad situada en el estado de Lusiana, situada en el área meridional de los Estados Unidos. Nueva Orleans ha sido siempre famosa por su genuina y alegre mezcla de culturas y por ser uno de los más importante puertos de los Estados Unidos.
Al pasear por el recinto de la antigua colonia se deja ver el “Vieux Carré”, también conocido como barrio francés. En el centro del Vieux Carré se encuentra la plaza Jackson, alrededor de la cual esta la catedral de San Luis y por la zona septentrional de la ciudad se extiende un amplio parque que limita con el lago Pontchartrain. En 1699 el explorador Francés Jean Baptiste le Moyne, visito la zona y encontró pequeñas aldeas de pueblos Quinipissa y Tanquipahoas y al darse cuenta de la importancia de la región fundo una colonia en el año 1718. Hasta que en 1803, fue adquirida por Estados Unidos a través de la denominada “compra de Luisiana”.
Embarcados de nuevo, solo les queda llegar al puerto de Tampa, fin del viaje. El trayecto fue apacible y el tiempo como el cielo lo tuvieron a la vez con ese sol puro que parece rejuvenecer todos los días la vida. A la Florida vino Ponce de León, desde Puerto Rico en busca de la “fuente de la juventud”- (eterna esperanza del hombre). En Tampa pasaron la noche de su llegada y al otro día les condujeron a un recinto militar para entregarles la nueva documentación donde se les acreditaba como de súbditos Americanos dedicados a la exportación de azúcar. Lo que les permitió seguir el viaje a la Habana.
Tampa, es una ciudad del Estado de Florida, que deriva de un termino del pueblo indígena Caloosa que significa “leña del fuego”. La Florida, es importante por su especialidad en la cría de ganado y la producción de fosfatos. El conquistador español Pánfilo de Narvàez exploró la bahía de Tampa en 1528, sin embargo fue en 1823 al establecer una plantación, fue cuando se asentó la primera comunidad y al poco tiempo se construyó Fort Brooke. Y justo, según les contaron, fue en estos acuartelamientos donde se encontraban campos de instrucción militar para los jóvenes reclutas que se les preparaban para la futura intervención en la guerra Hispano-Unidense y ste lugar también sirvió de punto de embarque años después para las tropas Americanas que intervinieron en la guerra Europea.
Al amanecer del día siguiente, zarparon del puerto de Tampa y, después de un día de navegación encontraron de nuevo la boca de un puerto y al aumentar la luz del sol que asomaba como un disco de oro detrás de una torre observó el castillo de El Morro y a su derecha la Habana.
Apenas instalados en el hotel Sevilla se les entregó una carta donde se les citaba ni más ni menos con el conde de Pozas Dulces “Frías Jacot” y parte de la dirección de su partido en una lujosa villa a las a fuera de la ciudad. En la reunión contarían también con personalidades de la política y la economía Cubana. Martin cuenta también, que ya en el barco pasaron horas enteras ensayando la manera de presentarse y cuenta que Linda terminó por aprobar la táctica que él había estudiado de antemano.
Al cerrar la noche un carruaje les esperaba a la puerta, y en su recorrido pudieron disfrutar de una vista inolvidable del famoso y señorial paseo del Morro. A su llegada, sobre una terraza iluminada y de gran lujo, se encontraban unas diez personas elegantemente vestidas y con gruesos puros en la boca. Estos terratenientes, aspiraban y despedían humo con gran fuerza con el único fin de manifestar su poder.
Fue el propio conde de Pozas Dulces el que salió al encuentro y, rápido les presento en voz alta al conjunto de personas que estaban en la terraza, que al unísono y sin levantarse de sus sillones inclinaron la cabeza en signo de cumplida cortesía. La mayoría de estos hombres era de mediana edad, algunos completamente afeitados cabeza canosa, imitaban con sus gestos a los hombres de negocios norteamericanos.
El Conde al comprender la frialdad de los presentes decidió presentarlos individualmente y al acercarse a los sillones sin que ellos se incorporaran les fu nombrando uno a uno. Por los apellidos, Martín comprendió que se trataba de gentes de la “alta sociedad”; pero desde hacia algún tiempo, Martín no le sorprendían estos personajes que triunfaron en esta “América maravillosa”. Pero claro esta, con la explotación inhumana del hombre por el hombre. Linda miró con gesto de desaprobación a Martín al comprobar que ciertas personas no eran sinceras y, Martín adivino con justeza que era debido al color de la mulata. No obstante Linda al instante ya había comprendido, pero no se dio por aludida y siguió saludando con una sonrisa distinguida; a la vez que le disgustaba el olor fuerte del tabaco quemado. –“¡ Buenas noches señor tal!. – No, no se levante.”. Los señores contestaban, sonriéndoles también, con esa hipocresía que caracteriza al ser humano. Lo que no cabe la menor duda es que había un ambiente forzado y estúpido y con un deseo de retroceder al balbuceo.
Al terminar la presentación el conde de Pozas Dulces miró con atención y sin ocultar su disgusto observaba a su esposa Teresa que al fondo de la terraza coqueteaba con un señor no muy mal parecido. Su esposa, al percibir el gesto de su marido dijo: –“¡Oh la falta de galantería española y sus celos!”. La condesa era una mujer entre los cincuenta y los sesenta años que todavía guardaba vestigios de una belleza ahora ya marchita. La condesa era obesa, blanca como la leche, pero tenia como remate una cabecita de muñeca sentimental y además usaba joyas gigantescas que con su peluca rubia le añadían más el aspecto de mujer del espectáculo que no disimulaba en ningún instante al hablar con frases originales.
Más tarde, mientras las personas iban desalojando la terraza para ganar el salón Martín sujetó por la cintura a la mulata y la pide descubrir juntos esos jardines maravillosos de más de tres siglos que sé extendían al pie de las amplias escalinatas de mármol adornadas por artesanales balaustras todavía bien conservadas.
Al llegar al salón la gente se reunió en corros, pero el conde no tardo en rogarles que se sentaran en unas sillas que bordeaban la mesa del espléndido salón y Martín sin dejar el brazo de Linda consiguió sentarse al lado de ella.
Frías Jacot, explica a los asistentes la necesidad de la reunión y al haber diferentes opiniones. Linda se incorporó para pedir la palabra con voz tranquila pidió a los asistentes tuvieran en cuenta que la situación había cambiado y que la guerra entraba ya en su fase política. Para eso explico que a las reuniones, primero en (Potrero de Yaya) en septiembre de 97 y después en Veracruz los generales Cubanos accedieron a constituir un Consejo de Gobierno presidido por Bartolomé Masó el cual se encargaría de “determinar la política de la guerra”. A continuación, Linda sigue explicando los acuerdos de Veracruz y la decisión de los norteamericanos de intervenir en el proceso de independencia. Pero les advirtió que mismo si ellos y Madrid buscaba la salida de la autonomía el partido Revolucionario Cubano no lo aceptaría.
Las propuestas de Linda fueron discutidas y la reunión se dio por terminada. Aunque después el Conde se acercó a ellos, para decir: – Muy interesante lo que usted dice “amiga mía”, pero a los hombres verdaderamente enérgicos, no les gustan las resoluciones fáciles, por las complicaciones que estas traen.”. Después cuenta que continuaron hablando y Linda quiso recordar otra vez el pasado, pero el Conde le hizo un gesto de silencio para decirla: – No se afane mujer y cuente con nosotros. Linda sonrío de sus temores y añadió frunciendo el ceño y con voz dulzona: – ¿qué otra cosa puedo hacer aquí?. El Conde miró con ironía risueña a Linda y le contesto: –“ ¡No tema usted, yo me encargo de convencerlos se lo prometo los conozco muy bien y en ellos ganara el oportunismo dado que era vidente la intervención en la Guerra por parte de los norteamericanos!.– Valla usted tranquila, que ya tendrá noticias favorables nuestras. Sin embargo días después, algunos de los presentes se incorporaron como miembros del primer y único gobierno autonómico de Cuba. Fueron, entre otros, los criollos José María Gàlvez, Rafael Montoro, Antonio Gavín; pero a los pocos días fue desbaratado por voluntarios e integristas españoles
Martín de vuelta al hotel, discutió los pormenores de la reunión con Linda, pues para Martín las cosas estaban claras. Según él estos peninsulares disidentes llamados popularmente criollos, no eran de su agrado y, para él se trataba de simples oportunistas y por eso quiso hizo ver a Linda su desaprobación de lo tratado en la reunión. Pues la razón de romper hasta entonces la monolítica unidad española para fundar el Partido Reformista, fue de simple oportunismo económico; dado que su lema era: “Todo por la evolución y nada por la revolución”. Frase que pronunciada inicialmente por Francisco Frías Jacot, conde de Pozas Dulces. No puede olvidarse que el conde, a mediados de siglo, fue condenado por anexionista a Estados Unido pero siguió siempre como líder del reformismo criollo.
Días después y sin apenas descansar la pareja multiplicó los contactos pues en poco tiempo los acontecimientos se sucedieron a una velocidad sorprendente y al mismo tiempo el gobierno autónomo sé desvanecía los norteamericanos anunciaban que estaban dispuestos a intervenir en la isla. Pero la solución preparada llegó en enero del 98, cuando el acorazado “Mainer” anclado al puerto de la Habana; con el pretexto de proteger a los ciudadanos estadounidenses moradores de la isla y precisamente la noche del 15 febrero el navío saltó por los aires… volado probablemente por los propios estadounidenses. Pues según ciertas informaciones, el gobierno Americano; aprovechó este suceso para utilizarlo como causa grave y declarar la guerra al gobierno español iniciándose así la guerra Hispano-Norteamericana.
Ante estos acontecimientos, en un comunicado recibido por un emisario del propio Estrada. Se les ordena tomar contacto con agentes Norteamericanos que operaban en la isla y cancelar los contactos con los demás partidos hasta ver como se desarrollaban los acontecimientos. La verdad es que fue poco el tiempo, pues no tardaron en producirse nuevos sucesos. El 19 de mayo, la escuadra del almirante Pascual Cervera que había amarrado en la isla Antillana de la Martinica; forzó el bloqueo y entró en Santiago de Cuba. El 6 de junio, los Estados Unidos tomaron la ciudad de Guantánamo y aunque a primeros de Julio sufrieron graves perdidas en El Caney y en la colina de San Juan terminaron por tomar estas posiciones. El 3 de julio, el almirante Cervera; obedeciendo ordenes del capitán general Blanco, se enfrentó en el denominado Combate de Santiago de Cuba a la escuadra del almirante William Thomas Simpson cuatro veces superior en numero de buques y mucho más moderna. Tras cuatro horas de lucha, la flota de Cervera fue totalmente destruida.
El 17 de julio se rindió la Habana España capitula en agosto y el 1 de diciembre sé firmó el Tratado de París que puso fin a la Guerra Hispano-Estado Unidense por medio del cual se reconocieron entre otras cuestiones las relacionadas con el resto de las posesiones Hispanas en litigio y que fue el fin de la dominación española sobre Cuba. No obstante, como estaba previsto por los yankis la isla quedó bajo la administración es Estado Unidense hasta 1902
CAPÍTULO XVII
Según deseaban los rebeldes los acontecimientos esperados no tardaron en producirse y el día 1 de agosto de 1898 se firma en Washinton el protocolo de paz que suponía el alto al fuego en el Caribe y la renuncia de España a Cuba y Puerto Rico. En su articulo cuarto los representantes de los vencidos se comprometieron a evacuar “inmediatamente” las islas que se hallaban con anterioridad al tratado bajo la soberanía Española. Juan Pan-Montejo profesor de Historia Contemporánea nos dice: Que la derrota fue un fenómeno contradictorio; de un lado soldados enfermos y de otro criollos adinerados con grandes capitales que engordaron el mito de “El Dorado”.
La repatriación demostró ser una operación muy complicada. Los militares desplegados en Cuba, superaban en principio los 200.000 hombres. A estas tropas había que sumar la guarnición española en Puerto Rico que ascendía a 5.500 hombres. Además había que evacuar a un numero indeterminado de civiles; que si en su mayoría eran peninsulares, los había también criollos que deseaban abandonar las islas. Bien por tratarse de cargos políticos o militares y todos ellos por temor a las represalias de los rebeldes y pese a que un numero elevado de los civiles se quedo en Cuba y Puerto Rico. La improvisación de toda una flota para una evacuación urgente fue muy negativa para los pasajeros. Un alto numero de soldados padecían enfermedades como el paludismo, la disentería o la tuberculosis y además de hallarse muy extendida la sarna. Después, hay que añadir a esto que los barcos no disponían en general, de servicios hospitalarios ni de personal medico suficiente. Y además, precipitadamente sé vieron obligados, a evacuar cifras de viajeros muy superior a las habituales convirtiendo la vuelta en una penosa travesía para la mayoría aunque menos penoso para unos 4.000 hombres que fueron arrojados sin demasiadas ceremonias al océano.
Mientras en la isla, se instala un gobierno militar Estadounidense que ocupara la isla hasta el 20 de mayo de 1902. Fecha en que bajo la presidencia de Tomas Estrada Palma, se instauro la república. Es verdad que durante la ocupación se lograron ciertas mejoras en el país; como fue la erradicación de la fiebre amarilla. También hay que añadir que simultáneamente numerosas empresas estadounidenses realizaron fuertes inversiones económicas, pero a la vez hay que decir también que se cometieron grandes fraudes económicos; acompañados de una fuerte corrupción política. Ante esta situación los norteamericanos fijaron las condiciones para una nueva intervención, cuando la considerasen necesaria; por el controvertido acuerdo de (Enmienda Platt), donde se establecieron para siempre en la base naval de la Bahía de Guantánamo.
En octubre del 98, con la llegada a la Habana de Tomas Estrada Palma, las cosas entran en una nueva situación para los dos enamorados. Linda, pasa hacer parte del gabinete de Estrada Palma, que prepara su candidatura a la presidencia de la futura República Cubana. Mientras tanto, Martín es designado a una especie de academia militar, para formar el futuro ejercito regular de la Cuba independiente y por eso la pareja decide buscar una casa en la Habana.
Para Martín las cosas empezaron a sucederse con rapidez vertiginosa y por primera vez, los periódicos llaman a la calma y a la reconstrucción del país por medio del trabajo pues la población necesitaba reconstruir sus vidas. Mientras tanto Martín piensa que apenas habían transcurrido dos años desde la ultima vez que estuvo en la Habana y estaba sorprendido de la rapidez de los acontecimientos ocurridos desde entonces.
Linda y Martín eran jóvenes, tenían ilusiones y deseos de vivir: – ¡Ah la juventud!. Esa juventud maravillosa que tanta facilidad de adaptación tiene para todo y sobre todo después de haber conocido la pobreza y la guerra: – ¿Que era esto, después de lo que había visto en la vieja Europa?. Días después Martín aceptó con satisfacción, la casa escogida por su futura esposa en los limites de barrio que domina el Malecón. La casa de dos plantas con una fachada señorial debió de pertenecer a algún funcionario que precipitó su salida de Cuba.
Martín, en su nuevo puesto de la academia militar, pasa a las ordenes de Máximo Gómez que él bien conocía. El general conserva el puesto de jefe militar de las fuerzas revolucionarias, pero meses después, fue depuesto por la asamblea; aunque no le impidió seguir apoyando la candidatura de Estrada Palma a la presidencia. Maximo Gòmez, murió en la Habana en 1902 y Martín siempre recordó, a este general valeroso y honestó que tanto les apoyo en sus gestiones.
Dos años se vivieron en una paz merecida y, Linda aprovechando las circunstancias consiguió pasarle por la Iglesia y hacerle su esposo. De su unión, los periódicos de la Habana hablaron durante varios días, dado que su padrino, fue el mismo Estrada Palma. En la ceremonia no faltaron personalidades de la política y de él ejercito rebelde. Los periódicos publicaron versos a la llamada “hija de la revolución”, y entre la asistencia de tantas mujeres europeas de tez blanca, cabellos rubios, pupilas claras, se hallaba esta bella mulata de ojos negros grandes, vigorosos y además con ese porte cultivado de una Reina. Su feminidad y color representaba cierta novedad en esta asamblea pese a que su color fuese una cosa normal en la isla, pues su llamativa belleza era la digna representación del caribe y de ese color chocolateado tan especial que solo se halla en Cuba.
La amistad de Linda con el futuro Presidente de la República, la hizo pasar a nuevos cargos en la diplomacia de la que ya había adquirido una reciente practica. Linda se encontraba contenta, porque había decidido mantenerse fiel al recuerdo de su padre y tío. Era su deber, no conocía nada más fuerte y noble que la esperanza que ellos pusieron en su empeño. Es verdad que el dinero les daba prestigio y además el dinero siendo un instrumento libertador les permitió cambiar de vida de la que ella creyó haber merecido. A la vez, estaba contenta por la suerte que le había tocado al encontrar un hombre bueno, tolerante, joven, apuesto y con eso le bastaba.
La mulata estaba contenta en la Habana pues era una ciudad bulliciosa, simpática y con gentes que ella adoraba. Era su país, pequeño pero con un fondo de sensibilidad y una inolvidable alegría de vivir. El resto era su clima y paisaje inolvidable, con sus gentes sufridas; pero avanzadas en ese tiempo que todavía no había borrado su existencia trágica.
La mejor época de la pareja empezó con el triunfo de Tomás Estrada Palma a la Presidencia de la República. A partir de este acontecimiento, su vida cambió radicalmente; las fiestas se multiplicaron en la Habana, a las que había que asistir pese a que Linda se había acostumbrado a que sus días fuesen iguales y tranquilos. Pero la verdad es que todo este bullicio no cambiaba para nada su feliz existencia.
El tiempo discurría sin mayor novedad hasta que un día en la primavera del 1903, a su regreso del Panamá. Antonio se presentó en casa, acompañado de otros dos oficiales norteamericanos y entre ellos el propio Johns Henry. Martín estimaba a estos amigos porque habían representado el mundo de la aventura permanente y el desprecio de las preocupaciones familiares. Por eso, la vuelta de sus amigos era importante porque los años pasados no habían sido olvidados y mismo si le parecía hermoso y seductor este retiro al lado de esta divina mujer reconoce que no fue capaz de olvidarles.
Martín más de una vez les recordó. – ¿Qué harían a aquellas horas sus amigos?. – ¿Qué aventura y que país estarían descubriendo?. Por las noches estos recuerdos eran continuos y le hacían sonreír con un gesto lastimero. Pero reconoce que a la vez la nueva luz del día le parecía embellecer su vida, cuando en su lecho irradiaba la belleza y juventud de su esposa y era esto que le hacia más llevadero sus ansias de nuevas aventuras. Por eso en muchas ocasiones se preguntaba que si no fuese por esta mujer hubiese podido ser como los otros. ¡Él la adoraba, aunque dudaba de su existencia pasiva en esta ciudad! …
Martín dudaba. – ¿Seria su verdadera vida esta?. Abrazando de nuevo a sus amigos en presencia de Linda dijo: – Miradla! – ¡Es mi esposa! Repitia!: –¿Verdad que es hermosa?.
Linda les miraba con asombro, pero comprendió poco a poco, que Martín al pasar horas y horas con sus amigos estaba recibiendo un fuerte impacto al no dejar de hablar de Panamá y de sus éxitos en la misión que les habían encomendado así como del dinero que habían recibido. Por todo esto, Linda comprendió que eran de una raza especial de aventureros a sueldo y que Martín al contagiarse hablaba gravemente. – ¡Las cosas eran así! Ella sonreía dulcemente, al tiempo que les miraba con temor, al comprender que Martín estaba engrandecido y deseoso de esa vida aventurera. Después, Linda convencida que sus amigos ensayarían de arrastrarle a sus formas de vida, se fue tranquilizando hasta y terminar por invitándoles al salón donde les ofreció las mejores botellas del Ron cubano.
La noche fue copiosa en alcohol y Henry no dejo de hablar de un país centro Americano llamado Nicaragua. Al dar nombres de sus dirigentes, Linda comprendió que las cosas iban en serio y esperó a que sus amigos abandonaran la casa para interrogar a Martín que seguía hablando del tema sin importarle que Linda hundía el entrecejo reprochando su actitud. No tardo la mulata en ponerse seria, al comprender que Martín hablaba formalmente: –“ No vayas a empezar – Martín, mira lo que sufro – Marchas por hacerte rico y no mientas diciéndome que es para rodearme de lujos y comodidades. – ¿No ves pobrecito, que vas como aventurero a una guerra que no es la tuya, a sufrir y matar gentes inocentes?” Martín callado, no se movió del salón, mientras la mulata sin dejar de hablar, sonreía tristemente para decirle de nuevo: – Mi amor, la vida tiene otras exigencias y este sacrificio no es necesario aun que tu me prometas que es heroico y momentáneo: – Comprende que puede durar toda una existencia. – ¡Dinero cochino!…¡No, no hables así!. Dijo Martín intentando sujetarla entre sus brazos; pero ella se soltó bruscamente y anduvo algunos pasos titubeando hasta desplomarse en el sillón llorando silenciosamente sin estremecimientos ni hipos de dolor. Lo que hizo, que Martín interpretara esto, como si fuese una función natural; pero a la vez sentía dolor porque la quería.
Más tarde Martín dolorido continuo suplicándola como un niño: – ¡Volveré pronto! -¡Te lo prometo!. – ¡Sé valiente!
¿Te vas?. Siguió gimiendo ella, esperando una respuesta que no llegaba. –Ahora estoy convencida que te vas y le volvió a preguntar: – ¿Es cierto que te vas?. Al no responder Martín, Linda volvió a gemir, diciendo: – ¡Ya no hay remedio!… La pareja volvió a aproximarse lentamente. Él sintió la cabeza de Linda sobre su pecho y dijo: – Si, mejor será así. ¡Vamos a dejarlo, para que prolongar este martirio!. Linda calló, como si estas palabras hubiesen desahogado toda su indignación
CAPÍTULO XVIII |
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| pablo garcia |
Publicado: Vie Nov 16, 2007 4:03 pm |
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Gracias y se sigue.
CAPÍTULO XVIII
En un buque de guerra norteamericano el grupo zarpo al amanecer de la Habana, rumbo a la reciente base militar de Guantánamo. En la base se les entregaron las instrucciones oportunas para esta nueva misión y al salir de la base observaron una verdadera armada anclada en la bahía y sus modernos navíos de hierro que daban fe de la potencia militar de esta joven nación.
En un abultado sobre, se les comunicaba en que consistía su misión en Nicaragua. ¡Nicaragua!. Este era el país de centro América donde el grupo se dirigía formaba parte de la federación de las Provincias Unidas del Centro de América, (integradas además, por Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica).
Según su historia, en 1825 Manuel Antonio de la Cerda fue elegido primer presidente del Estado Federal de Nicaragua pero fue más tarde que los liberales consiguieron establecer una nación independiente y no fue hasta el 1838 que formaron la Asamblea Nacional. No obstante, el conflicto civil continuó hasta que en 1855 el aventurero estadounidense William Walker con una pequeña banda de seguidores ocupó y saqueó la ciudad de Granada convirtiéndose un año después en presidente de Nicaragua con la ayuda y reconocimiento posterior de los Estados Unidos.
Este aventurero sin escrúpulos, consiguió introducir y controlar las compañías estadounidenses más importantes en materia de minas, transportes y especialmente de las jóvenes compañías más famosas del mundo de envase de frutas tropicales. Tan solo en unos años, estas tres compañías se repartían el territorio centro americano y el mercado mundial de frutas tropicales. La United Fruit adquirió más tarde la Cuyamelo, modelo de lo que serian después las poderosas multinacionales norte americanas. Como es de suponer esta situación en centro América y sus continuas revueltas obligaba a los Estados Unidos a intervenir frecuentemente en la defensa de sus intereses. Enviando “técnicos militares” o simples mercenarios a sueldo de estas compañías.
En 1893 una revolución llevó al poder al dirigente “liberal” José Santos Zelaya, que permaneció en el poder durante 16 años que gobernó dictatorialmente. Zelaya fue derrotado en 1909 y dos años después, Adolfo Días asumió la presidencia. Durante su mandato contó con el apoyo de Estados Unidos, país que en 1912 intervino por primera vez en Nicaragua con el envío de un contingente de marines que permitió al actual presidente encontrar un futuro sustituto, que siguiese garantizando los intereses de los Estado Unidos.
El acorazado zarpa de la base de Guantánamo rumbo a Nicaragua y dos días después sienta ancla a unos quinientos metros de la ciudad de Bluefields situada en el sector suroriental del país. Dicha ciudad se halla al borde de la bahía del mismo nombre en el mar Caribe y en la llamada Costa de los Mosquitos próxima a la desembocadura del río Escondido cabecera del departamento de Zelaya. Bluefields, es una ciudad dinámica debido a la transformación de los productos alimenticios y especialmente frutales. La exportación de mercancías se realiza a través de su puerto, ya que la bahía sirve de desembocadura del río Escondido. Este río era navegable por que nace de la unión de los cursos fluviales del Mico, Sequía, Rama y discurre por el departamento de Zelaya hacia el este regando una importante región agrícola. Estos productos se transportaban rió abajo hasta la desembocadura en la parte septentrional de la bahía de Bluefields.
Días después, el grupo aumentó con nuevos mercenarios que esperaban su llegada en la ciudad de Bluefields. En esta ciudad, pernoctaron dos noches y al amanecer salieron de la ciudad con un barco de vapor especialmente fletado por las autoridades que navegó a contracorriente del rió Escondido y remontó hacia el interior del país buscando Managua la capital de Nicaragua.
En un solo día atravesaron unas zonas ricas en plantaciones de Bananas (plátanos), piña tropical y grandes extensiones de café. El calor tropical con toda su húmeda pesadez, sé hacia insoportable a medida que avanzaba el día, no obstante el paisaje era maravilloso al observar las inmensas plantaciones se extendían como un jardín sin fin y sus anchas hojas barnizadas de un verdor intenso les daba la única sensación de frescor. A medida que el vapor avanzaba, el paisaje cambiaba al ganar altura sobre el nivel del mar y a lo lejos se divisaba una cordillera de volcanes semi-muertos que blanqueaban sus cúspides al recibir la evaporación de estas selvas impenetrables. Estos volcanes milenarios en sus erupciones de lava mezclada con la tierra enriquecen esta fértil región y a la vez daba ese color especial al río.
El agua, de un rojizo claro termina en sus orillas en un rojo igual al de la sangre fresca. Este color ardiente contrasta con el verdor temblón de las plantaciones y otros árboles que anuncian la selva virgen y así fue por que de pronto el vapor se adentró en selvas impenetrables que no dejaba sitio a los claros constatando que se hacia insoportable el calor a medida que se avanzaba por la zona selvática.
Al anochecer llegaron a Juigalpa, para instalarse en esta población donde pasaron la noche para seguir después hasta la ciudad de Tipitapa. La ciudad de Juigalpa esta situada en el interior de Nicaragua y es capital del departamento de Chontales próximo al lago de Nicaragua. Este lago es el más extenso de América y se encuentra a 100 Km de la capital estatal– Managua y esta hermosa ciudad debido a su formación volcánica, cuenta con aguas termales.
A la mañana siguiente sé dirigieron a la ciudad de Tipitapa, localizada en el departamento de Managua. Esta ciudad se sitúa a 20 Km al noroeste de la capital. A Tipitapa, tan solo la separa un pequeño pasillo del lago Nicaragua y se encuentra junto a la desembocadura del río Tipitapa. Tipitapa es rica en ganadería y pesca y a la vez, por sus aguas termales es la residencia de las más grandes fortunas del país. Sin embargo Managua al estar situada a orillas del lago Managua dentro de las llamadas tierras bajas se caracteriza por poseer un clima muy húmedo y cálido.
A su llegada a Managua se dirigieron a un edificio ocupado por la capitanía general y donde se hospedaron momentáneamente hasta que el gobierno de Nicaragua decidiera su función que coincidieron con las ordenes que esperaban del gobierno norteamericano. Y fue según cuenta al día siguiente que les comunicaron que el propio presidente de la república les recibiría en Palacio Presidencial. A la cita, Martín acudió con Henry que era el militar de mayor graduación y después de ser recibidos por un coronel fueron introducidos en el despacho de José Santos Zelaya Presidente de la República desde el año 1893. Este político nacido en Managua y de la que fue alcalde, era un liberal de convicción y acaudilló la revolución reciente que derroco al gobierno del conservador Roberto Sacasa.
José Santos, desde el principio de la entrevista, demostró su simpatía hacia los Estados Unidos y se esforzó en convencerlos de que seria el hombre que garantizaría la dinámica de la economía norteamericana en la región. Y si es verdad, que impulsó los diferentes sectores de la economía y modernizó las estructuras del país; de lo que no cave la menor duda, es que Zelaya fracasó en el desarrollo de su política intervencionista y sobre todo en Honduras y el Salvador. José Zelaya no consiguió su obra y después del fracaso en el llamado (Pacto de Amapala en 1895), que preveía la creación de la república de Centroamérica, Santos Zelaya, permaneció como presidente durante los siguientes 16 años gobernando el país de forma dictatorial.
Habituado a encontrarse con personajes de importancia autentica, Martín juzgó a José Santos Zelaya como uno de esos políticos que arrastran la nostalgia de la autoridad perdida. Individuo de familia poderosas, magnates del dinero que no permiten que otros piensen por ellos. Sobre su pasado, se contaban picantes historias de mozas embarazadas sin apellidos ni padres. Su crimen consistía en que algunos de sus hijos no pasaron de simples plebeyos. Pero en tal caso, habría que comprender a la mayoría de los dirigentes hispanoamericanos, igualmente aficionados a carnalidades con hembras o a vicios más horrendos.
De poco le valió a Zelaya la estratagema que usó, pues Henry conocía a estos ambiciosos personajes, que con poco se les podía comprar mismo sí usaba el clásico cinismo liberal. Para Henry y los intereses americanos lo único que se le podía reprochar por el momento era su gran afición a las mujeres. Ya que toda su vida este macho Ibérico mostró esta debilidad que duro hasta sus últimos años de exilio en Nueva York.
La reunión fue tensa, pero al fin se decidió que Martín y Antonio con diez hombres se quedaran en Nicaragua como asesores técnicos, preparar los futuros oficiales y sobre todo educarlos en la obediencia incondicional a los Estados Unidos. Al parecer estos oficiales del ejercito contaba con no más de 15.000 hombres, mal entrenados y faltos de disciplina. Mientras Henry marcharía a las distintas repúblicas centroamericanas con el fin de informar al gobierno Estadounidense de la situación económica, militar y política en que se hallaban.
Martín, en poco tiempo, consiguió influir en él animo de la cúpula de este ejercito y especialmente en la persona de Zelaya. Prudente en sus consejos, Martín intenta hacerle ver que arrastraba continuos peligros en su política intervencionista en las vecinas repúblicas y todo por su afán de crear un República Mayor de Centroamérica. Martín le hizo comprender su posible fracaso y le aconsejaba que el peligro estaba en el interior del país en la llamada familia “Conservadora” dirigida por (Adolfo Díaz) el cual llevaba tiempo acechándole con una oposición fuerte en las ciudades e incluso con un numero indeterminada guerrilleros en las selvas.
Un año entero había pasado ya para Martin sin interesarse mucho por ver a Linda y Martín pensaba que sin duda su mujer le amaba lo suficiente como para no temer la rotura entre ellos ya que él al leer las cartas de ella, seguía comprobando que la mulata estaba muy enamorada de su hombre y todo pese a que para Martín Linda Maceo ya no era la muñequita tímida y modesita que él guardaba en sus recuerdos. Pues él estaba convencido que la dulzura del carácter de entonces se había transformado paulatinamente en la entereza que le daba su actual responsabilidad en el gobierno.
Por todo esto Martín empezó por fin a considerar la lógica y puesta de razón, de ciertas costumbres seguidas por algunas parejas de militares como de la alta sociedad Norteamérica. Se amaban, pero tenían la certeza que podían vivir separados y, escribirse como si fuesen novios y transcurrido un plazo se vuelven a juntar con la misma ilusión del entusiasmo nupcial. –¿Por qué no hacer lo mismo Linda y él?. No obstante pese astas reflexiones, Martín cuenta que él iba sintiendo deseos cada vez más impetuosos de estar de nuevo con su mujer. Debía volver por unos meses a Cuba, la amaba como nunca y estaba convencido que volverían entre ellos a disfrutar con en sus buenos tiempos. El tiempo allí y sin ella se le hacia eterno y no dejaba de pensar en él pretextó que podía amortizar el tiempo pasado y continuamente se decía: – ¿Protestaría Linda de nuevo por su huida?. –¡Pero si fue ella que no quiso acompañarme!. La verdad estos temores fueron infundados pues Linda a los pocos días de su llegada empezó a mirarle con el mismo entusiasmo y ternura de antes. Eso sí, reflejando cierto asombro en sus pupilas, algo así como si quisiera descubrir dentro de Martín amores nuevos, al creer que él se mostraba diferente en el trato y en las caricias que ella recibió de él antes.
El tiempo que pasó en la Habana, fue para Martín el del total olvido del año que pasaron separados; pues la pareja aprovecho el tiempo que les quedaba con esa velocidad que se mueve un meteorito al embarcarse en la pasión ardorosa del amor y pensaban solo en que mañana aun seria mejor. Si, este era el amor sumiso y agradecido que Martín necesitaba de ella. – ¡Qué rápido pasa el tiempo aquí!.
Sabia bien que no fue más que un año que estuvieron separados, pero ahora le parecía una eternidad y al recordarlo Martín triste sonreía irónicamente fijando los ojos en Linda que continuaba con la cabeza baja y sin atreverse a mirarle. Después alzó la cabeza y volvió de nuevo a bajarla para decirle: - ¡Nunca olvidare estos momentos!. - Un año es mucho, pero te esperare y cuando este triste bastara con recordar este tiempo a tu lado.- No hagas caso de mis reproches, seguiré esperándote aquí y veras que pronto se pasa y volverás de nuevo a encontrar a tu lida mulata. – Escríbeme, piensa en mi y en nada más.
Linda al despedirse fijó deliberadamente sus ojos humedecidos en Martín le dijo: -¡Adiós, Martín y no me olvides por ninguna otra mujer!. Y cuenta además que antes de separarse, aún se atrevió a darle un apasionado beso en la boca. Al marchar Martín absorto y triste hacia el puerto y, recuerda que sintió en su interior la triste amargura de perder de nuevo a su mulata esa mujer entrañable y el ser que más quería en este mundo.
Martín a su llegada a Managua, se limitó a buscar a su amigo Antonio para pedirle noticias de lo ocurrido en su ausencia. Su amigo, que era como un hermano se presentó al atardecer con esa alegría que le caracterizaba. Antonio no tardó en contarle el cambio que se había producido en su ausencia pues las cosas no se desarrollaban en el interior del ejercito como ellos quisieran. Dado que algo tan importante como una de esas revoluciones periódicas en Centroamérica se estaba fraguando. Al parecer los fracasos continuos de José Zelaya, no eran solo de índole política y militar, sino que las más importantes se desarrollaban en el ámbito personal al provocar continuos escándalos mujeriegos que las clases conservadoras como la iglesia no le perdonaban. Por tanto, durante su mandato, Zelaya aplicó numerosas reformas que impulsaron los sectores económicos, modernizando las estructuras del estado y especialmente del ejercito del que su grupo participaba activamente. Es verdad, que fueron grandes sus errores, pero no le impidieron permanecer como presidente de la nación durante más de 16 años. No obstante la vida de Martín en Managua fue apacible, pues las operaciones difíciles que se desarrollaban fuera de la capital, pasaban a manos de Antonio, dado que la misión de Martín era la seguridad y control de la guardia nacional.
Todos los años, Martín pasaba de dos a tres meses en la Habana con Linda, pero este año tuvo que adelantar su viaje al recibir la alegría del nacimiento de su primer hijo. Una niña, que ellos decidieron llamar Marina en recuerdo de la madre de Linda. Luego de nuevo pasaron nueve meses sin verse y al final fueron nueve años los que estuvieron separados. Es verdad y cuando que cuando ansiaba ver a Linda y a su hija regresaba a la Habana sin que su amigo y protector José Zelaya no le diera su aprobación.
Martín, al recordar este pasaje de su vida en Centro América e intentar condensar en un instante todo su tiempo pasado reconoce que pese que él había conocido damas de gran belleza, alternado con la clase más ricas del país como fueron banqueros de traje, militares de pacotilla y ricos terratenientes que poseían terrenos sin limites. En este tiempo, Martín reconoce que no mostró ni placer ni asombro por ese mundo de opulencia, pero es verdad que varias veces había sentido interés por ciertas jóvenes de admirable belleza y la mayoría casadas con viejos ricachones que nadaban en inmensas fortunas sin importarles que de estas jóvenes les separaran mas de treinta años. Pero a Martín que apreciaba el dinero no le era difícil comprender que él, para ellas era un simple capricho; dado que ellas necesitaban crearse una fortuna y que sólo podían conseguirlo viviendo con un marido rico.
El año 1909, los conservadores encabezados por Adolfo Días derrotan a los liberales y al poco tiempo es nombrado presidente el propio Días siendo apoyado precipitadamente por los Estados Unidos. En el cambio, Martín como el resto del grupo no fueron molestados e inclusive fueron respetados en sus funciones. Este tipo de intervenciones fue la continua panacea de los Estados Unidos en América Latina y como en el resto del mundo. Pues la historia siempre la escriben los que ganan y además desde el poder la mentira repetida termina por ser verdad.
Pero verdad de ellos no lo fue igual para José Santos Zelaya, ya que debido a la táctica usada siempre por los norteamericanos, la alternancia en el poder era una necesidad para prevenir males menores y por eso fue destituido con la complicidad de una gran parte de su propio ejercito. Henry, como máximo responsable de esta misión, no hizo más que aplica las ordenes precisas del estado mayor estadounidense. Para orientarles, Henry se trasladó con urgencia desde Honduras a Managua. Con el fin de ayudarles y orientarles precipito su viaje a Managua para que gabinete de Zelaya paulatinamente abandone el poder.
No obstante, las cosas no fueron fáciles y la guerra civil entre liberales y conservadores no tuvo tregua. El envío de nuevos mercenarios así como la experiencia del grupo encabezado por el propio Henry no bastaron para solucionar los graves problemas que atravesaba el país y los (Estados Unidos en 1912) deciden su intervención. El desembarco en sus costas se efectuó con un fuerte contingente de Marines y Henry conociendo los pormenores de esta intervención decide unos meses antes dar por terminada la misión del grupo que precipitadamente regreso a La Habana.
CAPÍTULO XIX
En su diario Martín recuerda, que a su llegada a la Habana las cosas no eran mejores que en cualquier país del resto de Hispano América, pues Linda en sus frecuentes viajes le contaba que el descontento popular se agravaba a causa de los frecuentes casos de fraude y corrupción de los políticos cubanos. Durante el mandato de Tomas Estrada Palma, ya se observó su sumisión y dependencia de Estados Unidos al favorecer los intereses estadounidenses sobre el azúcar cubano y o tratados preferenciales, como fueron los arrendamientos de Guantánamo y Bahía Honda para el uso de una base militar.
En 1906 se produjeron insurrecciones contra el poder conservador y Tomas Estrada Palma requirió de nuevo la intervención de los Estados Unidos. Un mes después, el gobierno estadounidense envió tropas a la isla, pero finalmente ante la situación insurreccional en la isla. Tomas Estrada, tuvo que dimitir y Cuba permaneció bajo su control del presidente de Estados Unidos hasta el 1913. Fecha en la cual, delegó su poder en el gobernador Charles Magoon que posteriormente con la elección de Mario García como presidente el partido conservador recuperó el gobierno.
Linda celebró con gran alegría, la inesperada llegada de Martín y Antonio y orgullosa le hizo visitar su nueva propiedad situada en la famosa Avenida de El Prado una de las vías más hermosas de La Habana y adquirida unos meses antes. Ella, pese a los avatares políticos de la Habana, seguía gozando de gran prestigio y honestidad porque los escándalos sucesivos de los dirigentes cubanos no llegaron nunca a salpicarla.
Es curioso destacar como la alegre Habana, no perdió con la ocupación norteamericana su alegría y simpatía que la caracterizaba y pese algunos no les gustara que las calles se vieran invadidas de soldados estadounidenses otros se frotaban las manos con estos muchachotes que no pensaban más que en divertirse gastando dólares a puñados.
De nuevo en la Habana para Martín cuenta que para el y su amigó los días transcurren apacibles al disfrutar de ellos, de su maravillosa esposa y de su hija Marina que era un encanto. A principios de siglo, El Prado donde estaba situada su nueva casa era la avenida más aristocrática de toda la Habana, al estar bordeada de espléndidos parques y palacios coloniales que seguían guardando su esplendor de entonces paseándose por ella los mejores carruajes y desfiles carnavalescos.
Meses después de su llegada, regresó de centro América Henry con la misión de servir de consejero al nuevo general americano encargado de la ocupación de la isla. Henry paso unos días hospedado con ellos donde no falto el “Ron” y la buena armonía. Henry al hablar del nuevo patrón, les explicó que ya había trabajado en varias ocasiones con él y que en lo sucesivo trabajarían a sus ordenes. Henry les contó también que este famoso militar era un personaje salido de una leyenda y cuenta Martín que no lo conocía personalmente pese haber participado en la guerra hispano-estadounidense de Cuba en 1898 y después en Filipinas del 1899 a 1903.
Este legendario militar era ni más ni menos que John Joseph Pershing que hizo famoso el 7 de caballería con su participación activa en las campañas contra los “Apaches” de 1886 y en la “Siux” de 1890 a 1891. Martín nos recuerda en su diario que fue el error mayor de sus vidas, el aceptar servir a las ordenes de este ambicioso general; porque las cosas terminaron mal años después, al enrolarse en una expedición militar de castigo contra el legendario Pancho Villa.
Todo empezó cuando Pancho Villa caudillo en plena “revolución mejicana, realizo incursiones en territorio Estadounidense y Joseph Pershing recibió la orden de castigar a los grupos organizados por Pancho Villa que operaban en el norte de México. Esta incursión en territorio Mejicano fue el gran fracaso del general, que no hizo más que aumentar la popularidad del “general” Mexicano. Pese a esto, “Pershing” al año siguiente fue nombrado general de brigada y no impidió que cuando Estados Unidos entro en la I Guerra Mundial en abril de 1917 fuera nombrado general en jefe de la AEF en Francia que sin embargo en esta gran guerra que él general dirigió las operaciones con éxito. Joseph Pershing fue en 1919 nombrado general de los ejércitos de Estados Unidos rango sólo conseguido por Pershing. No obstante, para Martín como bien veremos años más tarde Jonh Joseph Pershing fue un desastre, al ser responsable directo por sus errores de la muerte de Henry y de otros muchos compañeros que perdieron la vida.
Días después en el casino militar fueron presentados al general, Henry como siempre hizo grandes elogios de su persona y de Linda a la que no dejaba de halagar por su responsabilidad en el anterior gobierno así como el historial de su padre y tío. En la tertulia que duró hasta altas horas de la noche, el general no dejó de hablarles de Méjico, país que para él seria futuro de grandes convulsiones y por esto les informó que el gobierno norteamericano estaba atento y necesitaba hombres de nuestra calidad con el fin de no ser desbordados por los acontecimientos.
Los meses transcurrían tranquilos, dedicados a la pesca que era la gran pasión de Henry, pues según él la practicaba desde muy niño con su padre en la vertiente sur de las montañas Rocosas en el estado de Colorado. Al fin cuenta que su pasión terminó por contagiarles a todos pues la pesca en alta mar de la llamada bahía de la Habana era milagrosa, debido a sus aguas calientes que produce la corriente marina del “Gulf Stream”. En ellas se encuentran cantidades variadas de pescado como el Espadèon, la Merluza, Chicharro y mismo varias familias del Tiburón.
El americano pasaba horas y horas hablándoles de su tierra, donde al parecer poseía un rancho en el estado del Colorado. El gringo contaba, que para mantenerse independiente en una región donde la lucha contra los indios y la propia naturaleza era muy difícil por las constantes era constante de los indios. Nos dice que ya de niño, imitaba los ejercicios y diversiones de los hombres siendo ya a su corta edad un buen jinete. Luego en la adolescencia se ejercitado en el boxeo y aprendió los secretos de la lucha sin olvidar el ejercicio del revolver y el fusil que era el medio más completo para su seguridad. Les contó también, que a los quince años ya combatió en las pequeñas guerras locales contra los indios “Cheyenes y Arapajoes” a las ordenes del legendario William Howard Taft.
Henry, nació en Sacramento en el joven estado de California y ya de niño, se trasladó con su familia a Denver capital del Estado de Colorado. Donde en 1776, el fraile Español Francisco Atanasio en compañía de Francisco Silvestre Velez de Escálate, exploró la región occidental del estado. Este explorador, en 1858 descubrió oro en el río South Platte hoy centro de la ciudad, lo que provoco una masiva llegada de inmigrantes que hizo que Denver se convirtiera en la base para los negocios de buscadores y aventureros de toda índole.
Henry siguió contándoles que en plena fiebre del oro su padre se instaló con su familia allí. Despues sigue diciendo que Denver poseía una belleza extraordinaria ya que al fondo del valle se extienden las montañas Rocosas, donde nace el gran río Colorado que el Español Hernandez de Alarcón llamó así, por ser sus aguas coloradas por los sedimentos rojos que acarrea hasta llegar a configurarse en el territorio denominado Estado del Colorado. Más tarde y deseoso de inspirarnos mayor interés, se puso triste y frunció él ceño al mismo tiempo que intentaba enaltecerse perdiendo su vista sobre el extenso océano. El gringo ya más tranquilo prosiguió sus relatos para contarles que sus padres perdieron la vida en 1866. Pues al parecer desde 1864 hasta 1869 se produjeron continuas luchas contra los pueblos indígenas que provocaron autenticas masacres. Por fin, él ejercito sometió la mayoría de las tribus de las praderas en el año 1869 y aseguro con ello la colonización blanca de toda área controlada anteriormente por los indios. No obstante poco después en 1870 fue cuando el gobierno de Washington cansado de las luchas de rapiñas de los indios. Que según él, en ciertas ocasiones llegaron a las puertas de las ciudades, lo que provocó que el gobierno diera la orden de expropiar más de quince mil leguas de terreno y casi todo de pastizal.
Al parecer y según cuenta Henry, el gobierno entregaba la legua a diez dólares de entonces y además concedía varios años de plazo para el pago. Cuenta también que hasta se insertaba en el diario oficial el nombre del comprador, declarándole benemérito de la patria y además los soldados de la expedición recibían también como recompensa leguas de terreno gratuitamente. Pero la sorpresa de Martín fue cuando Henry al observar que su amigo Antonio parecía muy interesado de las peculiaridades de su rancho en Colorado. Les preguntara que habían decidido con el dinero ganado estos años en centro América y como pensaba invertirlo. Y fue entonces, que al no dar respuesta ni Antonio ni Martín a su pregunta, que Henry les ofreció venderles el rancho a un precio módico. Martín bien recuerda ese momento, pues su amigo Antonio al oír la proposición del yanqui saltó como un resorte para decir que si Martín estaba dispuesto a cerrar el trato, él no-tenia ningún inconveniente.
Todo ocurrió días después y en esa mañana que Martín siempre recordara cuando él se hallaba acodado y pensativo en la baranda exterior de su terraza. Si fue este acontecimiento que vino a perturbar la armonía familiar, pues el automóvil militar que conducía el alférez que el general José Pershing tenia a su servicio personal freno en su puerta El alférez le entregó un sobre recomendándole destruirlo una vez estudiado. El sobre contenía instrucciones dirigidas a Linda y Martín y, al final de dicho informe les invitaba a cenar en el hotel Inglaterra donde también asistirían Henry, el gobernador norteamericano Charles Magoon, el general Pershing y el propio Theodore Roosvelt.
El hotel Inglaterra, se hallaba situado en el lado oeste de la avenida del Prado, justo al lado del Gran Teatro. Este hotel es un edificio neoclásico, históricamente recomendable pues aquí, entre otros, el poeta José Martí y gran inspirador de la independencia de Cuba solía frecuentar.
A la hora precisa y atravesando la pareja el vestíbulo del hotel, tuvieron un encuentro inesperado. Fue la de un hombre hundido en un sillón con el rostro envuelto en una nube olorosa que emanaba de un grueso habano. El hombre en cuestión se incorporo al verlos pasar, dejó su puro sobre una mesita inmediata y al dirigirse a ellos este les sorprendió por su robustez y su estatura considerable. Que sorpresa y sonriendo dijo: Con una reverencia propia de al ponerse de pie sonriendo, dijo: ¡ Oh señora! . – ¡Qué gran sorpresa ¡…– ¡ Siempre tuve grandes deseos de volverla saludar¡. – Querida señora, es un honor volverla a ver y puedo decirle que le quedó muy agradecido al general por haberme invitado a esta cena y poder disfrutar de su presencia.
¡Tampoco yo lo creía aquí, señor presidente!…
“ ¡No señora!. Ex presidente, pero siempre al servicio de mi País.”
Este hombre que parecía estar más allá de los 65 años, no era ni más ni menos que Theodore Roosvelt, ex Presidente de los Estados Unidos de América. Roosvelt era alto, de fuerte corpulencia, con la cabeza y cuello de un gladiador antiguo y la hermosura vigorosa y reposada del toro. Linda lo recordaba por haberlo conocido años antes en la famosa reunión de Veracruz.
Theodore Roosvelt fue gran experto en asuntos latinoamericanos y personalmente fue quien dirigió la insurrección de 1903 de Panamá. Más tarde fue él quien proclamó la llamada “Colorió Roosvelt”. Y él fue quien consiguió en el senado, que se aprobara, la famosa Doctrina Monroe. Esta fue aplicada a partir de 1904 y en ella se determinaba que los Estados Unidos debían ejercer un “Poder Policial” sobre Latinoamérica. Dicha doctrina, se Llevó a la practica en la totalidad de Centro América en 1905 y 1906 con la intervención militar en la república Dominicana, Cuba y Puerto Rico
Según cuenta la cena transcurrió en buena armonía y la elegancia de los salones estuvo en consonancia con las personalidades allí presentes. Lo que no cave la menor duda es que Linda acaparó la atención de los comensales. El buen trabajo en la administración, la amistad con Tomas Estrada, el recientemente presidente destituido de Cuba y el que la hizo pasar a la diplomacia. La sorpresa de Linda fue cuando el propio Roosvelt, conocedor de su capacidad, consideró conveniente enviarla como embajadora a Méjico; dada las circunstancias especiales que atravesaba este país.
Para Martín, él título de embajadora que le ofrecían, se lo debía únicamente a su trabajo, pues Linda tenia una gran agilidad intelectual para adaptarse a las exigencias del medio en la que destino la colocaba. Ella, rápido aprendió que en la diplomacia nunca se debía dejar adivinar a nadie, cuando un diplomático tenia la intención de bajar o subir las escaleras. Después ya en los brindis en su honor, Linda agradeció la confianza puesta en su persona y volvió a saludar con tímida cortesía a las personas allí presentes.
Al despedirse la pareja Roosvelt, les agradeció de antemano su colaboración en su futuro trabajo al servicio de las ideas liberales, y al abrazarla de nuevo con voz tenue la recordó que en América todos los días surgen nuevos ricos y que él pobre cuenta al menos con la ilusión de llegar a serlo un día. –“¡Señora, recuerde que todo servicio tiene un precio!”. Linda agradeció con respetuosa discreción los consejos de este hombre fuerte en todos los sentidos y aceptó con una sonrisa bonachona las confusas explicaciones del ex presidente.
Al abandonar la mesa Linda y Martín saludaron a todos los que encontraban en el vestíbulo del hotel con esa habitual simpatía que les caracterizaba y estos no eran otros que importantes personalidades de la política y el comercio en Cuba.
Una vez en la calle, al caminar se dieron cuenta de algo en que no se habían fijado antes y era que la bandera de los Estados Unidos flotaba sobre todos los edificios públicos. Habían en la calle, tantos rótulos en ingles como en español y soldados norteamericanos por todas partes pero este aspecto inesperado de la Habana no disminuyó la gran voluntad de los cubanos a vivir: “¡Que la vida continúe!”
CAPÍTULO XX |
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| pablo garcia |
Publicado: Dom Dic 02, 2007 5:02 pm |
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Se sigue y gracias
CAPÍTULO XX
Dentro del dolor que supuso dejar a su hija, Linda quedó más tranquila cuando su inolvidable Botero, decidió voluntariamente velar por la seguridad de la pequeña Marina. Solucionado este problema mayor, días después zarparon en un vapor que cubría la línea de la Habana – Veracruz y su nuevo destino la embajada de México. Los pormenores de esta misión fueron redactados por el propio Roosvelt y según el documento Antonio y Martín prestarían servicio en la embajada en tanto que agregados militares.
Dos días después de llegar a la capital, se hicieron cargo del edificio de la embajada de Cuba en la capital situada a unos trescientos metros de la plaza de la Constitución y más bien conocida popularmente por el Zócalo. En esta plaza, una de las mayores del mundo, se encuentra a su alrededor toda la vida cultural religiosa y política de México. Las construcciones de la mayor parte de sus monumentos son de piedra extraída de las ruinas de los palacios y templos Aztecas.
Para satisfacer a Linda los primeros días de su llegada a la capital, Martín la propuso visitar esta hermosa ciudad y ante la religiosidad de Linda lo primero que visitaron fue la Catedral. Esta basílica, de estilo barroco se construyó en el siglo XVII y es la mayor de todo el continente Americano. Esta bella y popular catedral se edificó en el mismo lugar donde estuvo situado el gran templo Azteca y que más tarde los conquistadores expoliaron los restos de sus ruinas. En el ángulo sudeste se haya situado el palacio del ayuntamiento, donde se encuentran todos los archivos y documentos desde el principio de la colonización. Al lado este de la plaza del Zócalo se haya situado el Palacio Nacional que fue construido por Cortés a partir de 1529 sobre las ruinas del nuevo palacio de Montezuma y donde muy pronto se les citaría para presentar las cartas credenciales.
Los mexicanos son muy amigos de las fiestas, que es en verdad lo les permite beber sin receta y además con la complicidad de la “vieja”(nombre que le da a la mujer un mejicano). Pero pese a sus costumbres, a su cielo azul y un sol radiante México capital les pareció una ciudad triste, pues de día ofrecía un aspecto animado; pero al caer la noche recobraba una triste soledad de un destino melancólico. Debido a su extrañeza y compararla con La Habana el que les acompañaba les afirman que en otros tiempos no fue así y continua explicando que en los buenos años de Porfirio Díaz existió una vida nocturna elegante y divertida como la mayoría de las capitales. Pero al final el gobierno de Díaz estuvo lleno de contradicciones al no llegar nunca a tener el apoyo de la iglesia y los terratenientes y todo pese a su mezcla de progresista y conservador termino gobernando como un simple dictador. Al parecer fue a partir de los primeros años del siglo XX, que el gobierno de Porfirio se fue debilitando y al encontrarse este cada día con menos credibilidad y más oposición Porfirio recrudeció los actos de represalias contra los campesinos y trabajadores como fueron las matanzas de Río Blanco (1905) y Cananea (1906). Y dos años después en 1908 Francisco Ignacio Madero hijo de nuestro protector latifundista José Madero, publicó un libro que pronto se convirtió en manifiesto, facilitándo a Madero la ocasión de organizar el partido Anti-reeleccionista que fue el comienzo de una insurrección popular.
A los pocos días de su llegada, Linda recibió la invitación de la Presidencia del Gobierno para entregar las cartas credenciales. Según el protocolo la presentación se haría en el Palacio Nacional y en presencia del Presidente y los Ministros de Asuntos Exteriores y de Justicia. Al llegar a la Plaza de la Constitución, vuelven a admirar tan enorme plaza y al parecer el nombre de “Zócalo” es debido a un proyecto de elevar una estatua dedicada a la independencia. El Palacio Nacional es enorme con una longitud de 235 metros y cuanta que al entrar en el vestíbulo se encontraron de frente con un hermoso jardín y más arriba a la derecha se encuentra una escalera principal que conduce al balcón central donde esta situada la campana que el presidente en funciones hace sonar el 15 de septiembre para conmemorar el día de la independencia en 1810.
Antes de la apertura de la ceremonia y al entrar en el majestuoso salón una docena de embajadores con sus respectivos acompañantes esperan impacientes la llegada del presiente. El primero en entrar en el gran salón es el propio Porfirio Díaz acompañado detrás de varios ministros y después de los actos protocolarios fueron invitados a pasar a un tercer salón donde se les ofreció un almuerzo. Por la brevedad de la ceremonia y la actitud del presiente los comensales entre ellos comentan que las cosas no van bien en el país y que Profirio Díaz podría tener los días contados en el poder. Y si es verdad que Porfirio Díaz y Ramón Corral el 26 de junio fueron vencedores de los comicios y q Madero fue liberado con la condición de que no abandonara la ciudad. Esto no impidio que Madero escapara rumbo a San Antonio (Texas), sitio en el que lanzaría el “ Plan de San Luis” y en el que entre otros puntos se llamaba a la sublevación.
Linda sigue contando que en el espléndido salón que fueron instalados los comensales, les sorprendió que sentado frente a ellos se hallara el inolvidable comandante que les ayudo en su viaje a la llegada a la ciudad de Mérida en el Yucatán. Este personaje que en Mérida brillaba por su falta de elegancia y buenos modales, ahora vestía un elegante uniforme de coronel adornado con un buen numero de medallas.
No cabe la menor duda que Ortega conocía su pasado y amistad con el gobierno estadounidense y estaban convencidos que no dudaría en aprovecharlo como buen oportunista. También es verdad, que a ellos les hacia un gran servicio al presentarles a las diferentes “personalidades” del momento. El primero de ellos del que les sorprendió tanta amabilidad fue Francisco Carvajal, político extrovertido que en 1914 fue presidente de la República y que a la vez fue el elegido por Porfirio Díaz para pactar con Francisco Ignacio Madero. Este oportunista perdió relevancia con el triunfo de los Maderistas, pero la recupero después del asesinato de Madero y durante la presidencia de Victoriano Huerta. No obstante fue él que con gran amabilidad les fue presentando personalmente, a Victoriano Huerta así como a los generales Bernardo Reyes y Manuel Mondragón.
Después los días transcurrieron tranquilos en la capital, pese a que todos hablaban que se olía a pólvora. La vida mundana de la capital no parecía dar importancia a los continuos acontecimientos, pues la pareja era invitada a continuas fiestas y, esto les permitía adquirir el conocimiento de la situación a la vez valorar a los personajes que Henry les había designado y que posteriormente jugarían un relevante papel en los acontecimientos revolucionarios. Francisco Carvajal al parecer guardaba relaciones dudosas con el coronel Ortega y por eso y otras cosas a nuestro amigo Henry no tardaron en informarle de las andadas de este personaje que al parecer trabajaban para el Ministerio de asuntos Exteriores y que a la vez Carvajal controlaba el servicio secreto. No obstante, también les comunicó que también estos individuos trabajaban para él. También Linda sé mal fiaba de estos oscuros personajes pero su educación diplomática la obligaba a un trato más hipócrita.
Días después, Ortega se presentó una mañana en la embajada con una familiaridad sorprendente y este era portador de una invitación con motivo de la fiesta nacional que se celebraría en el Castillo de Chapultepec residencia de verano del Presidente Porfirio Díaz. Este hermoso edificio histórico se levanta al borde de un acantilado en el extremo norte de Reforma, la avenida más importante de la ciudad de México. Su construcción en piedra es monumental y esta dividido en dos plantas. El edificio servia para las celebraciones más importantes como era la fiesta Nacional del 15 de septiembre y a la vez como residencia de verano del presidente.
El Castillo de Chapultepec fue edificado a finales del siglo XVIII por un virrey español Bernardo de Galvez y se hallaba instalado en lo alto de una colina (el cerro de la Langosta) sobre unas ruinas Aztecas y cuentan que al principio fue solo destinado como residencia veraniega. En 1864 el emperador Maximiliano I y la Emperatriz Carlota eligieron el castillo para establecer su residencia real y emprendieron en él un estilo de vida inspirado en el de las monarquías del viejo Mundo. La Emperatriz dedicó gran parte de su tiempo en la decoración del edificio e hizo plantar los hermosos cipreses que embellecen el amplio paseo de Reforma. Esta mansión es de un lujo sorprendente, rodeada de parques con frondosos pinares y su frescor y sus aguas hacen de este lugar un sitio residencial para los más pudientes de la capital.
La residencia es un verdadero palacio y sus amplias escalinatas que conducen a la puerta principal son de mármol rematadas con balaustras que dan al lugar un aspecto señorial. Al entrar en el salón, lo primero que les sorprendió fue los sonidos de una orquesta que mezclada al murmullo ensordecedor provocado por las conversaciones de los invitados sé hacia insoportable. Según cuentan Linda y Martín, al entrar ocuparon por breves minutos la atención de los grupos; para después pasar desapercibidos y observar como aumentaba entre unos y otros el tono de voz. Al avanzar por el lujoso salón las personas volvían sus rostros con disimulo, para después crear un murmullo más fuerte que no era más que la consecuencia de la habladuría obligado. Algunos, sin esperar las posibles presentaciones se acercaban a la pareja para afirmar personalmente su identidad y era el momento de repetir una y otra vez que ellos representaban a la joven república cubana.
Todos querían conocer a la joven y hermosa embajadora: – ¡Usted no me conoce, pero yo si conocí a su tío!... – ¿No es usted la hija de José Maceo?... – ¡Tal vez usted no se acuerde, pero yo fui embajador en su país cuando usted era aun muy joven¡. A su tío Manuel Mondragón nunca le gusto y, además ella no lo había olvidado; pero evocó su memoria para hacerle creer que le veía por primera vez. Al penetrar en el salón comedor, les envolvió una atmósfera vibrante de música y tabaco y al acercarse a la mesa fue una sorpresa encontrar de enfrente a la mujer de Ortega. Al verla, les sorprendió su esplendoroso vestido, sus joyas, su olor a tabaco rubio y su ligero perfume de opio. - ¡Que sorpresa señora, usted aquí!. – A lo que Linda le respondió: – ¡OH señora!. – ¡Quién podía imaginarse esto!”.
Guadalupe estaba acompañada de una rica Californiana afincada en San Diego, casada con un rico Norteamericano que poseía minas enclavadas cerca de la frontera de Estados Unidos. Esta mujer de gran belleza, sorprendió a Martín con su mirada fija en su persona que no paso a la vez desapercibida por la mulata. La verdad es que Martín no volvió a olvidar la mirada penetrante de esta hermosa mujer, hasta que de nuevo un día se cruzo en su camino. Martín cuenta en su diario que no comprendió en ese momento como su esposo de unos 25 años mayor que ella no percibiera esta embarazante situación. Guadalupe al percatarse, aprovechó para presentarles al marido de la bella Americana: – Les presento al señor Douglas, esposo de la Señora Mabel y este después de saludarle pidió perdón por el mal conocimiento de la lengua castellana.
El rico Norteamericano aprovechó la circunstancia y en un mal castellano. Defendió al gobierno dictatorial de Profirió y en su torpe hablar continuo diciendo que ciertamente no había libertad pero si había orden: – Si la verdad es que los extranjeros estaban defendidos y Porfirio representaba la libertad de la propiedad privada. Su esposa le observaba atentamente como si en realidad no le comprendiera, a la vez era incapaz de resistirse y siguió lanzando miradas penetrantes y maliciosas a Martín. Mientras Linda, poco contenta a su esposo escuchaba con atención al gringo sus argumentos con rostro sereno. De estas maliciosas miradas la única que se percataba era Guadalupe, pues el norteamericano siguió sin pausa explicando que según él ya había empezado una revolución y, estaba convencido que duraría años y su final nadie alcanzaba todavía a verlo.
De la exquisita cena que fueron obsequiados por el presidente, lo que más les sorprendió fue la elegancia y los buenos modales que todavía reinaban en este país y que donde poco después se ridiculizaría todos los valores burgueses. Martín sigue contando que para él fue muy embarazoso el no poder evitar a lo largo de la cena la mirada tierna y penetrante de la apuesta señora que seguía mirando intensamente y en esas tiernas miradas él intentó descubrir su pasado que en realidad no era otra cosa que la norteamericana se sentía herida de sentimientos y necesitaba su consuelo. Linda al percatarse de la situación intento conversación con Martín y Guadalupe, pero poco después quedó silenciosa al comprender la embarazada situación en que se hallaba. Nerviosa y al observar de nuevo a la “gringa” que no quitaba ojo de su marido, se levanto de la mesa y pidió que la invitara a bailar y ya una vez en la pista ella le pidió explicaciones. –¿ Martín por favor que le pasa a esa gringa que no-té quita los ojos?. Luego siguió bailando hasta que incapaz de simular sus celos, llegó incluso a perder el ritmo de la danza y le dijo que estaba muy molesta con él. Martín para calmarla intento besar sus manos y ella que al principio no se dejaba, termino por aceptarlo a la vez que con su mirada no cesaba de acariciarlo mientras la orquesta, con dos violines y un piano de cola les deleitaba con una conocida melodía de amor.
Al volver a la mesa Guadalupe, que se había percatado de la situación en que se encontraba la mulata, intentó calmarla explicándola los desamores últimos de su esposo. Linda que no le hizo mucha gracia sus explicaciones terminó por habituarse a la simplicidad de esta acompañante tan pronto alegre como llorona. Para Linda la situación cada vez seguía más embarazante, pues la dama cuestión volvió con su intensa mirada a sonreír en varias ocasiones a Martín; a la vez que ella disimulaba hablar y sonreír a su esposo, el cual seguía ignorando su presencia y continuaba esta vez platicando calurosamente con el general Huerta.
Para calmar su ánimo, Linda se dedicó a observar a los comensales y encontró en sus gestos una continua hipocresía que le llegaba alma y en voz baja le dijo a Martín: - ¡Que ridículo! Aquí nadie sabe con certeza con quien puede uno contar y si el amigo al abrazarte se prepara a darte una cuchillada por la espalda. – ¡A estas gentes lo único que les preocupa es el poder y presiento que las diferencias sociales en Méjico son tan profundas que pasara mucho tiempo en solucionarse mientras que las luchas sociales serán continuas!.– ¡Pues el pueblo Mejicano a sufrido tanto, que tendrá siempre de que vengarse!.
CAPÌTULO XXI
En febrero de 1911 Francisco Ignacio Madero, regreso a Méjico y poco a poco la revolución se propagó por todo el territorio nacional debilitando el régimen “Porfirista”. Hasta que en marzo de aquel año se iniciaron las negociaciones que pondrían fin al largo periodo de gobierno de Díaz que culminaron con la firma de los tratados de (Ciudad Juárez). El 7 de junio de 1911 Madero entró a la ciudad de México como líder del movimiento triunfante y el 6 de noviembre Madero fue elegido presidente constitucional pero su periodo de gobierno duro 15 meses escasos.
La capital volvió a la calma y la alegría perdida fue recuperada por un pueblo esperanzado en los valores de la revolución prometida. El pueblo mejicano es un pueblo cantor, que ama por instinto las canciones y la música. Raro es que no surja al instante, un guitarrista o un buen trompetista y sus cantes son en su mayoría revolucionarios o el lamento de un vagabundo aficionado al vino abandonado por su “vieja”. Y mismo si el pueblo mejicano esta cansado de tantas revoluciones, siempre cree que la ultima será definitiva y no volverá a repetirse. No hay miedo a otra revolución, porque si esta fracasa para surgir otra, no faltaran hombres; pues en México hay (hombres y muy hombres) dado que son muchos los que prefieren sufrir hambre y sed en los desiertos pero con una carabina para imponer sus caprichos. ¡Y morir como puro Macho!.
Hay que decir que el proceso revolucionario que encabezo Francisco Madero; fue apoyada por diversos personajes que cada cual entendió la revolución a su manera. Unos se unieron a Madero con honestos propósitos revolucionarios y no dudaron en deponer las armas a su llegada al poder. Entre ellos, figuran Pancho Villa, Venustiano Carranza, Emiliano Zapata, Alvaro Obregon, Pablo González y un etc. Por lo contrario otros como lo generales Bernardo Reyes, Manuel Mondragón, Felix Díaz y Victoriano Huertas; pues estos individuos, no dudaron en traicionarlo conspiraron desde el primer momento y el 9 de febrero del 1913 sin ningún escrúpulo iniciar la rebelión. Lo que hizo que la paz del “honesto” presidente Francisco Ignacio Madero fuese de corta duración ya que los acontecimientos conocidos como la “Decena Trágica”, Madero y Pino Suàrez fueron apresados y obligados a firmar su renuncia y la misma noche del 22 de febrero cuando eran trasladados a la penitenciaria de Lecumberri durante una dudosa escaramuza. Fueron asesinados.
Ante tal situación Martín cuenta que las ordenes que recibieron eran de ser prudentes e informar de los hombres dispuestos a defender los intereses Norteamericanos y dejar correr los acontecimientos. No obstante esta situación delicada les obligó a huir de la capital y hacer oídos sordos. No obstante, la pareja estuvo en total desacuerdo con Henry y Lane Wilson actual embajador de los Estados Unidos en México, por no haber actuado a tiempo para ayudar a su amigo Madero.
Con el presidente Madero sus relaciones fueron cordiales y de mutua simpatía y pese a que ellos intentaron aconsejarlo sobre la conspiración que se fraguaba contra su persona. Madero les aludía constantemente, intentando explicarles que estos hombres le habían ayudado y que no comprendía su conspiración. Su honestidad lo perdió y no se percató en ningún momento que se aproximaba su caída y asesinato. Con el embajador norteamericano también guardaban buenas relaciones, lo que les permitía estar a salvo y al corriente de la conspiración. No obstante y dadas las circunstancias Martín insistió para que Linda se alejara de la capital por la peligrosidad que se vivía día a día el país.
Todo empezó el 9 de febrero, al iniciarse la sublevación militar (anti-Maderista) que tras liberar al general Bernardo Reyes encarcelado, acaudilló su propia rebelión contra el presidente Madero. Lo primero que hizo Reyes fue dirigirse al Palacio Nacional de la ciudad de México, tomándolo en nombre de los rebeldes; pero poco después el Palacio Nacional fue recuperado por los generales Ortega y Lauro Villar, leales a Madero y en la lucha pereció Bernardo Reyes. Madero se hizo de nuevo cargo del poder designando comandante de la plaza al general Victoriano Huerta y aunque los combates se prosiguieron en las jornadas siguientes hasta que el día 18 el general Huerta decide pasarse finalmente a los sublevados encabezados por el general Felipe Angeles y este obliga a Madero a dimitir. Huerta tras las breves horas de ejercicio de la presidencia a cargo de Pedro Lascuràin que era a la vez secretario de relaciones exteriores del gobierno maderista, asumió la Presidencia ese mismo día. Estos acontecimientos se conocieron con el nombre de “Decena Trágica”, que causó alrededor de 2000 muertos, más de 6000 heridos y entre ellos hay que contar al propio Madero y Pino Suàrez que fuero asesinados el día 22 a espaldas de la penitenciaria de la capital.
El general Huerta se hizo cargo del país actuando como un dictador y aunque algunos países por mediación de sus representantes le reconocieron como Presidente mientras tanto otros como el Embajador Norteamericano Wilson se negó hacerlo alegando que el nuevo régimen procedía del asesinato de Madero. También influyó en su decisión el hecho que tenia informes recibidos del interior, donde le informaron que el general Huerta era demasiado débil para mantener el orden en el país. La verdad es que su llegada al poder estuvo envuelta en complicadas y confusas maniobras políticas y diplomáticas y en las que Lane Wilson intervino decisivamente como embajador de Estados Unidos.
La insoportable situación creada por el general Huerta, fue la causa que de nuevo la revolución se extendiera como un reguero de pólvora por todo el territorio. Francisco (Pancho) Villa y sus seguidores se sublevaron en el norte y Emiliano Zapata en el Sur y en plena efervescencia militar Huerta disuelve el congreso situación que aprovecha Venustiano Carranza para encabezar la oposición revolucionaria. A Villa, se le unieron los militares costitucionalistas liberados por Pablo González, Alvarez Obregon y el recién nombrado General por huertas que no era ni más ni menos que nuestro amigo Ortega.
En 1914, Estados Unidos apoya al general Venustiano Carranza que dirige la sublevación contra Huerta y este responde llevando actos de represalia contra los ciudadanos estadounidenses a lo que ellos responden ocupando la ciudad de Veracruz. La mediación de Argentina, Brasil, Cuba y Chile tuvo buenos resultados para evitar la guerra entre México y los Estados Unidos. Finalmente, la actitud hostil de Estados Unidos frente al régimen de Huerta y la creciente presión ejercida por los grupos opuestos a su régimen dictatorial le obligaron a dimitir en junio de 1914.
Mientras tanto Pancho Villa, al frente de un improvisado ejercito se hizo con el control del Estado de Chihuahua formando la división Norte que sin grandes perdidas ocupó las ciudades de Torreón y Juárez y al poco tiempo tomo Zacatecas tras lo cual contactó con Emilio Zapata en Xochimilco y en cuya compañía entró en la ciudad de México en noviembre de 1914 tras rechazar la autoridad de Carranza.
Imposible de dar soluciones a la difícil situación, el 1 de octubre Venustiano Carranza primer jefe del ejercito constitucional, organiza la gran convención de jefes militares con mando de fuerzas y gobernadores de los Estados. Las escisiones ya tuvieron lugar en la Cámara de diputados de la ciudad de México y aunque posteriormente fueron trasladadas a Aguascalientes ciudad que pasó a dar nombre a la propia Convención las cosas no se solucionaron. Desde el principio de la Convención, la asamblea estuvo dominada por elementos Villistas que impusieron sus puntos de vista sobre los demás delegados y, Villa se declaró soberano eligiendo al general Eulalio Gutiérrez presidente de la República el cual a la vez nombra a Villa jefe del ejercito convencionalista y pocos días después Pancho Villa se enfrenta con las armas a los constitucionalistas de Carranza.
Reconciliados Villa y Zapata, entran en la ciudad de México el 6 de diciembre con un ejercito de 60.000 hombres y, Carranza y sus seguidores se trasladan a Veracruz donde quedó instalada la jefatura de sus fuerzas. Ante la inminente entrada de Villa y Zapata en la capital y el peligro que corrían la embajada no tardó en recibir la orden de trasladarse provisionalmente a Veracruz.
Martín le gustaba recapitular su existencia y, recordaba que antes de llegar a la capital, él había intervenido en revoluciones despreciando el peligro y mezclándose en ellas únicamente por una necesidad de acción. Pero comprendía que la situación creada era irreversible y estas circunstancias le hacían daño. Martín, evitaba hablar a Linda y Antonio de sus pesares, pero de todos modos, Martín continuaba pensando que por el placer del poder, los hombres seguirían despreciándose y creando nuevas revoluciones.
Dos días antes de la entrada de Villa dejaron la capital en un automóvil cedido por la embajada norteamericana y, al caer la tarde el vehículo se alejaba ya del centro de la ciudad para después dejar el extrarradio bien entrada la noche y según recuerda a las tres de la mañana fue cuando llegaron a la ciudad de Puebla donde se alojaron en el hotel Argentina.
Puebla, capital del Estado de Puebla esta situada en la altiplanicie central con una elevación de más de 2.162 metros. Esta ciudad es un nudo importante de comunicación sobre todo en el ámbito ferroviario que une la capital con Veracruz y otros puntos del sur y norte del País. Las calles están llenas de grandes murales de propaganda, sobre todo del líder regional Pablo González y alguno que otro de Venustiano Carranza. Puebla es una ciudad que conoció todos los avatares de continuas revoluciones comenzando por la guerra (Mexicano–Estadounidense) en la cual, ya estuvo ocupada por los Estados unidos, después por las tropas del Emperador Maximiliano I y así sucesivamente Puebla conoció a casi todos los “señores de la Guerra”.
La llegada a Veracruz fue larga y difícil, ya que las carreteras estaban repletas de convoyes militares; aunque el repliegue como se temía, no encontró ningún obstáculo y Carranza con el apoyo de la marina Norteamericana estableció su cuartel general en la ciudad de Veracruz. Mientras tanto, Alvaro Obregon jefe de las fuerzas de Carranza, llamadas constitucionalistas, comenzó a castigar las de Villa llamadas convencionalistas, hasta lograr aniquilarlas en la famosa batalla de Celaya donde Obregon perdió un brazo.
Ya en la ciudad de Veracruz, el gobierno provisional de Carranza les designo un antiguo edificio como embajada de Cuba, que estaba muy próxima a la de los Estados Unidos y posteriormente cuando sus vidas parecían tranquilizarse de nuevo. En un comunicado de la embajada Estadounidense dirigido a Martín, se le ruega dirigirse a Laredo ciudad fronteriza de los Estados Unidos y este documento estaba firmado por el general Norteamericano John Joseph Pershing.
Al parecer, Pancho Villa después de la derrota de Celaya buscó el reconocimiento de los Estados Unidos para su gobierno y como no lo consiguió atacó a la ciudad fronteriza de Columbus donde cometió aniquilaciones. Por lo que el general Pershing, preparó un cuerpo de ejercito y entró en territorio Mexicano para perseguirlo pero no logro alcanzarlo nunca. Antonio le pidió unirse a ellos, pero Martín logro convencerlo de que quedara en Veracruz al cuidado de su esposa. La despedida sabiendo que la situación era muy delicada fue muy dolorosa para todos, dado que la revolución se extendía por todo el territorio Nacional. No obstante Martín, cuenta que no creyó jamas que esta fuese la ultima vez que los viese con vida.
En un patrullero de la marina anclado en el puerto de Veracruz, partió rumbo a Corpus-Cristis, en la costa norteamericana a unos cien kilómetros de Laredo. Su sorpresa fue la de encontrar de nuevo a su viejo amigo Henry cuenta dada la diversidad del terreno que tenían que operar, los entrenamientos fueron día a día cada vez más duros, puesto que ellos harían parte de un grupo de vanguardia de unos cincuenta hombres mandados por Henry. Su misión era la de mezclarse con los nativos para mejor conocer los movimientos de Pancho Villa y sus diferentes grupos.
En la ciudad de Monterrey, pernoctaron varios días en espera de información y Henry dividió el grupo por parejas con el fin de frecuentar la vida nocturna de la ciudad. Como simples aventureros, recorrían las diferentes cantinas dispuestos a pagar al mejor informador. A la vez, Henry y Martín se movían por pueblos cercanos a la Sierra Madre Occidental, como eran Matamoros, Lerdo y Zacatecas y su único propósito era el de irse adentrando en la sierra para obtener mayor información. Pero el zorro deVilla, se valía de una estrategia fundamental que no era otra que subdivisión de los grupos que actuaban en forma de guerrilla y que a la vez se confundían con los simples bandoleros. A Pancho Villa la batalla de Celaya y otras cerca de León le hicieron un experto en esta clase de guerra por lo que ellos no lograron saber donde se encontraba en ningún momento. Por lo contrario su grupo era seguido de cerca por Villistas, que esperaban poder aniquilarlos sin piedad.
Informados de que los hombres de Villa les seguían los pasos, decidieron entrar de nuevo en Monterrey y a los pocos días una falsa información les alerta que Villa se encontraba en la falda este de Sierra Madre Oriental que esta situada en las inmediaciones de Linares.. Henry decidió acercarse hasta Linares con un reducido grupo de hombres y dejar a Martín con el resto del grupo en Monterrey y Martín cuenta en su diario que fue la ultima vez que vio a Henry vivo.
Informado de la emboscada que le tendieron al grupo, el general Pershing al frente de más de mil hombres rodeó la ciudad, donde al entrar, se encontraron con más de una veintena de cadáveres y entre ellos el de Henry.
Al enterrarlos cuenta en su diario, que la mujer que regentaba el hotel se le acercó para decirle que Henry le pidió entregarle una alforja de cuero, así como unos documentos escritos en Ingles que la buena mujer no llegaba a comprender; pero lo que más le dolió de esta deplorable situación, fue que el general Pershing se limitó a lamentarlo y a pedirle que ocupara el puesto de Henry para continuar la misión que le habían encomendado. Pero la fracasada misión del general Pershing, no hizo más que aumentar la popularidad de Pancho Villa y Martín incapaz de remontar la perdida de su amigo rompió el contrato que le unía al ejercito norteamericano para entrar precipitadamente a Veracruz donde las noticias no eran consoladoras.
Martín, tuvo que volver por la misma ruta que salió de Veracruz pues las noticias eran que la ciudad estaba bloqueada por tierra por las tropas de Zapata y Villa. A su llegada a Veracruz, las noticias no eran muy halagadoras dado que Linda y Antonio con un numero importante de extranjeros marchaban hacia el sur con el fin de ganar Mérida y después Cuba. Al mando dicha expedición, Carranza envió Jesús Carranza hermano del presidente con el fin de evacuar los diferentes cuerpos diplomáticos y agregados en Veracruz. Pero la mala suerte fue, que Jesús Carranza con todo su estado mayor quedó prisionero de un jefe guerrillero que telegrafió al presidente para que abdicara, sino su hermano y demás prisioneros serian fusilados.
El jefe guerrillero que posiblemente era un hombre de Álvaro de Obregon o del propio Pablo González, esperó decidido a llevar a cabo sus amenazas si la respuesta del altivo y tenaz Carranza no era favorable a sus planes. Por eso al no contestar, lo primero que hizo él guerrillero fue fusilar a todo el estado mayor, no obstante Carranza al no dar su brazo a torcer de nuevo el guerrillero envío otro telegrama y como no recibiera contestación paso por las armas a su hijo, su sobrino y termino por fusilar a su hermano Jesús Carranza. Pero lo más doloroso fue que horas antes de que llegaran las tropas de Carranza los insurrectos no dejaron ningún prisionero con vida.
Es verdad que el hermano de Carranza, estaba sentenciado por Villa por ser en sus operaciones militares en el norte un verdadero Napoleón, despoblando los ranchos y después llevándose el ganado ya que no había animal cornupedo que se le escapase. Seguro estoy que este individuo terminó millonario, pero no cabe la menor duda que este corrompido don Jesús al morir se fue derecho al infierno. La realidad es que Martín, paso mucho tiempo averiguando quien fue el causante de dicha barbarie; pero como veremos años después, no consiguió gran cosa
Martín espera impaciente noticias en Veracruz de lo que estaba pasando a la espedicion, pero las noticias que circulaban por Veracruz eran de que Carranza no cedería a las exigencias de los rebeldes. Lo que hizo, que Martín se precipitara, primero a la residencia de Ortega para verificar dichas noticias y después fue a visitar al ministro de la guerra Aguirrez Berlanga que se hallaba en el castillo de San Juan de Ulúa enclavado sobre el arrecife de la Gallega desde donde se domina la ciudad de Veracruz.
Ni Carranza, ni Aguirrez Berlanga, dieron salida a las inquietudes de Martín, aludiendo que las negociaciones estaban en curso, pero la verdad es que Carranza estaba intentando ganar tiempo con el fin de enviar un destacamento de castigo; pero siempre sin la intención de ceder en ningún momento las exigencias del jefe guerrillero y lo único que pudo conseguir es la promesa de ser incorporado al cuerpo de ejercito que se preparaba para castigar al osado jefe guerrillero.
Tres días después, con más de mil hombres al mando de Ortega y de don Pablo González dejaban atrás la ciudad de Veracruz y la primera etapa fue la ciudad de Tierra Blanca situada a unos cien kilómetros al sudoeste del Estado de Veracruz. De Tierras Blancas a la ciudad donde se había atrincherado el jefe guerrillero, apenas les separaba unos sesenta kilómetros y esta no era otra que San Andrés de Tuxtepec.
Con una avanzadilla de cien hombres encabezada por Ortega, se dirigieron de noche a Tuxtepec. A Martín le sorprendió el poder acercarse sin ningún contratiempo, a menos de quinientos metros de la ciudad; pero lo que más le sorprendió fue el silencio absoluto que reinaba y cuenta que escondidos dejaron pasar la noche con el fin de estar seguros de sus dudas. Fue a la amanecer que descubrieron que el destacamento, se encontraba en la margen izquierda del rió Santo Domingo que bordea San Bautista de Tuxtepec y el puente que da paso estaba vacío sin apreciarse ninguna actividad militar. Ortega lo primero que hizo fue avisar al general Pablo González que respondió irónicamente que eso ya lo sabia él. Martín cuenta con gran tristeza que la respuesta burlona de González no agrado ya que su intuición y el tiempo le daría la razón.
Don Pablo González era astuto y muy temido por todos. Este individuo, no miraba nunca de frente y, tomaba las decisiones en el momento preciso y cuando estaba seguro de su triunfo. González fue mozo de molino y ahora figuraba como uno de los hombres más rico del país, en propiedades rústicas y en dinero. ¡Su único valor, ser general y el mejor amigo de Carranza!
Como bien creyeron, en la ciudad ya no había guerrilleros pues el día anterior la evacuaron precipitadamente. AL entrar en la ciudad lo que más les extraño fue que los habitantes se asomaran entre las cortinas de sus ventanas sin atreverse a salir y solo salieron cuando el destacamento ocupaba ya la plaza. Los primeros en salir fueron grupos de mujeres, sucias y acompañadas de niños harapientos. Pero lo más doloroso fue que al preguntarles por los rebeldes, les comunicaron que todos habían huido a la vez que señalaban con la mano y sin articular palabra unas ruinas de la desaparecida etnia del pueblo (Mazoteco).
Al llegar a las ruinas un olor insoportable les condujo a un espectáculo macabro; pues más de cien cadáveres se hallaban esparcidos por el suelo, cosidos todos a balazos y algunos con más de veinte por todo el cuerpo. A Martín le costo trabajo encontrar a su esposa, hasta que le comunicaron que las mujeres se hallaban en un recinto cerrado de las viejas ruinas y al entrar observaron un grupo de mujeres sin vida tendidas en el suelo con las ropas rotas o abiertas. Ante esta situación horrenda, Martín como los demás rápido comprendieron, que todas habían sido violadas antes de ser asesinadas.
Martín quedo mudo en medio de la vaguedad de sus recuerdos al contemplar con terror aquel rostro despavorido de ojos negros y profundos y, pasó horas de pie observando este cuerpo mutilado, sin vida y vacío de su existencia. Según cuenta no pudo evitar las lagrimas, a la vez que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo; no obstante Martín quiso recordarla como siempre había sido, dulce y clemente y pensó: ¿De qué la ha servido tanto sacrificio?
Al observarla de nuevo, Martín recibía con una velocidad vertiginosa los recuerdos de cuando la conoció en aquella cocina, sonriente con su taza de café entre las manos. Martín seguía recordando y le parecía verla con esa juventud… Si con ese rostro color chocolate, sus ojos profundos y esos cabellos sueltos y rizados y sin más adorno que una rosa y su sonrisa. El amor había sido para ella la bondad y la abnegación hacia su persona y Martín siempre se sintió amado con su infinita variedad de dulzura femenil.
Ortega se acercó a Martín, para quedar en silencio al contemplar el cuerpo sin vida de la mulata y a Martín con sus ojos amoroso que aun guardaban lagrimas de dolor. Ortega pasó su brazo por los hombros del español, para de nuevo quedar los dos unidos en un largo silencio. Después Martín en voz baja, seguía gimiendo como si dialogase consigo mismo: – ¡La vida para ellos fue bella, pero reconocía que a la vez fue cruel pero pese a todo ella continuaba!. – ¿Bueno digamos que no son buenos tiempos para el sentimiento, ni siquiera para pensar y de eso no cabe la menor duda?.
Al otro día enterraron a los muertos y cuenta que las mujeres rompieron en lamentos y, Martín silencioso juntó las manos y se repitió que la vengaría por ella por su amigo Antonio y por esos cuerpos amontonados sin vida. Después elevó los ojos al cielo con una expresión de dolor, al ver como las palas volteaban la tierra para esconder los cuerpos mutilados o acribillados a balazos.
Martín sin esperar, volvió a Veracruz al día siguiente y al despedirse de Ortega el general le prometió que haría las oportunas averiguaciones para descubrir a ese “jefe guerrillero” que tanto dolor había causado y al que Martín buscaría para cumplir la promesa que hizo delante de los cuerpos sin vida de Antonio y Linda: - matarlo como un perro, para vengar tan crueles asesinatos y cometidos sin ningún escrúpulo.
Después de atravesar de nuevo el puente del río Santo Domingo, y encontrarse en la confluencia de los ríos Santo Domingo y Papaloapan Martín se dirigió hacia el golfo de México por una zona pantanosa y de difícil acceso para más tarde ganar Alvarado, después Veracruz y sin dejar la costa una vez en Veracruz. Martín se dirigió al ministerio de exteriores para informar de los hechos y después de discutir los pormenores de lo ocurrido prometió a Juan Barragán que volvería. Y días después, Martín precipitó su regreso a la Habana, para ver a su hija e informar a las autoridades de los acontecimientos ocurridos.
CAPÌTULO XXII
De nuevo al entrar en la Habana, Martín sintió la belleza de esta ciudad encantadora y que tan buenos recuerdos le traía. No era para menos, después de volver del infierno Mexicano y haber dejado para siempre a su esposa y sus dos mejores amigos…Volvería a Méjico cuanto antes y de ello estaba resuelto. No podía dejar de pensar en su venganza ya que el recuerdo de Linda por una parte y las caricias de su hija por otra surgían en su memoria pretendiendo retenerle en la isla pero nadie le impediría volver a Méjico.
Taciturno y pensativo, Martín camina por la gran avenida hasta encontrarse frente a su casa y al sonar la campanilla del portillo vio acercarse a su buen amigo Botero llevando por la mano a una niña que reconoció rápido como su hija pese a los seis años transcurridos ya que el parecido de Marina con su madre era sorprendente. La niña miraba extrañada, hasta que Botero le dijo que Martín era su padre y fue cuando la pequeña Marina salto para colgarse del cuello de Martín dándole un fuerte abrazo a lo que Martín correspondió con diversos besos en las mejillas. Ante las preguntas continuas de la niña por su madre, Martín quedo breves minutos silencioso hasta que por fin la respondió que su madre les había dejado para siempre para subir al cielo. Marina sin comprender bien la respuesta de su padre lo abrazo de nuevo, mientras miraba a Botero que no era capaz de contener sus lagrimas.
Como si fuera un extraño que entra por primera vez en su dormitorio, Martín admiro esta alcoba al comprobar que el dormitorio seguía adornado con esmero y sobre todo con los dos grandes tapices del mismo tono representando un jardín donde a lo lejos se percibía una plantación con gentes de color recogiendo algodón. Entre los dos hermosos ventanales, también seguían colgados los cuadros de los padres de Linda y por encima de estos uno de ellos que Linda recién casados encargo al mejor retratista de la Habana a lo que Martín pasó la vista rápida para evitar más penas a sus recuerdos. No obstante, fue imposible evitar que las lagrimas se desbordaran de sus ojos al observar el fondo de la habitación una amplia cama adornada con una fina colcha donde Martín y Linda se habían repartido los mejores momentos de su existencia. – ¡Hay Linda!. – ¡Cuánto té hecho de menos!
De nuevo Martín, quiso observar el dormitorio, pero incapaz de resistir a sus recuerdos salió de la habitación precipitadamente para salir al jardín cruzando el salón cuando los rayos de sol que penetraban con más intensidad por los grandes ventanales. Era una escena que él creyó resistir, pero de nuevo al salir al exterior su vista tropezó con un abrigo jardín de considerables recuerdos. – ¡Hay miseria! – Se repetía. – ¿Pero era posible no volver a ver ese rostro moreno ni sus ojos tímidos y profundos?. – ¿No, no es posible no la volvería a ver más?.
Martín apesadumbrado, dejó caer parte de la noche sentado en el jardín hasta que por fin medio sonámbulo decidió salir y caminar por la amplia y solitaria avenida en esas altas horas de la noche. Al caminar hasta el final de la dicha avenida y a su izquierda Martín atravesó las verjas que daban a un hermoso parque. Absorto en sus pensamientos y cansado de caminar al fin decidió sentarse y fue cuando desde allí quedó cautivado ante la espléndida belleza que desde lo alto del parque se divisaba. Pues desde allí la Luna llena reflejaba con su luz las murallas que rodean el puerto y más a la derecha también este astro nocturno rutilaba la erguida fortaleza del Morro. Al fondo se hallaba la boca del puerto, donde sus aguas temblaban verdes y luminosas al chocar con la bahía. Horas después de cerrársele involuntariamente los ojos y cuando ya se había escondido la luna cuenta que despertó cuando en el horizonte brillaban los primeros rayos del sol. Martín al contemplar de nuevo como en la boca del puerto pequeñas embarcaciones de pescadores se deslizaban hacia la bahía de la Habana para repetir sus faenas diarias quedo sorprendido al observar como se deslizaban los rayos del sol por la bahía de Este a Oeste y después de este maravilloso espectáculo que le ofrecía la naturaleza fue cuando Martín por fin con paso lento y apesadumbrado decidió regresar.
Devuelta y en andar medio dormido cuenta que lo que más le llamo la atención fue él numero creciente de transeúntes y carruajes que circulaban con rapidez por la amplia avenida.
Martín dejó transcurrir los días y por fin decide presentarse al Ministerio de asuntos Exteriores. Con el fin de redactar el informe preciso sobre los acontecimientos que llevaron a la muerte de Linda y del resto de la delegación Cubana. Pero ya por Botero, Martín completa su información de los hechos ocurridos en la isla durante su ausencia. La verdad es que los acontecimientos en la isla fueron mejorando económicamente, a raíz de las continuas inversiones económicas de los Estado Unidos y si bien es verdad que la economía Cubana creció por la norme inversión del capital de este país. El nacionalismo Cubano creció también al observar la continua presión económica y política de los Norte Americanos.
En 1906 su presencia militar condujo a la primera insurrección, donde el gobernador militar Charles Magoon reprimió con mano dura justificando la ocupación de su país. Esta justificación se hizo continua y Cuba sufrió posteriores ocupaciones en 1912 con motivo de la nueva insurrección de Oriente. Mario García Menocal, dirigente del partido conservador fue nombrado presidente en 1913; pero hay que firmar que después del levantamiento de 1912 se sucedieron nuevos levantamientos como fueron los de 1917 y 1920 que “justificaron” de nuevo su intervención.
En presencia de importantes jefes militares y del propio presidente Mario García, Martín cuenta que fue recibido con todos los honores por las autoridades cubanas y norteamericanas y la parada militar a la que asistió Martín con su hija en honor de Linda les fueron entregadas sendas medallas al mérito civil y militar. Posteriormente después de un discurso del presidente, se dispararon diversas salvas de cañón y fusiles en honor de los asesinados por todos los asesinados salvajemente por el “jefe guerrillero” que Martín una y cien veces prometio vengar.
Días después de estos acontecimientos Martín, volvió a su tormento que solo calmaban la compañía de su hija y de Botero. La verdad es que Martín era incapaz de huir de sus pensamientos y esa rutina diaria para su temperamento se le hacia cada vez más insoportable. Por eso Martín se repetía: – ¿se puede morir de amor?.– ¡Nadie se muere de amor!. – ¿Por que no solicitar un empleo del Estado?. – ¡Mis relaciones son buenas y no seria difícil conseguirlo!. – Y además mi hija merece la pena que yo me preocupe por su futuro. Luego más tarde volviese a repetirse lo que le era imposible olvidar: – ¡No volveré a verla más!”. Pero pese a eso él reconoce que la seguía viendo a todo momento, no hacia falta más que cerrar los ojos y ver su rostro moreno a la vez que su silueta perfecta que caracterizaba a la mujer cubana.
El viejo Botero, al comprender la penosa situación que atravesaba Martín, le sugiere distraerse en unas de sus aficiones como era la pesca y, al fin Martín decide ir a pescar con Botero y llevar con ellos a Marina que aceptó encantada saltando a los brazos de su padre.
A la mañana siguiente, los tres salen del puerto y la barca se desliza primero sobre la tranquila bahía para después ondularse en las aguas. Una vez en alta mar esto les obliga a tirar de las cuerdas, hasta que lentamente se remete la vela estremeciéndose la barca al ser curvada las velas por el viento. Botero señala a Marina el puerto que se divisa a lo lejos para comentar que desde mar y de lejos la belleza de la ciudad es sorprendente.
Martín adoraba el amanecer, pues el rojo sol recortado como un enorme disco trazaba sobre el mar un triángulo de fuego y las aguas parecían hervir como si reflejasen un incendio. De cuando en cuando, un tirón y arriba un pez que se revolvía brillando como una lamina de estaño limado. Marina saltaba y reía, orgullosa de la proeza y todo pese a que eran piezas menudas… poca cosa en realidad.
Martín disfruta de estos días maravillosos de pesca y recuerda años atrás cuando Henry, Antonio y Linda pasaban días dedicados a la pesca mayor. ¡ Otros tiempos!. Después, Martín recuerda el gesto del “gringo” cuando les ofreció a su amigo Antonio y a él su rancho del Colorado por una suma razonable y fue cuando recordó la bolsa de cuero que le entregó la señora de la fonda horas antes de morir su amigo. Martín se acuerda que encontró dos sobres, el abierto contenía la compraventa del rancho y en su interior una nota con las señas de un notario de San Francisco (California) en donde debía ser oficializada la transacción. El otro sobre cerrado, era para el mismo notario pero debía de ser abierto en presencia de la hermana de Henry que vivía en el mismo Estado pero en San Diego. Este era el otro motivo por el que Martín estaba decidido, primero en volver a México con el fin de encontrar al famoso “jefe guerrillero” y sus cómplices en la matanza y, después de cumplida la venganza pasar a los Estados Unidos y solucionar la compraventa del rancho.
Martín llevaba varios meses en la Habana y de nuevo la rutina reconoce que le era insoportable. Pues al regresar Marina al internado, su casa se envolvía en una soledad completa que solo interrumpía alguna noticia que le llegaba del Ministerio relacionada con los acontecimientos de la revolución Mejicana. Martín hilvanaba las horas, a la espera de su pronto regreso a Méjico y los días en la Habana le parecían eternos al no comprender que fuera esta su verdadera existencia.
CAPÌTULO XXIII
Poco después de salir el sol, el buque de viajeros que hacia la línea la Habana-Veracruz, salía del puerto de la Habana y su buen amigo Botero fue de nuevo a despedirse de él y tras un fuerte abrazo Botero le prometió que en su ausencia él velaría por Marina hasta su vuelta. Pero al abrazar Martín con tristeza a su amigo no pudo adivinar que a Botero no lo volvería a ver. Una vez en el buque y ambos lados de la cubierta la gente contemplaba con ternura como la tierra se alejaba del puerto de la Habana y poco después también comenzaban a perderse la última superficie de la ciudad.
La travesía duro apenas dos días y al avanzar el buque tierra adentro cada vez con mayor lentitud sé hacia sentir un calor húmedo y asfixiante ya que en la bahía no soplaba la brisa del mar libre. Al acabar de detenerse el buque y bajar la pasarela, no tardaron en presentarse los encargados del puerto que iban acompañados de un oficial y varios soldados. Estos con cierta disciplina, no habitual entre los Mejicanos controlaban la documentación de los pasajeros y Martín observa como los soldados sin ninguna consideración registraban a los viajeros dé pies a cabeza a la vez que el oficial mientras revisaba sus documentaciones. Si embargo al comprobar sus papeles, el oficial hizo que los soldados cambiaran sus gestos habituales y él cuadrándose le deseo una excelente estancia en el país.
A simple vista Veracruz ya no era la misma ciudad que Martín dejara meses atrás, pues ese vaivén de soldados no se observaba con la misma intensidad que cuando el gobierno de Carranza estableció su capital en Veracruz. Esto le hizo pensar, que una vez desalojada la capital de México de los hombres de Villa y Zapata, el gobierno se había trasladado de nuevo a la Capital y estos a conocimientos para Martín no eran del todo halagadores. Pues las cosas en el país no habían cambiado en absoluto y le bastaron solo dos días en Veracruz para conseguir las averiguaciones necesarias.
Al tercer día, Martín decidió hacer su viaje por ferrocarril hacia la capital y al ir de Veracruz a la capital la primera población importante que el tren se detiene es la ciudad de Puebla. Al acercarse a ella, cuenta que parece cerrarse el horizonte con una muralla de montañas esfumadas por la distancia y, entre un macizo de cumbres percibe el volcán Iztaccihuati que es el más alto de la región y lo que más llama de esta región es que el volcán a través de la luz anaranjada del sol toma formas de un inmenso cristal con agudas y retorcidas aristas.
Horas después de haber dejado Puebla, el tren, por fin perdió su velocidad al entrar en la estación central de la capital y una vez que la locomotora chirreara sus últimos sonidos por los corredores de los vagones ya sonaban el ruido de botas y machetes. Como a su llegada a Veracruz un capitán del ejercito, seguido de varios soldados le pidieron la documentación y Martín comprendió al instante que la situación en la capital seguía lo mismo. Pues era realmente imposible moverse, sin mostrar a cada momento la documentación y a la vez contestar a sus preguntas inoportunas.
Al apearse Martín notó con extrañeza, como los otros viajeros y la gente transitaban por los andenes observaban descaradamente su equipaje a si como su ropa de palpable calidad. A la puerta de la estación, Martín alquiló un carruaje para que lo condujera a un hotel céntrico y en camino ya se extrañó al no percibir apenas transeúntes en las calles. Eran apenas las diez de la noche y ya la capital esta muerta y cada cien metros se hallaba una patrulla de militares. A demás entre medias, debajo de un cobertizo o en el quicio de una puerta, se ven policías, generalmente jóvenes, con una expresión insolente de bravura en sus duros ojos y su aire arrogante de funcionarios no les influía para nada sus sucios uniformes.
A los dos días de un merecido reposo, Martín con el propósito de seguir informándose de la situación política y militar de la capital, decide ir a saludar al general Ortega. El general, cada vez más influyente había de nuevo cambiado de residencia y esta vez por un verdadero palacete en el barrio más aristócrata de la capital. La genérala como la llamaban a Doña Guadalupe, seguía centelleando de joyas, sedas y bordados como una de las más pudientes de la capital. Guadalupe recibió a Martín con toda familiaridad, y lo primero que hizo fue expresarle su más sentido pésame por la muerte de su esposa así como de la forma en que murió.
Martín encontró a Guadalupe muy gruesa y la pobre al pasar al salón, se mantuvo de pie por miedo de sentarse y no poder introducir sus exuberantes nalgas en el sillón. Ortega estaba ausente de la capital y Guadalupe aprovecho para contarle todo lo que sucedía en el país así como sus problemas de matrimoniales.
Guadalupe de continuo se lamentaba de su marido, diciéndole que era tonto, vanidoso y mujeriego. –Si, si un cretino le explicaba Guadalupe y ya no se acuerda de cuando era un jornalero y dejo de trabajar para irse a la revolución y la muy tonta de ella no dudó ni un momento en seguirlo. –Si ya sabe usted un mexicano debe ir a todas partes con su mujer. La verdad es que Guadalupe vivió varios años en marchas interminables, a pie o a la grupa del caballo de su hombre. Guadalupe producto de varios cruces de españoles con indios recordaba con cierta nostalgia los años de la guerra pero no-tenia por mejor el tiempo actual, porque ahora, estaba convencida que su marido no la veía como hace diez años de hermosa. No, él no se acordaba ya de ella, porque ella estaba al corriente que su marido acababa de encontrar otra mujer más joven.
Martín al escuchar a Guadalupe y, después a su marido comprendió que Ortega se sentía poco contento en su interior pues empezaba a pesarle la autoridad de su esposa y Ortega repetía que Guadalupe le inspiraba un miedo superior a su voluntad. Guadalupe continuó medio bromeando, para decirle de nuevo: –Que este <viejo>, aquí donde usted le ve, anda loco enamorado detrás de una “gringa”. Y Guadalupe repetía amenazante y apuntando con el dedo en forma de pistola: –“Que el día que lo pille vera lo que es bueno”.
Pese a las continuas ofertas por parte de Ortega y de su mujer de hospedarse en su casa. Martín decidió continuar en el hotel, para encontrarse así más libre y llevar acabo sus indagaciones. A Ortega, era difícil encontrarle, pues cada vez pasaba más tiempo con la gringa, no obstante Ortega tenia entre sus gentes hombres de confianza y de los que Martín conseguiría la información necesaria. Y al parecer todas sus sospechas recaían en un general llamado Martínez, y que según Ortega, era la mano derecha de Pablo González y como quiera que Don Pablo González junto con el general Obregon eran los pilares de Venustiano Carranza le seria difícil llegar a cazarlo.
Don Pablo González era candidato a la presidencia de la república, pero quedo mucho tiempo obscurecido por la sombra que le hacia la vida exuberante y la popularidad agresiva de Obregon. Martín lo había conocido ya en Veracruz, donde sus acciones no le convencieron, pues era el general que había mandado mayores fuerzas en la revolución pero tenia el honor de no a ver ganado militarmente ninguna grande ni pequeña batalla. Pero en cambio se decía de él, que era de una bondad que “metía miedo”. Lo que no cabe la menor duda, es que era un hombre de apariencia bonachona y en su campaña presidencial, decía: –“si desea usted el respeto de las ceremonias religiosas y la paz, vote por Don Pablo González”.
Martín recuerda a don Pablo con una figura indecisa que parece escapar a la atención del observador y más si se le intenta descubrir. Era un hombre subido de color, de cejas y bigote muy negro y poblado, con unos lentes oscuros que no dejaban ver sus ojos. La verdad es que su historia personal esta llena de hechos censurables y los enemigos de don Pablo le pintaban como un hombre hipócrita y tortuoso.
Martín siempre dudó de este mal hombre y, Ortega le contó que hace apenas unos meses, el general González se propuso acabar con el rebelde Zapata y lo consiguió. Al parecer Ortega le reprochaba el hecho que González no consiguió ganar nunca una batalla; pero según él, afirmó que para deshacerse con prontitud y limpieza de un hombre que le estorbara o cuya muerte le convenía no-tenia rival.
Hasta los mayores enemigos de Zapata, protestaron por la manera innoble que don Pablo acabó con él. Según cuentan muchos, este hizo que un “jefe guerrillero” de su confianza se incorporase a Zapata con algunos de sus hombres. Zapata receloso de esta adhesión, exigió a su nuevo adepto que hiciese algo sonado contra las tropas gubernamentales y don Pablo entonces arregló las cosas para que uno de los destacamentos que estaba a sus órdenes fuese sorprendido por el “jefe guerrillero” y este para que Zapata se convenciese de que se unía a él de buena fe hizo fusilar a todos los soldados que quedaron con vida. Después de eso, Zapata tuvo confianza en el agente de don Pablo, hasta que éste lo condujo a una emboscada donde lo acribilló a balazos.
Después de estas explicaciones, Ortega confesó a Martín que él estaba convencido de que el responsable de la matanza perpetrada en San Bautista de Tuxtepec, donde perdió la vida su compañero y su esposa era don Pablo. Pero para Ortega la sospecha del “jefe guerrillero”, recaía en el coronel Martínez. No obstante, pidió prudencia a Martín dado que don Pablo era un hombre con mucho poder y muy peligroso. Por eso le aconsejó esperar el desarrollo de los nuevos acontecimientos que sacudían a todo el país.
CAPÍTULO XXIV |
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| lucho |
Publicado: Lun Dic 03, 2007 3:52 am |
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Registrado: 04 Feb 2006
Mensajes: 143
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| Cómo se puede comenzar un capítulo con "Mientras tanto" |
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| nickjoopercreador |
Publicado: Mar Dic 04, 2007 11:58 am |
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Registrado: 07 Ene 2007
Mensajes: 268
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Por qué publicas los capítulos de tu libro?
Deberías tenerlo terminado, registrarlo para que no te lo roben, y quizá publicarlo luego con una editorial. Si crees que es lo suficientemente bueno, no te convendría publicarlo en un simple foro, donde cualquiera puede copiar todo y tenerlo gratuitamente |
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| pablo garcia |
Publicado: Vie Dic 07, 2007 6:01 pm |
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Registrado: 16 Nov 2007
Mensajes: 212
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pigmanywolfesteincreador escribió: Por qué publicas los capítulos de tu libro?
Deberías tenerlo terminado, registrarlo para que no te lo roben, y quizá publicarlo luego con una editorial. Si crees que es lo suficientemente bueno, no te convendría publicarlo en un simple foro, donde cualquiera puede copiar todo y tenerlo gratuitamente
Es posible pero no veo como.
Gracias y saludos |
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| pablo garcia |
Publicado: Vie Dic 07, 2007 6:05 pm |
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Registrado: 16 Nov 2007
Mensajes: 212
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Gracias y se sigue
CAPÍTULO XXIV
Muchos Mejicanos se preguntaban por que razón, Venustiano Carranza inventó al candidato Bonillas y Martín tenia su propia respuesta al tener la firme convicción de la habilidad tortuosa de Carranza. Hombre silencioso y de maquinaciones a largo plazo, pues Carranza quería a Bonilla en la presidencia para ser su instrumento.
Al parecer Bonillas vivía tranquilamente en Washington, como representante diplomático de la república Mejicana y el pueblo mejicano que hace apenas unos meses, no sabía quien era Bonillas de pronto los funcionarios del gobierno encabezados por el general Montes le hacen popular Este de unos treinta años de edad, presidía el comité cívico eran el que preparaban los discursos, de Carranza así como los del general Juan Barragán jefe del Estado Mayor de veintisiete años a los que todos conocían por “Juanito”. Este joven general más tarde fue fusilado por los revolucionarios “Mejicanos” al huir Carranza.
Tardó poco este pueblo malicioso de la capital, para bautizar inmediatamente al candidato de Carranza, con el apodo de “Flor de Té”. Las gentes reían desde este momento, sin respeto por las barbas y el gesto de “pocos amigos” que ponía don Venustiano. ( ¡Viva Bonillas! ¡Viva Flor de Té!) .
No cabe la menor duda que la caída de Carranza, fue por haberse empeñado en imponer la candidatura de Bonillas. Si Carranza hubiese dejado seguir el curso normal de las elecciones, dejando que los generales Obregon y Pablo González se disputaran el sillón presidencial Carranza hubiese terminado su periodo tranquilamente. –Pero no fue así.
Lo primero que hizo Obregon, fue intentar secuestrar a Bonillas y cuenta Martín en su diario que este se hospedaba en su mismo hotel. Cansado por la campaña, Bonillas solía salir por las tardes, a recorrer las afueras de la capital y dice que en alguna ocasión él acompañó a Bonillas y a su hijo en sus excursiones. Por la noche en las charlas con este hombre culto, Martín dice también que encontró a la vez e hizo amistad con el escritor Valenciano Vicente Blasco Ibañez, el cual se hospedaba en el mismo hotel como reportero del New York Times y el Chicago Tribune, dos de los más prestigiosos periódicos norteamericanos de la época. Y cuenta también que él fue por sus continuas charlas y leyendo sus crónicas quien fue deshilvanando la complicada historia de la fracasada revolución.
Con Blasco Ibañez, Martín compartió también la mesa del hotel a lo largo del mes. Lo que le permitió como sigue contando acumular amplios conocimientos de la historia Mejicana y según cuenta a Vicente Blasco Ibañez, él le agradece enormemente las atenciones de que fue objeto por su parte. Por todo esto Martín no duda en contar toda su historia al escritor, el cual no dejó de tomar apuntes al respecto y sobre todo lo que se refiere a la colaboración de Martín con los rebeldes en la guerra de independencia cubana. Blasco Ibañez a la vez le explicó con todo detalle, que el mismo había hecho campaña política contra esa absurda guerra colonial de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Martín cuenta que coincidía en todo con las ideas del Valenciano y que él como buen republicano saludaba la lucha y responsabilidad que tuvieron los intelectuales españoles ante el pueblo español y su historia.
Al enterarse el general Ortega que el escritor y periodista Blasco Ibanez compartía la mesa con Martín, Ortega envidioso por las continuas entrevistas del escritor con las personalidades más relevantes del gobierno, pide a Martín que le organice un encuentro con el periodista; pensando que esta entrevista daría publicidad a su persona y sin que Martín tuviese tiempo de explicar al escritor los pormenores de la proposición de Ortega este se presento con Guadalupe en el comedor del hotel. Tanto Bonillas, como Vicente, miraron extrañados a Martín y este explicó al escritor que al fin y al cabo era una buena oportunidad para poder entrevistar a un personaje tan clásico de la revolución.
Blasco Ibanez al principio creyó que Ortega en realidad no-tenia nada que contar, pero al parecer para el escritor fue un personaje digno de estudio… Martín a lo largo de la charla observaba como el escritor, daba mayor importancia a los gestos de reproche que la genérala hacia a las explicaciones que Ortega daba que a la situación política del momento. Mientras Ortega para hacer más creíble sus explicaciones se dirigía a Bonillas para justificar su actitud neutral en la campaña electoral y al poder convencerlos continuó hablando de la campaña para con simpleza decirles que Méjico no estaba preparado para la democracia sino para el poder del más fuerte.
Mientras tanto Guadalupe muy nerviosa intentaba moverse en el sillón pero sus exuberantes nalgas se lo impedían. Mientras tanto Martín continuaba insistiendo al escritor que le hablase del general Martínez, que él conocía y que Martín estaba convencido de su culpabilidad en el caso de Linda. Blasco Ibanez, taciturno terminó por decirle: – Estimado Martín, decididamente usted es un excelente comensal. Su charla amena resulta inagotable; pero como buen amigo le aconsejo que continúe su viaje a California por que Méjico es muy peligroso y el tiempo terminará haciendo su propia justicia. –¿Que se puede pedir a este país, cuando el señor Obregon candidato a la presidencia, gastó una enorme broma sin gusto, al entrar en la capital después de expulsar a Villa?. - ¡La broma fue el convencer a todos los comerciantes de asistir a una función teatral, cercar el edificio por militares armados de ametralladoras, y dar parte a los congregados, de que se les fusilaría a todos sino entregaban equis millones! ¿Que responsabilidades puede pedir a nadie estimado Martín?
Querido compatriota, usted debe darse cuenta que no solo son los militares los que llevan revolver por las calles de Méjico, casi todos coinciden en este adorno como acompañamiento indispensable. Hasta el propio Carranza, el Presidente lleva bajo su chaquetón, un revolver y sus respuestas de cartuchos. – ¡Pobre don Venustiano Carranza!. – Conoce bien su época y su gente, y sabe que esta rodeado de personas de los que si te das la vuelta te apuñalan y estaba convencido que algún día tendrá que defenderse. Por eso le sigo aconsejando que abandone su venganza y se vaya. Le diré que su amigo Ortega, como su enemigo Martínez, morirán a su turno, víctimas del poder y de las mujeres. Y lo que no sospechó Carranza nunca, es que los encargados de velarlo le despertarían una noche al grito de. ¡Viva Obregon!. Disparándole los fusiles a quemarropa.
También cuenta Martín, que una noche se armó un gran revuelo en el hotel, cuando un grupo de “Obregistas” de los de a caballo, antiguos guerrilleros y gente dura del campo intentó raptar a Bonilla con el fin de tenerlo oculto mientras las elecciones. Desde entonces perdió de vista a Bonillas, hombre agradable y culto lo que sucedió posteriormente después fue que el general “Juanito” Barragán lo instaló en alguna casa particular.
La primera vez que se sublevó Obregon contra el gobierno de Carranza. Este, lo hizo volver forzosamente a la capital para procesarlo por complicidad con los insurrectos que desde hacia tiempo estaban alzados en armas contra el gobierno. Pero lo sucedido, no quedó más que una simple advertencia al ser Obregon todavía necesario a Carranza.
Para Carranza, Obregon era un general inquieto, con un valor enigmático y, con él se podía ir al ministerio o al pelotón de fusilamiento; pues de los tímidos se mantenía lejos y de los hábiles calculaba aun su amistad. A este general tímido, le falta su brazo al ser el vencedor de Pancho Villa y esto hizo de Obregon un héroe Nacional. El manco general, al acabar con él poder militar de Villa, consiguió que este antiguo ladrón de ganados no llegara al sillón presidencial.
Obregon, era un general hábil que le gustaba despreciar la limpieza y todo adorno personal, al presentarse mal vestido creía halagar al populucho Mejicano que así lo consideraría más suyo. Al sublevarse el Estado de Sonora, Carranza sorprendió a Obregon e intentó encarcelarlo por segunda vez al estar convencido de que así seria más respetado. Ante tal situación, Obregon huyó y sus partidarios militares empezaron a sublevarse con un visible desconcierto y una indiscutible falta de unidad. – Cada uno por su lado.
Mientras tanto, Carranza llega a juntar numerosas fuerzas en torno a la capital y envió a su yerno Cándido Aguilar para reunir nuevas tropas en Veracruz e intentar crear un último refugio en esta plaza fuerte en caso de desgracia como lo consiguió hace unos años al ser arrojado de la capital por Villa y Zapata. Los encuentros de Obregon con el gobierno, no iban muy bien para el general y la campaña se presentaba larga de meses o quizás de años. Pero a causa de la intervención “revolucionaria” de Don Pablo González se decidió la caída del Presidente Carranza de lo contrario Carranza estaría todavía en estos instantes en su palacio de la ciudad de México.
Si fue Don Pablo González el que precipito la caída del presidente Carranza, pese a que este en realidad lo favoreció en toda ocasión, dándole los mejores puestos del ejercito; pero este antiguo mozo de molino quiso ser presidente. Don Pablo se sublevó casi a los pies de la cama de Venustiano, pues el tal don Pablo, era un hombre que pensaba mucho las cosas antes de hablar, y era tan serio que no dudó en tratar con pocos escrúpulos el derecho de la propiedad cuando iba al frente de sus tropas. El fusilo públicamente a mucha gente y sus enemigos le acusaban además de haber dispuesto otras muertes en secreto valiéndose de mezquinas estratagemas.
Ante tal situación, don Venustiano intentó de nuevo retirarse a Veracruz, y ya no lo pudo porque Don Pablo ocupaba el camino de Puebla en donde tenia muchos partidarios. Carranza en su huida y, de camino al exilio fue asesinado en la población de Tlaxcalantongo en el estado de Puebla. Posteriormente el propio Don Pablo, intentó llevar a cabo un pronunciamiento en la ciudad de Monterrey, donde fue capturado y condenado a muerte en Julio de ese mismo año aunque después la sentencia fue suspendida. El general Martínez a la vez, intentó un pronunciamiento, pero cuando se hallaba en el mejor hotel de la ciudad fue acribillado a balazos y con él dos mujeres al encontrarse los tres desnudos en la misma cama.
Al poco tiempo los periódicos de la capital anunciaban el sublevamiento del general Ortega, al grito de: “¡Viva la constitución!.” Martín no esperaba este acontecimiento, pero el resto de la Nación no se asombró, porque una sublevación no-tenia nada de extraordinario, dado que en los últimos años no se había visto otra cosa. Pero Martín se repetía: –¿Cómo es posible que Ortega se sublevase, cuando siempre había estado de acuerdo con los que mandaban? Martín cuenta que fue días después a despedirse de la genérala y le dijo: –¿Pero porqué se ha sublevado este hombre?. –¿Que mal le ha hecho el Gobierno?. A lo que Guadalupe respondió: – Martín, ese canalla no se ha sublevado únicamente contra el gobierno; sé ha sublevado también contra mí.
Guadalupe vuelve a recordar que ella fue una “soldadera” que marchó a todas partes con él. Una verdadera “galleta”, como se las conocía por su fidelidad al hombre. Pero a Guadalupe le costaba trabajo comprender que el mexicano fuese un sentimental enamoradizo, si no un individuo pronto a engañar a la esposa por otra y ellas a la vez pasaban sin vacilación alguna a unirse con otro cuando el anterior había muerto y mismo vivo les repudiaba. – ¿ Martín, qué puede hacer en este mundo una “pobre genérala y sin su general?.
Para Martín estaba claro que esta turba de generales agresivos que dominaba el país en estos momentos, adoraba a Obregon por ser uno de su clase; pues el ejército estaba compuesto por las antiguas bandas de revolucionarios que habían tomado poco a poco la apariencia de regimientos y en estos “regimientos” uno puede convertirse rápidamente de coronel a general. El ejército mejicano no se parece a ninguno de este mundo, el machismo es tal, que el hombre no va ninguna parte sin la “vieja” todas estas mujeres apodadas “soldaderas” viajan con su hombre y su cesto de comida y en plena calle en las estaciones o en el campo sentados en el suelo sé vera a toda la familia mujer e hijos comiendo con lentitud majestuosa. Estas mujeres van sucias y muchas visten andrajos. ¡Con Dios! Dicen al despedirse y si los tiempos son de revolución, añaden: – ¿A ver si vuelves?.
Por fin, fueron Alvaro Obregon y el general Plutarco Elías Calles los actores de esta “revolución” que tardaron más tiempo en pagar con sus vidas. Obregon enfrentado políticamente a Carranza, participó en él «Plan de Agua Prieta», cuya consecuencia final fue el asesinato de Carranza. Posteriormente, al verificarse las elecciones resultó triunfador el general Obregon que se hizo cargo de la presidencia, sometiendo a sus ordenes a todos los grupos rebeldes. Pero las fuerzas conservadoras y la Iglesia Católica, no le perdonaron su programa revolucionario y duro del 1924 hasta en 1928 en que se retiró de la vida activa. Pero la curiosidad de este personaje es que en 1929 de nuevo fue reelegido presidente y antes de poder tomar posesión del cargo murió asesinado en un banquete que se celebraba en su honor.
En diez años, cuatro presidentes habían terminado de mala manera o habían muerto en cama ajena. Martín en su franqueza afirma y confiesa en su diario que guarda un triste recuerdo de los largos años de revolución; pero no por causa de estos señores que conocieron una autoridad sin limites y la desesperación de un final trágico; si no por estas “Revoluciones” que no sirvieron más que para intentar cambiar todo y con el solo fin de –¡Qué nada cambie compadre!.
La Humanidad es fiel a su origen y, los hombres se creen libres, pero sus instintos animales surgen y mismo si es cierto modo se creen engrandecidos ante el resto de los animales; la verdad es que el hombre es el solo animal de esta tierra capaz de cometer sin escrúpulos los crímenes más horrendos y después con gran facilidad justificarse en nombre de una religión o de cualquier ideología política. Pero en su hipocresía, solo se esconde el sexo, su estomago y el poder. En definitivo los hombres al ser esclavos de su propia grandeza, terminan a su vez siendo devorados por otros más poderosos.
CAPÍTULO XXV
Aún era de noche, pero ya las primeras luces del alba anunciaban el nuevo día y fue cuando Martín decidió dejar la capital para continuar su viaje a California en los Estados Unidos. – ¡Adiós, México!, penso brevemente Martín y aun penso más al sentir ese impulso de consuelo que anima a todos los hombres ante las grandes desilusiones. – No, no debía desesperarse de nuevo. – La vida le reservaba dulces esperanzas. – Era joven e iba a los Estados Unidos con el propósito de recorrer este inmenso país y encontrar nuevas aventuras. Y dada la situación peligrosa en que se debatían todos los estados del norte del país, Martín decidió para más seguridad dirigirse hacia el sudoeste y, para esto con cierta puntualidad se desplazo hasta estación central de la capital con el fin coger el primer tren que recorriera la distancia que separaba la capital de la ciudad de Acapulco.
Desde la ventanilla de su asiento, Martín observaba el ir y venir de las gentes por la estación. Los hombres marchaban con sus típicos sombreros de paja, y las mujeres a aunque jóvenes iban tan mal vestidas que parecían viejas. Por él anden inmediato, avanzaba marcando el mismo paso que en grupo de soldados, este grupo de mujeres arrebujadas en sus mantos, de tez cobriza y extremadamente delgadas siempre siguen a sus hombres donde quiera que vallan. Todas llevaban una cesta al brazo y entorno de ellas trotaba un enjambre de pequeñuelos descalzos que sonreían a los soldados y miraban con respeto al oficial especie de Dios temible que les impedía ir agarrados de la mano de sus padres. ¡México, triste México!. Que como diría el poeta: – ¡ Tan lejos de Dio, y tan cerca de los Estados Unidos!.
Martín despertó al sentir en su rostro un rayo de sol, pues las cortinas de la ventanilla no estaban bien cerradas impidiéndole abrir los ojos. Pensativo en su brusco despertar, creyó haber tenido una pesadilla; pero recuerda con facilidad que en (Chilpancingo) el tren se detuvo unas horas a pesar de que en los andenes no se veía un alma, no obstante decidió apearse para estirar las piernas y paseando por la estación recuerda que tubo que regresar precipitadamente al encontrarse con un tapiz de millones de cucarachas que al andar eran aplastadas sin misericordia. Al parecer este fenómeno, se debe al clima muy soleado, húmedo, cálido y muy lluvioso al final del verano y principios del otoño. Estas altas temperaturas acompañadas de una fuerte humedad en el terreno, hacen que millones de cucarachas invadan la ciudad y después Martín quedo de nuevo adormilado y cuenta que volvió a tener pesadillas al ver por todas partes esa malditas cucarachas despertándole de ellas a los gritos de los jefes de estación anunciando los nombres de las próximas paradas: – Alarcon y Acapulco.
El tren siguió ganando altura y el humo que formaba la vieja locomotora penetraba en los vagones, haciendo insoportable el ambiente y de pronto se oyó el ruido infernal de los frenos de la maquina al querer reducir su velocidad en la bajada pronunciada que indicaba la vertiente opuesta de la Sierra Madre del Sur.
Por fin Acapulco, puerto del sudoeste del pacifico. Esta ciudad fue utilizada como punto de partida para las exploraciones de los mares del sur, llegando a ser el puerto más importante de la colonización española y por eso se llamaba La Nao de Acapulco. El servicio marítimo más regular, más extenso y audaz que existió en el mundo. Desde 1565 hasta 1815 fue el principal puerto del Virreinato de nueva España y hoy el puerto presenta una gran capacidad para recibir transatlánticos. Hay que destacar también que Acapulco goza de un excelente paisaje tropical y guarda gran variedad de monumentos en buen estado de conservación que recuerdan el esplendor colonial. Sus gentes son descendientes de distintas etnias, pero entre ellas la más importante son los antiguos Zapotecos que edificaron las mayores ciudades en esta zona.
A los dos días, Martín consiguió un pasaje en un transatlántico que hacia su navegación hasta el Japón, pero con escalas en los Angeles y San Francisco. El buque fue perdiendo de vista las montañas de Acapulco y al día siguiente frente al puerto de Manzanillo la tierra se alejó quedando abierta la boca del profundo golfo de California. Hay que destacar que el transatlántico tardó cerca de un día para atravesar esta enorme embocadura y llegar al otro extremo o sea al vértice de la Península llamada Baja California. Al cerrarse la noche navegaron sin vestigio alguno de tierra y, a la mañana siguiente, divisaron de nuevo el litoral, pero el buque por precaución siguió navegando lejos de la costa por ser costa peligrosa a causa de sus bajos arrecifes.
Al salir de la zona tropical, el Océano toma un color azul plomizo y al observar el horizonte denso y gris los pasajeros salieron de nuevo a cubierta pero esta vez con la ropa de invierno. Horas después, el buque comenzó a zarandearse por el mal tiempo que se preparaba y pese a que los marineros intentaban dar confianza indicando que era una simple marejada no lo consiguieron. Pues a pesar de su aparente majestuosidad, el buque danzaba como un tapón de corcho sobre las aguas y, si daba cierta confianza ver a lo lejos a otros buques que se ocultaban de pronto como si los hubiesen tragado las olas, para después volver a reaparecer más allá con saltos de animales asustados, el mareo y el susto no se lo quito nadie. Este oleaje tempestuoso lo produce las corrientes marinas del Océano Pacifico al acercarse al golfo y en cuyo remate esta la famosa ciudad de los Angeles punto del destino de Martín.
En la bahía de San Pedro, el buque y los viajeros encontraron por fin el reposo merecido después de esta tempestuosa tormenta. Los viajeros al descender la pasarela respiraban tranquilos, a la vez que se despidan con una pobre cortesía de las personas con las que a lo largo de la travesía habían simpatizado. El capitán, un Peruano simpático y cortes en su despedida fue el que aconsejó a Martín, el hotel “Le Rivière” bien frecuentado y céntrico.
Martín paso dos días tranquilos, después de un descanso merecido y el tercer día Martín se dirigió en un automóvil de alquiler a la capital cultural de California “San Francisco”.
Los Angeles es una planicie de naranjales y otros arboles frutales variados y estos arboles se perdían a lo lejos en filas regulares con sus troncos pintados de blanco para la defensa de los parásitos. Es verdad que el oro, había hecho celebre y rico a este Estado pero esto solo represento una opulencia transitoria porque su riqueza permanente estaba en cultivos y otra riqueza más moderna como era los pozos petrolíferos. Pues al vértice de los arboles, asomaban los andamios de madera que marcaban la existencia de estos pozos surgidos del interior de la tierra. Pero la riqueza californiana más conocida mundialmente era sin duda el cinematógrafo y era aquí precisamente donde se había centrado los estudios más importantes de los Estados Unidos. Y este excelente artículo de exportación fue en la ciudad de Hollywood se logro al realizar el milagro de crear la vida sin voz, como se llamaba al principio, el cine mudo.
En su parte septentrional y antes de llegar a San Francisco. Había selvas convertidas por la previsión del gobierno en parques nacionales, con arboles prodigiosos como eran los famosos “Secuayas ” que bajo cuyas raíces áreas podían pasar dos personas a caballos y estos arboles colosales pueden llegar a los 80 metros de altura en sus troncos enormes se habían perforado túneles que permitían el paso de un automóvil.
San Francisco esta enclavada en la bahía que lleva su nombre y al parecer esta bahía para los españoles se mantuvo oculta durante mucho tiempo hasta que se presentó inesperadamente ante los ojos de Don Gaspar de Potolà. Coronel español de caballería, que la descubrió por la parte terrestre, y fue en este mismo lugar que después de una fuerte pendiente de la carretera y entre arboles frondosos que Martín descubrió a través de las columnas de troncos la famosa esta bahía y cuenta que quedo atónito al admirar el hermoso panorama de esta bahía bordeada por una ciudad moderna y el “Golden Gate” (Puerta de Oro) que en laza el desfiladero marítimo que sirve de entrada.
Esta prodigiosa ciudad esta situada entre el Océano y las colinas que la rodean y al atravesar su avenida centra que es la más hermosa de América Martín a su paso contempló numerosos monumentos con figuras metálicas o marmóreas que adornan dicha avenida. Pero lo que más le llamo la atención fue que n su parte más céntrica un fraile de bronce se alza sobre un zócalo con una cruz en la mano; es el religioso Mallorquín Junípero Serra primer colonizador de la alta California y el que dio a la ciudad el nombre de San Francisco patrón de su orden.
Cerca de esta avenida Martín encontró el hotel que le convenía y desde la ventana de hotel recién construido. Martín pudo observar los continuos edificios que a pasos agigantados se levantaban, después del famoso terremoto que desoló la ciudad en 1906 y que la arruinó completamente. Pero lo más original de San Francisco es su barrio Chino, del que se cuentan historias terroríficas y que el terremoto dejó al descubierto un segundo barrio subterráneo de habitaciones superpuestas y corredores intrincados. Un verdadero hormiguero para desorientar al policía más astuto y que en realidad el profundo laberinto servia para ocultar fumaderos de opio y casas de juego.
Al día siguiente de su llegada Martín buscó en un edificio céntrico de la ciudad, al notario que Henry dejó marcado en su testamento y que después de las oportunas diligencias Martín fue recibido por un señor llamado “Taylor” que personalmente le abrió las puertas de su lujoso despacho. – Siéntese ahí señor Martín – lo estaba esperando. Martín al entregar su sobre observó como el notario buscaba entre sus archivos para entregarle después de haberlos encontrado unos pergaminos voluminosos que Martín adivinó con rapidez que trataban de la compraventa que ya Henry había firmado. Después con mucha cortesía le pidió los papeles de defunción de su amigo Antonio y al terminar de leerlos el notario le dio el pésame por la mala suerte de su amigo. Pero la sorpresa de él vino cuando el notario le explicó con detalle las dimensiones del rancho y el personal que en él trabajaban. Pero para Martín la mayor sorpresa fue cuando el señor Taylor, le reveló el valor aproximado actual del rancho y al sentirse millonario de pronto por la palabra sagrada de su amigo Henry sintió una profunda admiración hacia su persona.
Al descorchar una botella de Champan en compañía del notario y de su joven secretaria. El notario aprovechó para darle las últimas explicaciones, así como el nombre del capataz y del administrador que se ocupaban de la explotación del rancho y le aseguro que eran personas honestas. A continuación, Martín pidió al señor Taylor que se ocupase de comunicar con la hermana de Henry y que vivía en San Diego. Pues había que dar solución al segundo sobre que Henry le había entregado y a la vez le pidió que comunicase al gerente y al capataz de su próxima llegada al rancho. A lo que el campechano notario aceptó Complacido.
Cerca de una semana llevaba Martín en San Francisco enamorado de esta bella ciudad y en sus paseos cotidianos solía subir en los típicos tranvías para terminaban en lo alto de las colinas para dominar desde allí la bahía con su extraordinario paisaje. Ya de vuelta, bajaba andando por esas empinadas avenidas y en sus tranquilos paseos observaba con curiosidad ese mosaico de razas y mezcla de civilizaciones que solo en San Francisco se puede encontrar. A sí es, pues en ninguna parte mundo se puede ver tanta mezcolanza de seres humanos, desde Asiáticos de todos los colores, pasando por los Indo-Americanos y blancos de origen Europeo.
Decidido Martín a continuar su viaje, a los pocos días salió de la estación de San Francisco en un vagón de primera clase y quedo asombrado al comparar los ferrocarriles Mejicanos con los de este fabuloso país. Aquí, cada viajero tiene su asiento y, es cuando Martín recuerda de nuevo los trenes del vecino país donde las gentes se empujaban con rudeza como si huyeran de un incendio, sólo para conseguir viajar sentados; pues en un espacio para ocho se instalaban catorce. Al desaparecer el sol entre las colinas que rodean San Francisco y después de instalado cómodamente en su vagón-litera la locomotora empezó a pitar de manera ensordecedora indicando su salida.
No habituado a dormir con ese continuo ruido que origina una locomotora, Martín antes de amanecer abrió la ventanilla, observó como el resplandor del sol sin trabas de nubes amenazaba esplendoroso, logrando introducirse entre estos enormes arboles que parecían gigantes queriendo velar por su seguridad. Al llegar al llano y ya libres de este telón de majestuosos arboles se divisa el Lago Tahoe que alumbrado por los rayos del sol constituye un espectáculo de extraordinaria belleza. Este hermoso lago conocido como Tahoe, esta localizado en la frontera entre los Estados de California y Nevada y más concretamente en la región montañosa de la sierra Nevada. El Estado de Nevada, es intermediario junto al de Utah; de los Estados de California y de Colorado.
Todo el día y hasta la caída de la noche, Martín quedó asombrado de estos paisajes fabulosos de este enorme país. El Estado de Nevada se encuentra dentro de la región de la Gran Cuenca (o Great Basin); su topografía se caracteriza por numerosas cadenas de montañas, con valles con ocasionales mesas de tierra rojiza y cerros que el tiempo les dio formas originales. Martín absorbido, no dejó en ningún momento de admirar el horizonte que a cada instante le traía nuevas sorpresas y al atardecer el tren atravesaba la majestuosa meseta de Columbia. Este estado según cuenta Martín no parece tener fin, siendo uno de los más extensos y más seco de los Estados Unidos.
A la caída de la noche, Martín vuelve a su litera pero siente que de nuevo el tren atraviesa zonas más o menos llanas por que el ruido cambia de cuando el tren atraviesa zonas montañosas y, por fin al atardecer de día siguiente sé percibe el gran lago Salado y al poco tiempo el tren entra ya en la estación de Salt Lake City. En esta estación el tren tiene su termino pero para continuar hasta la ciudad de Denver se necesita cambiar de estación, lo que hace que Martín decida descansar unos días en esta interesante ciudad. Al salir de la estación y al fondo de la ciudad, llama la atención los montes Wasatch que pertenecen ya al ramal central de las montañas Rocosas y estas cimas de nieves perpetuas ofrecen al viajero un espectáculo maravilloso.
Al día siguiente y después de descansar la noche en un céntrico hotel. Martín se dirigió a visitar el principal centro del nacimiento “Mormón” cuyo nombre oficial es ( la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días). Este grupo religioso, fundado en 1830 por Joseph Smith fue en sus primeros tiempos integrado por un numero reducido de miembros, pero posteriormente creció considerablemente debido a una efectiva actividad de proselitismo y a su alta tasa de natalidad consecuencia de su autorizada bigamia. Martín recuerda en su diario que estas gentes eran de una sencillez extraordinaria y en sus paseos familiares por la ciudad se distinguían por la disciplina que guardaban. Sus vestimentas remarcable y su mirada puesta continuamente al suelo les hacia ante las gentes más humildes. Martín en sus pensamientos y, dada su vida agitada y aventurera no llegaba bien a comprender a estas gentes humildes, dedicadas a la agricultura y al servicio de una causa que él no entendía.
Al anochecer, Martín reanuda de nuevo su viaje, que esta vez le llevara, sin paradas importantes a la capital del Estado de Colorado. Este Estado se sitúa en la región de las montañas Rocosas y limita al norte con Wyoming y Nebraska, y al sur con Oklahoma y nuevo México. Estas montañas se extienden, de norte a sur y por todo el centro del Estado.
A primera hora de la tarde del día siguiente y cuando. la luz solar se reflejaba sobre las cumbres nevadas de las montañas Rocosas fue cuando Martín llegó a Denver. Como estaba previsto, a la salida de la estación un joven corpulento con vestimenta vaquera, se dirigió a él y con voz apagada le preguntó si era el señor Martín. El joven se presento como un enviado del señor Baldwin, capataz del rancho y le pide perdón por su ausencia al encontrarse este en la ciudad de Colorado Springs con motivo de cargar en el ferrocarril un importante envío de ganado. Y poco después, el joven invitó Martín a acomodarse en un lujoso automóvil, que él vaquero conduciría hasta el rancho. John, que era el nombre de este joven, al salir de la ciudad con una voz mas caldeada como si hubiera perdido su timidez se dirigió a él para decirle si se hallaba cómodo en su asiento..
A unos treinta kilómetros el automóvil se detuvo al cruzar el camino cientos de vacas que levantaban una gran polvareda y, observo que a los laterales de la manada y con una soltura extraordinaria vaqueros montados sobre hermosos caballos dirigían con gran destreza el ganado. Estos vaqueros lucían un revolver a la cintura, un fusil sujeto a la silla y al lado contrario una cuerda enlazada. Disipado el polvo irrespirable, divisaron de nuevo las elevadas montañas Rocosas que cada vez parecían más lejanas. El automóvil siguió su marcha por un camino pedregoso que conducía al rancho, este camino era difícil para el automóvil puesto que era únicamente frecuentado por lo cuadrúpedos. Después, un fuerte declive en terreno dejó al descubierto un valle fértil con extensas praderas que se extendían al horizonte, hasta el pie de estas elevadas montañas, fue cuando el vaquero aprovechó para decir que el rancho ocupaba todo el valle y así fue pues junto a un río de aguas frías procedentes de los deshielos se levantaba una señorial casa de dos plantas, y a unos quinientos metros, una multitud de pequeñas casas de madera con grandes naves y amplios corrales.
Al apearse Martín del automóvil, se acercaron para descargar el equipaje, unos señores que le saludaron respetuosamente. Martín, al observarlos comprobó que estos vaqueros llevaban unos pantalones de una tela recia y muy ajustada a las piernas, un chaleco de cuero que semi-escondía una camisa a cuadros. Al acercarse a las amplias escaleras que daban al edificio, unas mujeres con las ropas del servicio le saludaron con un gesto de cortesía y mientras una de ellas se presentó como la gobernanta. Después de designarle la más hermosa habitación y de hacerle visitar el interior, Martín bajó al salón donde descubrió grandes cuadros de pintura representando a los padres de Henry, Henry y su hermana. Lo que le hizo suponer que la hermana de su amigo debería tener en la actualidad cerca de los noventa años.
El señor Baldwin, que se presento como capataz iba acompañado de unos diez vaqueros que presentó alguno de ellos como jefes de equipo a las ordenes de él. Baldwin con cortesía, pidió perdón por su tardanza, y a continuación la gobernanta les invitó a pasar a un salón donde el capataz extendió un mapa de la región, para explicar a Martín la extensión del rancho y sus peculiaridades. Después de estas explicaciones, Martín de nuevo quedó sorprendido por la extensión de la propiedad y del valor de ella agradeciendo al capataz y a estos vaqueros por la pasión con que realizaban su trabajo.
A la mañana siguiente el señor Baldwin, se presentó con un hermoso caballo; para que juntos pudiera visitar el rancho y saludar al resto de los empleados. Que según Baldwin eran mas de cincuenta, los que se ocupaban del cuidado de más de cinco mil cabezas de ganado incluido la servidumbre y el propio John al que Baldwin le puso a su servicio para que le acompañase a recorrer estos parajes magníficos y otros menesteres. Al día siguiente con un sol radiante y bien abrigado Martín encontró a John esperándole con los enseres para una larga cabalgata. Martín al ajustarse a la nueva inclemencia del tiempo, recuerda bien el cambio experimentando después de los largos años pasados en países tropicales; no obstante Martín no tardo en adaptarse rápidamente a estas temperaturas continentales.
John ya no miraba el suelo al hablar y su sonrisa dejó de ser maquinal por no expresar únicamente humildad y timidez y recuerda bien que con los caballos al trote siguió al joven vaquero por las verdes praderas hasta los pies de las montañas Rocosas que eran los confines del rancho y donde el valle se cortaba bruscamente. Tanta belleza, le evocó el recuerdo de los años pasados junto a sus amigos: –¡Que paisaje tan hermoso!. – ¡Demasiado hermoso!. –¿Pero sin ellos?. Martín no puede olvidar y de nuevo le surgen el recuerdo sus amigos y su querida esposa. Para olvidar, Martín galopa de nuevo por aquellas verdes praderas, pues para él este galopada determinaba la libertad y el olvido. Ese olvido que le ofrecían el atractivo de ese paisaje de ensueño y de una renovada juventud que él intentaba con su nueva existencia filtrar a través de la pureza que le proporcionaban estos horizontes distantes.
En su galope sin obstáculos solo se escuchaba el trote de su caballo y el de su inseparable vaquero y en su desenfrenado galope Martín observó en una extensa vertiente del valle a miles de vacas vigiladas por unos treinta hombres a caballo. Al acercarse los dos jinetes, los vaqueros, uno a uno les saludaron con sus sombreros puntiagudos y con dos abolladuras de “Cow-boy”. Algunos aprovechaban el gesto para sacudir con sus sombreros el polvo impregnado en sus ropas y después de las presentaciones por parte de su a acompañante una simpática charla con estos jóvenes cow-boys. Martín con aire satisfecho y de propietario sencillo regresó al rancho con el deseo de tomar una bien merecida ducha.
A los quince días después de su llegada al rancho, Martín decidió acercarse a la capital con afín de conocer y verificar su situación económica. Para esto Martín, pide a John que prepare el automóvil. y a la salida del sol el vehículo arrancó dispuesto a circular por las pedregosas carreteras del valle. Al acercarse a la ciudad, es necesario alzar los ojos al cielo, pues aquí los edificios tienen una verticalidad audaz y una infinidad de pisos. Denver se extiende junto al condado de Denver, y forma parte de una gran área metropolitana al ser el centro manufacturero, y comercial de una rica región ranchera y minera de las montañas Rocosas. Denver es a la vez, uno de los mayores mercados ovinos del mundo y de los más importantes de ganado vacuno al oeste del Mississippi.
La agencia que se ocupaba del rancho se hallaba en el centro de la ciudad y en un espléndido edificio de grandes ventanales. El director de la agencia en persona, le entregó la documentación con los datos económicos del rancho y por fin Martín quedó satisfecho al valorar la transformación y riqueza impresionante que en estos últimos treinta años había experimentado el rancho y al despedirse el director con un fuerte apretón de manos le repite: –Señor Martín, es usted un hombre afortunado.– “Este rancho es oro puro”. Martín, le agradeció el buen trabajo y se alejó de la ciudad contento por la rapidez con que el director le había atendido y, de regreso al rancho, Martín al observar los documentos se convenció totalmente de la veracidad de los datos que el director acababa de darle de su gestoría.
CAPÍTULO XXVI
Martín, embebido en sus paseos cotidianos por estos hermosos paisajes, parecía haber olvidado la reunión que tenia pendiente con la hermana de Henry, pero la llegada de una carta certificada le refresco la memoria ya que en dicha carta el notario le daba cita dos semanas después en la ciudad de los Angeles.
Con el tiempo preciso, Martín preparó los detalles para su viaje de vuelta a California y decidió esta vez hacerlo por carretera. Para esto, propuso a John que le acompañara y a lo que el joven vaquero que nunca había salido del Estado aceptó con una sincera alegría en el acto. El joven cow-boy parecía admirarse a sí mismo, viéndose sin aquellas ropas que esparcían un ligero olor de sudor y tabaco y con pocas palabras Martín le explicó los detalles de la conducta a seguir y sin imponerle ningún tipo de uniforme.
A la salida del sol y después de despedirse del capataz y de las demás personas del servicio Martín se acopló confortablemente en el asiento trasero del automóvil para emprender de nuevo este viaje de vuelta a los Angeles. Después de tres horas de recorrido, el automóvil dejó atrás la ciudad de Colorado Springs y, al anochecer descansaban ya en un hotel de Trinidad frontera con el Estado de Nuevo México y al amanecer del día siguiente el automóvil cruzaba la simbólica frontera de nuevo México para continuar su viaje hasta Santa Fe. A su llegada, aprovecharon unas horas para visitar esta ciudad que es la capital del Estado. Para Martín, esta ciudad se semejaba a cualquier ciudad del norte de Méjico y del Oeste Americano; solo que aquí se aprecia más la mezcla importante de indios y mejicanos. De nuevo, reanudan el viaje para recorrer una extensa meseta desértica que les conduce hasta la ciudad de Albuquerque, una de las ciudades más pobladas e importantes del Estado de Nuevo México.
Eran las doce de la mañana del día siguiente que el automóvil se detuvo en la ciudad de Gallup, frontera con el Estado de Arizona. El terreno desértico de esta parte de Norte América hace insoportable el calor y el paisaje estremece a cualquier visitante sobre todo al atravesar el Parque Nacional del “Bosque Petrificado” que sé encuentra en el Estado de Arizona. Este bosque posee la concentración de madera petrificada mayor del mundo al poseer seis “bosques” fosilizados compuestos en su mayoría de especies extinguidas de Secuoyas del Triassico.
Después de atravesar este cementerio vegetal de la naturaleza, se desviaron hacia la meseta del río Colorado una de las maravillas más impresionantes del Estado. El Gran Cañón y su desierto que parece pintado por esas esculturas que emergen desde la base del Valle talladas por el tiempo. Por estos parajes impresionantes donde las temperaturas son insoportables, se ven de tanto en tanto cruzarlo indios fundamentalmente Navajos, Hopis y algunos Apaches y el recuerdo entre estas gentes de Jerónimo su legendario jefe sigue intacto. Pues cuenta la Historia que los Apaches con su jefe en cabeza tuvieron fama a finales de siglo por su implacable resistencia a la imposición de su vida en las reservas y Martín sigue contando que aun tardaron dos días en atravesar continuas zonas desérticas para después entrar en el Estado de California. Fue al recorrer de nuevo los impresionantes bosques Californianos que el automóvil encuentro la frescura deseada para su motor y que ya no perdió hasta nuestra llegada a la ciudad de los Angeles.
A las diez de la noche pasadas, el automóvil se detuvo a las puertas del hotel Montecarlo y Martín al día siguiente recorrió los principales establecimientos de la ciudad con el fin de ampliar su vestuario de él y de John, por no ser la vestimenta que traían recomendable para la nueva situación que se les presentaba. Tres días después y como estaba marcado en la carta que Martín recibió en el rancho, al bajar al vestíbulo del hotel le comunican que un señor preguntaba por él para conducirle a las oficinas del notario que se ocuparía de descubrir ante la hermana de Henry el contenido del sobre en cuestión.
El encuentro con la hermana de Henry fue entrañable y caluroso por ambas partes. La señora estaba acompañada por una joven mujer, ya que la incapacidad sufría la anciana la hacia necesario ser transportada en una silla de ruedas. Instalados en su despacho, el notario después de las presentaciones, abrió el sobre y leyó en voz alta el documento. La curiosidad de Martín, iba en aumento hasta que el notario hizo una pausa, para acentuar el nombre de las personas designadas en el testamento y cuenta fue una gran sorpresa el escuchar que Henry nombraba a Martín y Antonio herederos de una cantidad importante de dinero así como de una propiedad en Santa Mónica.
La señora Betti, que era como se llamaba hermana de Henry, era viuda y sin hijos y aceptó las decisiones testamentarias con simpatía alegando que su hermano le había tenido gran aprecio. Martín recuerda que entre esta agradable señora y él el trato fue de autentica sinceridad hasta su fallecimiento dado que Martín se ocupó en todo momento de sus por menores. Betti murió dos años después y al lado de su lecho estuvo Martín acompañándola en sus últimos momentos. Así como la experimentada y simpática joven enfermera que fue bien recompensada económicamente por su patrona y por el mismo Martín.
La tarde era de invierno, el cielo encapotado, la luz gris; pero no hacia frío. No obstante, Martín decidió dar su paseo por el Griffith Park, la mayor área de esparcimiento al aire libre de la ciudad que se halla situado frente a Sierra Nevada y muy cerca de Hollywood. En este parque rodeado de bellos jardines, se extiende por una verde explanada y al pie de un monte cubierto de enormes pinos. Por el un grupo de muchachos corrían con las piernas desnudas en torno de un castigado balón y en la otra esquina de la explanada otro grupo de muchachos golpeaba con un grueso bastón de madera una dura y pequeña pelota y con el sólo fin de intentar enviarla lo más lejos posible. Un concierto de gritos y patadas sacudía la explanada y Martín se sentó un momento a la sombra de un enorme árbol que daba frescor a una plazoleta. Desde allí siguió apesadumbrado recordando a Linda y su hija observando el juego de los chiquillos y al pasear su mirada por la extensa sierra Nevada que se mantenía firme al fondo como guardián de la ciudad se le humedecieron los ojos.
Pero fue al volver de nuevo la cabeza y ver los niños correr en torno del continuo golpeado balón Martín de nuevo recordó su niñez que no había sido de otra que la necesidad del trabajo: – ¿Vivirían sus padres?.–¿Habrían muerto se preguntaba?. Martín se reprochaba la ausencia de noticias de las que sé hacia responsable por la incomunicación de tantos años, y también al imaginarse un reproche total por parte de sus padres a su deserción del ejercito en tiempo de guerra. Sin embargo, Martín recordaba haber escrito sin obtener nunca respuesta: – ¿Seria por las distancias, o el no saber escribir?. – ¿Quién saber?.
Martín al preguntarse de nuevo, quiso justificarse alegando. – ¡Pero ahora era rico!. – y además muchos desertaron como él. De hecho, los menos afortunados murieron o quedaron mal heridos en esa injusta guerra y además volvió a repetirse el tiempo termina por olvidar el pasado”. Era una y mil veces que Martín revivía las ansias de volver a ver cuanto antes a su tierra y pese que solía serenarse por algún tiempo de pronto el recuerdo le hacia hablar de nuevo con su persona.
Aquella mañana, Martín volvió al hotel con algún retraso y después del almuerzo se retiró a su habitación a descansar. Por la tarde cuando Martín atravesaba el vestíbulo del hotel a la hora de la cena, tuvo un encuentro inesperado al ver bajo la cúpula del vestíbulo a una persona conocida que él creía lejos de los Angeles. Incrédulo de lo que acababa de ver volvió de nuevo a observar a la elegante dama y fue cuando Martín quedó con los ojos en alto y la frente acerada como si forzase su memoria hasta que al fin hizo un gesto afirmativo al reconocer que era la misma mujer que él había conocido en la famosa fiesta que ofreció en la capital el presidente de la República Mexicana, Porfirió Díaz.
Martín contemplaba a la elegante señora, que con el embriagador perfume que la envolvía hizo que Martín la encontrase aun más hermosa que cuando la conoció. –¡No, no puede ser!… ¿Será ella?”. Martín, petrificado continúo contemplándola sin moverse hasta que la señora, al sentirse observada hizo un gesto de reproche con la cabeza; pero fue al mirar de frente que sus ojos quedaron fijos en Martín que seguía admirándola con ojos acariciadores. La dama como hipnotizada sonrió a la vez y, los dos por sus sonrisas, reflejaban en sus rostros el automatismo de la sorpresa y la alegría del encuentro.
Martín al saludar a la dama encontró un gran alivio, al ver que ella sujetándole las manos con fuerza le decía: – Señor Martín que agradable sorpresa, siempre pensé que un día nos volveríamos a ver. Y arrastrada por el entusiasmo de sus ilusiones no olvidadas le hizo continuas preguntas de su pasado. Después la distinguida señora, se volvió para recoger un manuscrito sobre la mesita inmediata que parecía haber olvidado y, con una admirable coquetería femenina pasó su brazo con gracia por el de Martín y con una sonrisa maliciosa le ofreció compartir su mesa del comedor. A continuación la dama reanudó su marcha sin dejar el brazo de él y volvió a repetir: – Sígame, no sea usted tímido y así podremos continuar hablando de nuestro pasado.
Al penetrar en el comedor del hotel, Martín quedó asombrado viendo que el camarero acudía presuroso a tenderles, abandonando sin delicadeza a los demás clientes. Al observar la extrañeza de Martín, Mabel con tono irónico le preguntó: – Esta visto Señor Martín que usted no frecuenta las salas de cine – ¿No es verdad? Si señora, por mi vida agitada no tuve tiempo. Ella sonreía de la seriedad con que Martín articula sus palabras.
Señora usted no me creerá, y, sin embargo, lo que le digo es cierto. –Señor Martín, le ruego que no me llame señora y me llame Mabel que es mi nombre, para mis amigos”. Y en ese instante, Martín comprendió que Mabel era una mujer popular gracias a sus actuaciones cinematográficas.
Después Martín, curioso de su pasado le pidió que fuera ella la primera en explicarle su vida. Ella dudó un instante, mientras exploraba mentalmente su pasado, pero no tardo en decirle: –Usted sabe que yo estaba casada con un millonario Norteamericano apellidado Douglas; él cual murió en un fatal accidente de aviación hace más de diez años. Mabel después hizo una pausa, para secar sus lagrimas pero a continuación volvió a sonreír con tristeza, para añadir que después ella sigue dedicando su vida a lo que siempre había sido su gran sueño; el cine. Mabel sonrió de nuevo, y mirando a Martín le dijo que sinceramente le había confesado toda su vida anterior. – Créame Martín, pues todo lo que le dicho hasta ahora es cierto. Luego ella aunque guardo un corto silencio no tardo en preguntarle: –¿Estimado amigo y usted que me cuenta?.
Martín dado lo penoso que era explicarla los acontecimientos que habían conducido a la perdida de su mujer, sonrió con una expresión triste y tolerante, y antes de comenzar hablar sintió en su boca una repentina humedad y sus pupilas tuvieron un instante la agudeza hiriente del acero. Pues la idea de querer matar al ese asesino Martínez que se llevó a sus seres más queridos le vino de nuevo a su mente. Después ya más sereno, Martín se dijo: –¡La muerte en si hay que olvidarla y no debe de haber ningún recuerdo par ella!… No obstante al fin, pudo terminar de contarla los acontecimientos que llevaron al asesinato brutal de su esposa y de su amigo Antonio en el Estado de Veracruz y en plena revolución.
Cuando Martín terminó el relato de lo ocurrido, quedaron los dos en largo silencio y sin saber qué decirse. Pues estas noticias conmovieron a Mabel tan profundamente, que tardó un tiempo en poder coordinar sus ideas; pero fue ella la primera en romper el silencio: – No siga hablando de eso. – Olvidemos el pasado… – Martín, permítame que lo llame por su nombre y que le aconsejé de hacer frente al presente para poder conseguir por fin olvidar el pasado.
Ante la situación creada por los tristes relatos, Mabel que no sabia como cambiar la conversación, encontró al fin la solución al comentar los ademanes y gestos de un camarero con aire afeminado que servia a la distinguida clientela del hotel y más tarde Mabel amenizó la charla diciendo: – Martín, las mejores historias de nuestras vidas son tal vez, las que uno recuerda con más intensidad ya que salen de pronto a nuestro encuentro como es para mí el caso de encontrarle usted de nuevo.
CAPÍTULO XXVII |
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| pablo garcia |
Publicado: Mie Dic 12, 2007 4:34 pm |
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Gracias se sigue y termina
CAPÍTULO XXVII
A partir del encuentro con Mabel las cosas fueron cambiando para Martín, al volver a vivir su segunda juventud y con una dulzura melancólica Martín esperaba con impaciencia las citas con Mabel ya que él adoraba aquellos continuos paseos por las calles próximas al hotel. Martín recuerda que al cerrar la noche, solían pasear por las calles amplias de la ciudad para luego, fuertemente cogidos del brazo y en un andar lento se perderse insensibles en medio del bullicio de la gente. Concentrados en su felicidad cuenta que pese al bullicio callejero no podían disimular la ventura que llevaba dentro de ellos. Pues el encuentro con Mabel despertó de nuevo la pasión perdida y pese que después de la juventud ya pasada se piensa de muy distinto modo. Martín recuerda su encuentro como si fuese un rayo de sol y una sonrisa maliciosa iluminando su rostro sintiéndose incapaz de olvidar un instante su sonrisa, sus encantos naturales y su belleza. No obstante cuenta que al meditar de nuevo, él dudó de su fácil conquista; pues las mujeres solo comprenden al hombre trabajando sin tregua, para conseguirlas y además estas mujeres de atractiva placidez los hombres siempre cuentan para ellas si son capaces de realizar sus deseos.
Todas las noches de vuelta al hotel y al despedirse de él. Mabel con un ligero temblor, mezcla de vergüenza y de placer, se agarraba convulsivamente a su brazo y aproximaba su rostro con el impulso entusiasta de recibir el beso de su amante. Pero Martín, lo que más recuerda siempre era el momento en que ella se alejaba y, él seguía observando el su paso elegante y ese movimiento de caderas que balanceaba su falda al subir los peldaños de la lujosa escalera del hotel.
Martín sentado en la barra del bar, sonreía con satisfacción al imaginarla en sus aseos, después del baño, oliendo a carne fresca recién sumergida en jabón y a delicadas vaporizaciones de perfumes. Después él se veía en pie, yendo hacia ella, con la voz ronca y temblona de emoción y al cerrar de nuevo los ojos la veía encerrada en una malla de seda que dejaba al descubierto sus redondeces. Y se volvía a preguntar, si un día ella le invitaría a subir a sus aposentos.
Los encuentros fueron en aumento y Martín descubrió que de nuevo se había enamorado de esta dama elegante y hermosa con el mismo entusiasmo de un jovenzuelo. Por su parte, ella no ahorraba medios para hacer ver a Martín su interés en profundizar sus amoríos ya que el en sus instinto adivinaba con certeza que cada día Mabel era más dichosa en su compañía. Es verdad que ala vez ella estaba enamorada de su trabajo y pasaba la mayor parte de su tiempo estudiando sus guiones de interpretación. Algunas mañanas Martín la acompañaba a los estudios, aprovechando los momentos de pausa en rodaje, para pasear y poner en orden sus futuras relaciones.
A varios kilómetros de Los Angeles, se encuentra el insignificante pueblecito llamado Hollywood y que en el transcurso de los últimos años logro convertirse en la gran metrópoli de la cinematografía. En los últimos veinte años se establecieron allí las grandes casas cinematográficas, huyendo de la luz gris y brumosa del invierno en la desembocadura del Hudson en Nueva York. Buscando un país de cielo seco, siempre azul, sol intenso, atmósfera clara lo encontraron por fin en California.
En esta ciudad, su vecindario se compone de actores del llamado “séptimo arte” y de los innumerables auxiliares que necesitan estos para complemento de su trabajo. Celebres en el mundo entero ostentan él titulo de “estrellas” y, se confunden con astros secundarios y un conglomerado de figurantes, escultores, carpinteros, tallistas, electricistas... etc. etc..
En espera de los momentos en que a Mabel, el director del filme le conceda una pausa en su rodaje, Martín solía pasear horas enteras observando esta ciudad universal. Admiraba boca- abierta, contemplando como cada productor cinematográfico poseía un terreno de varias hectáreas y con potentes maquinas de vapor en la entrada para producir la fuerza eléctrica. A continuación, grandes edificios permanentes de hierro y cristal, para imitar en su interior enormes estaciones de ferrocarril. En estos locales cerrados se reproducían las escenas de todas historias que sucedían en los interiores de las casas. Al exterior campos vacíos, sobre los cuales se levantaban con rapidez mágica, calles y plazas, barrios enteros que desaparecían poco después, para dejar sitio libre a otras construcciones que serian filmadas a continuación.
Las mujeres avecindadas en Hollywood, eran todas jóvenes y no feas; solo les preocupaba el parecer elegantes y hermosas llevando en sus ojos la ilusión del “dorado”. En Hollywood este conglomerado de mujeres, se contaba por miles. En esta torre de Babel él porcentaje de hombres, no pasaba en ningún momento de la mitad que las mujeres.
A las afueras de Hollywood existen campamentos de indios con enormes praderas anexas, ocupados por una antigua tribu de pieles rojas, que solo esperaban la llamada telefónica de los productores cinematográficos. Visitar Hollywood, es como entrar en otro planeta, donde cambia diariamente el aspecto del paisaje y personas y sorprendido de este mundo mágico Martín al regresar al hotel siguió escuchado atónito las explicaciones que Mabel le daba de ese mundo maravilloso.
Mientras iba descubriendo ese mundo artístico, Mabel se fue envolviendo en su celebridad, elevándose en torno a ella como una torre sin fin. Ella le hablaba de su fama en los diarios, de sus enormes ganancias, de los contratos que había firmado con las mayores casas cinematográficas y cuenta que su primera película aunque con un papel secundario fue: –“La olvidada de Dios” en 1914 y que a continuación le proporciono continuos contratos con el productor y director Cecil B. De Mille, y Mack Sennet. Después, trabajó en el “Mestizo” con el productor Jesse Lasky, el cual fundó la productora (Paramount). Mabel continuaba hablando del famoso productor Samuel Goldwyn con el que trabajó y, que cuatro años después formó la (Pictures Corporacion) y luego estas dos empresas fusionaron para crear la famosa (Metro-Goldwyn- Mayer).
Mabel embebida, seguía dando nombres de películas como: - Sin novedad en el Frente- La Calle y un ecetera…Para después nombrar los galanes que trabajaron en sus mejores películas como: –Rolan Colman, Willian S.Hart, Rodolfo Valentino y tambien cuenta que esperaba trabajar próximamente con el propio Charles Chaplin. Mabel dice también que su nombre verdadero antes de dedicarse al cine fue Mabel Douglas, pero lo cambió por el de Mabel Normad y después siguió ella hablaba sin pestañear e intuida en sus aspiraciones.
Martín observó mientras Mabel hablaba, que en su cabellera empezaban a marcarse algunas canas que parecían camuflarse entre su pelo rubio y sonreía disimuladamente al pensar que pronto tendría que apelar al engaño del tinte lo mismo que cuando se acicalaba para las representaciones cinematográficas. Inmóvil, Martín continuó observándola, para decirse: – ¿Cuarenta años?.. Esta cifra solo la conoce ella, pues aunque su cuerpo sigue tan ágil y gracioso como cuando la conocí hace más de diez años, su edad sola lo notara ella cuando a solas examine su rostro y mismo si sabe que la sustancias de sueños se hizo realidad no debe olvidar que todo tiene un fin aunque estoy seguro que: – ¡Ella nunca dejara de soñar!”.
Mabel conoció a muchos galanes, artistas secundarios, directores y técnicos, pero reconoce que en este fabuloso mundo del celuloide, son muchos los que quedan en el olvido o: –¡En simples sueños del dinero y la fama!. Unos, incluso en ciertos momentos conquistaran la fama momentánea para perderla después y, otros no pasaran de figurar en papeles secundarios a la sombra de los famosos y los menos afortunados terminaran en esa masa enorme de figurantes. No obstante, Hollywood era eso: – ¡El mundo fabuloso de los sueños!.
Semanas después, la amistad de la pareja se fue convirtiendo en pasión y Mabel parecía olvidar la existencia de mujer artista para hablar de nuevo de los dos: – ¿Que diría usted si yo le invitara a la fiesta de cumpleaños que celebro el fin de semana en mi residencia de San Diego? –¡ Le advierto que están invitados artistas, directores y demás gentes de la cinematografía, pero le garantizo que será usted mi anfitrión.
Como bien anuncio Mabel, la fiesta fue para Martín el punto de encuentro con numerosos famosos del cine, pues a lo largo de la fiesta ella le fue presentado a directores como Cecil B. De Mille, Marcksennelt, Jesse Lasky y Samuel Godwyn; artistas como Ronald Colman, Pola Negri, Marie Dressler, Gloria Swanson y el propio Charles Chaplin.
La fiesta transcurrió en un ambiente extraordinario donde se discutía de las ultimas y futuras películas, pero para Martín la mayor sorpresa vino cuando Mabel presentó a los invitados como su prometido. Martín, en las tertulias que se formaban alrededor de una o varias personas conocidas del celuloide, intentaba escuchar con el respeto de la persona poco entendida en la materia. Douglas Fairbanks, amigo personal de Mabel y uno de los mejores directores de la época, seria más tarde junto con D.W. Griffith, testigo ante el juez y este personaje del que después fue un grande amigo al observar que Martín que no articulaba palabra sobre los temas tratados le dijo: – Usted habla poco y más bien le gusta escuchar o a menos que su capacidad auditiva sea tan limitada como su capacidad verbal. A lo que Mabel comprendiendo por la situación que se encontraba él, intentó tirarlo del brazo para llevarlo hacia otro grupo, pero dos hermosas mujeres que acompañaban al director la pidieron que lo dejara un momento quedarse con ellos para decir después: – ¡Mujer no se lleve a este buen mozo – no sea usted celosa!.
Mabel al observar que los ojos de las damas y en especial la conocida estrella Gloria Swanson que miraba a Martín con insistencia dijo nerviosa: – Venga usted conmigo y salgamos a la terraza a tomar un poco de aire que me esta haciendo falta.. –¿ Martín se sincero con migo y dígame si esta contento de esta fiesta?. –Como usted habrá visto todo el mundo lo encuentran muy agradable y en especial las mujeres y no cabe la menor duda que con el tiempo ira conociendo este mundo pero vera que no es tan complicado como usted cree. – ¡Y sobre todo no piense que soy mujer celosa!
Bien entrada la noche los invitados fueron abandonando la hacienda y ella antes que Martín se despidiera le pidió quedarse unos días en su compañía. A la mañana siguiente, al bajar al salón se encontró Mabel aviada de amazona y, le invitó a cabalgar y a si visitar la hacienda. En su paseo y al trote de sus caballos la pareja observaba los arboles frutales que se perdían a lo lejos en filas regulares y recuerda que los naranjos le embriagaban con sus perfumes. Después ya tranquilos los caballos y al ofrecerle sus brazos para descabalgar fue cuando el perfume de ella que tanto le encantaba y sintió el deseo irresistible de abrazarla a lo que con un simple ademan le ofreció sus labios. Fue un momento inolvidable e irresistible, recuerdo como si fuera hoy que ella bajó los ojos y con pasión siguió besándole a la vez que murmuraba palabras de amor.
La verdad es que no duro mucho sus besos profundos, pues un hombre con un cesto de naranjas los sorprendió abrazados, y él por la sonrisa maliciosa de Mabel adivinó al instante que ella deseaba de este fruto, dado que según ella, no las había aun probado las naranjas ese año. Después los dos siguieron adelante jugueteando con las naranjas, hasta que ella al abrir una de ellas y morder la pulpa, Martín observó como el jugo del delicioso fruto descendía de sus labios como gotas de ámbar no dudo en secarlas con sus labios y, deseoso de seguirla besando ella se echa hacia atrás y le dijo entre sonrisas: – ¿No ves que nos miran y que la gente se para?. Pero sigue contando que la mayor sorpresa de él, fue que al regreso a la hacienda ella le pidió por primera vez que compartiera con ella la misma habitación…
CAPÍTULO XXVIII
Transcurridos tres meses primeros la pareja decidió vivir una vida marital y fue pocos días después que Martín recibió una carta donde se le comunicaba el fallecimiento de su buen amigo Botero. Martín permaneció horas enteras inmóvil, con la cabeza abatida, como si le abrumasen los recuerdos y sobretodo el de su hija que volvió cada vez con más fuerza. No obstante, al llegar la triste noticia con tres semanas de retraso, fue por lo que Martín decidió no emprender un viaje inmediato a la Habana, puesto que ya no vería a su amigo con vida. Pero no obstante y a pesar de que su hija sé hallaba en el colegio internada para Martín su hija ahora se hallaba más sola estaba y se sentía culpable de la nueva situación que pesaba sobre ella.
Su exasperación de padre, le recordó que era incapaz de darle la ternura necesaria y por esto se consideraba como un ser mezquino que no había hecho otra cosa que causarle un inmenso daño. Mabel que escuchaba conmovida, abrazó a Martín juntando sus labios sin pasión carnal y se mantuvieron unidos largo rato como si con su amor fueran capaces de desafiar los inconvenientes de los avatares que aporta la vida. Después Martín bajo la influencia de este ambiente melancólico y dulce que le proporcionaba Mabel siguió la contemplándola con ojos amorosos y la abrazarla de nuevo como si ella fuera el rincón del olvido la dijo: –¡Cuánto te quiero! murmuró acariciándola con la mirada y sonriendo por la sencillez de ella se sintió halagado por su comprensión. A continuación se cogieron del brazo y pasearon por los naranjos embriagados de ese peculiar perfume que mezclaba la naturaleza con el amor.
Al finalizar la tarde, los dos amantes siguieron el camino de vuelta cuando les sorprendió el sol que se ocultaba por un cielo color de violeta, a la vez que la luna parecía una nubecilla pálida y borrosa aún por la luz diurna. La pareja llegó a la hacienda con la ropa cubierta de polvo, pensando en la dulce tranquilidad que les ofrecía la casa y, pese a su fatiga los dos se sentían cada vez más satisfechos de su amor olvidándose del mundo y creyendo que la vida podía deslizarse eternamente en su vida de pareja… - ¡Libres y enamorados!. Después fuertemente abrazados, volvíeron a reír, estremeciéndose sus carnes desnudas bajo las sabanas y rozándose con el temblor del regocijo sofocado.
Un mes después con motivo del final del año escolar en Cuba, la pareja decidió que fuese Marina acompañada por la hija de Botero y sin tardar se pusiese en camino con el fin de no separarse en lo sucesivo. Para esto Martín saldría a buscarla al puerto de “Baytown” a pocos kilómetros de Houston en el Estado de Texas y desde allí harían su viaje de vuelta a San Diego por carretera. Por fin, Martín que esperaba con ansia paterna la llegada de su hija, la vio bajar la pasarela del buque acompañada de una mujer también de color, él corrió para abrazarla; pero al fijarse detenidamente en ella, quedó asombrado por su belleza, pues no esperaba ese cambio tan sorprendente de su hija. Su pelo de un negro brillante, jugaba con su falda de flores y sus largos volantes. Era casi una niña y la pubertad apenas había hinchado la forma de sus pechos. Martín, después volvió a abrazarla con lagrimas en los ojos. – ¡Hija mía y de mi corazón!. – No sabes cuanto he esperado este momento. – No nos volveremos a separar. – ¡Te lo prometo! Marina abrazó a su padre como si fuera aplastarle, a la vez que le daba ruidosos besos y sin dejar de llorar para después sonreír de gozo.
De vuelta, Martín aprovechó par explicar tímidamente a su hija la situación avanzada con relación a su futura boda con Mabel, mientras Marina lo contemplaba silenciosa y con sus ojos hermosos sin reflejar extrañeza. Martín que esperaba una explosión de llanto o la protesta instintiva del dolor de su madre, quedó asombrado al ver la inmovilidad del rostro de Marina que con sus ojos fijos y tristes puestos en él le acariciaba sus mejillas. Padre, yo acepto mi nueva situación por que tú eres un buen padre y tu futura esposa volvería a ser la madre que a ella la faltaba. ¡Volverás a ser feliz. y verás que buena será ella con nosotros!
El encuentro con Mabel, fue en los estudios cinematográficos donde ella estaba rodando una película y, Marina ante tanta grandeza quedó más asombrada de la belleza de Mabel que de los propios estudios, pero a la vez ella también recibió los mayores elogios de su hermosura de Marina por parte de su futura madre. Después las dos quedaron silenciosas sin atreverse a despegar sus labios, pero al fin habló Mabel y tras su impulso maternal dijo: - ¡Hija- que linda eres! - Y a continuación se fundieron en largo abrazo.
Meses después, Marina ingresó en la mejor escuela de San Diego, pero un mes después Martín y Mabel se casaban por el juzgado. La boda fue rumbosa y en la ciudad de los Angeles no paso desapercibida y que no falto la presencia de un numero indeterminado de actores y personalidades del celuloide.
Los años pasaron con una rapidez sorprendente y Marina terminó sus estudios universitarios, para poco después, casarse con un joven abogado estableciéndose los dos en una de las mejores oficinas de la ciudad y Martín terminó por invertir en el mundo del cine a la vez que seguía de cerca la carrera cinematográfica de Mabel.
Martín en este periodo apenas escribió en su diario, lo que hace pensar que su vida transcurría apacible entre Los Angeles y su rancho del Colorado. Mientras tanto, Mabel continuaba su ascensión cinematográfica, consiguiendo pasar con éxito, la prueba del cine mudo al cine hablado, que desarrollo la productora Warner Brothers al introducir el primer sistema sonoro eficaz. Pues los años 30 fueron de gran esplendor en el cine, al nacer grandes estrella como Kathrine Hepburn, Bette Davis, David Belasco, y muchos otros más que terminaron por brillar con tal intensidad que eclipsaron a las estrellas veteranas, que hicieron pasar Mabel a papeles secundarios. La verdad es que Mabel ante este hecho, se sintió humillada por su caída como figura principal, pero su carácter tenaz, la hizo continuar ganando posteriormente importantes premios en sus papeles secundarios. Lo que no la impedía quedar triste y llorar al recordar las palabras sabias del poeta: –¡Adiós, juventud! – ¡Adiós deseos e ilusiones!.– ¡Sirena encantadora de la existencia que huye para siempre!.
Martín tenia en su vida motivos de sobra para ser feliz; pero a pesar de eso, una sola cosa le entristecía de su vejez, era el observar la rapidez del paso del tiempo y la necesidad de convencer a Mabel de su deseo de volver a España antes de morir. Para esto, Martín aprovechó la tolerancia cariñosa de su mujer para pedirle este favor y del que ella no dudo en aceptar. Y a si fue pues por fin en el verano de 1950 acordaron emprender este largo viaje.
El viaje se realizó con su escala obligada en Nueva York y tal como estaba previsto pues aterrizaron el día siguiente en la capital Francesa. Una vez instalados en el hotel, cuenta que Mabel tuvo que sufrir los continuos fogonazos de fotógrafos, periodistas y demás medios de información y a los pocos días de visitar París la ciudad cultural e histórica de Europa. Martín ansioso de reanudar el viaje a España, acelero los preparativos y días después el avión aterrizaba en Madrid.
Martín insiste en su diario del impacto que le causo su instancia en la capital de España; pese a que ellos hospedaron en uno de los mejores hoteles del Paseo de la Castellana, Madrid a sus ojos no había evolucionado gran cosa. No obstante nuevo, Mabel tuvo que hacer frente a los medios de comunicación que la perseguían por todas partes. Pero como bien repite en su diario del recuerdo de aquel Madrid que él conoció al final del siglo pasado, en su paso obligado para marchar a la guerra de Cuba; no encontró grandes cambios y mismo si habían transcurrido más de cincuenta años se percibía una aumentación de la miseria, visible en las calles y en la extensión de los suburbios.
Tres días después, Martín alquiló un lujoso automóvil para trasladarse a su pueblo natal y a la salida de la capital Martín remarca en su diario los comentarios que Mabel hacia sobre la miseria que iban descubriendo al divisar los suburbios de la capital. Ella fue la más sorprendida y, no ceso en sus continuas criticas al seguir viendo esta tierra seca y pobre, hasta que Martín enfadado no encuentra correctos los ridículos gustos aristocráticos de su esposa y tuvo momentos de indignación por su continua actitud.
Martín, intento calmar a su esposa que desconocía la tragedia de la guerra civil española y su posguerra así como su dictadura fascista causantes de tal situación. Más tarde Mabel al ver la irritación de su marido, se sintió supeditada a la comprensión de su marido y le pidió perdón por sus reproches inoportunos. El matrimonio fue poco a poco elaborando su situación y al final terminaron por perdonarse de sus continuos reproches. – ¡Al fin y al cabo era la tierra donde él nació!.
Eran cerca de las tres de la tarde, cuando el coche se detuvo en Pecharromán. Para ellos según cuentan el polvo de la “carretera” y el Sol implacable de Castilla hacia sofocante el lugar, mismo si él conocía bien los calores insoportables de los desiertos Americanos y la humedad sofocante del trópico. A su llegada, reconoce que solo un grupo de muchachos a la sombra de una casa se atrevía a enfrentar estas altas temperaturas.
Un muchacho, que después resulto ser de su familia les acompañó hasta la casa donde vivía su sobrina María Pecharromán. Al llegar a la casa Mabel y Martín entraron en el pequeño comedor; donde el muchacho que les acompañaba corría por la casa intentando despertar a su abuela que dormía la indispensable “siesta” tan obligada en esta época del año. María entró en el comedor, entrecortada por la sorpresa de ver unos señores también vestidos. –¡Buenas tardes señores!.–¿Que desean? Martín, al presentarse como Martín Pecharroman, tardó en hacerse comprender pero al fin: – ¡Calle, Señor!. – ¡Usted es mi tío Martín, el que no volvió de la guerra de Cuba!.
María abrumó con abrazos asfixiantes y besos y lagrimas a los recién llegados arrebatando parte de los coloretes a Mabel que no supo responder con la misma afición al gesto de alegría de María. Martín, presentó a Mabel como su esposa, a lo que María, señalando a Martín, no dejaba de decir: –¡ Que guapa estaba!. –¡Miradla! –Parece una reina con ese traje. Pero se retuvo de abrazarla y besucarla de nuevo.
Martín agradeció a su sobrina, la comida que les preparó y después descansaron en la habitación que les habían designado. A la caída del sol les despertó el chirrido de un carro acompañado de los ladridos de unos perros, que a la vez estos hacían rebuznar a un asno cerca del lugar. Al bajar de nuevo al comedor, les esperaban como si fuera un día de fiesta, el resto de la familia numerosa de María, que después del trabajo agotador del campo, regresaban a casa medio extenuados. Martín contó cerca de cinco mujeres jóvenes, que al parecer eran hijas de su sobrina. Después apareció un señor, que al entrar se quito la boina con respeto y que les fue presentado como el marido de María.
La pareja, por su lujo era el punto de mira de los presentes, lo que hacia que los dos nerviosos quedasen tiesos y majestuosos dentro de sus trajes. Pues el elegante vestido de Mabel, iba acompañado de innumerables joyas de gran valor y Martín vestía un traje cortado a la medida y con su elegante sombrero parecía salir de la ultima película en estreno. Después Martín pasó horas relatando su vida y sacó las ultimas fotografías de su hija a las que todos observaron con atención. Martín, al comprender sus extrañezas tuvo de nuevo que profundizar en su pasado, remarcando en sus explicaciones la guerra de Cuba; pero rapido comprendio que esta estaba olvidada por completo y que su deserción no-tenia ya la mayor importancia.
Días después visitaron los lugares y Martín se interesó por encontrar la familia de su amigo Antonio que en su día trabajaron en una finca a pocos kilómetros del pueblo llamada (El Coto de Cardaba). Al comunicarle que los padres de Antonio habían muerto en alguna ciudad del País Vasco y como quiera que Antonio era hijo único Martín no hizo más averiguaciones. Después al pregunto por Valentín Cabrero, Martín quedó sorprendido de que el “Habanero” a un vivía y que el nieto de su sobrina María era nieto a la vez de Valentín. Martín ante la evasión de no querer ver más a Valentín, dejó en entre dicho, que posiblemente entre ellos hubo graves problemas. Pero la pareja supo evadir las sospechas, al poner como pretexto que no les quedaba tiempo porque al día siguiente saldrían para la capital.
EPÍLOGO
Pecharromán volvió al día siguiente a la monotonía diaria, salvo para mí, cuando con sorpresa encontré el diario que Martín había olvidado en la mesilla y que después de leer detenidamente me percate que la misma noche anterior de quitar el pueblo, Martín dejo de escribir. – (27 de agosto de 1950).
A partir de aquí, mi familia no volvió a tener más noticias de Martín y como comprenderá el lector después de leerles su diario solo pueden imaginarse que por su avanzada edad a Martín le debió de quedar pocos años de vida. La vejez nos da ese signo de debilidad y decadencia que pregona un próximo fin; mensaje de la destrucción y de la nada. Pues la vida como bien dice el poeta: –“¡La vida no es más que dos madrugadas sin un tercer amanecer!”.
Se supone que Martín tuvo una vejez tranquila, con el pensamiento sano; para después, el silencio y la oscuridad… ¿La nada?. Solo una tumba en un cementerio de cualquiera de las colinas que rodean las ciudades de California… Con un simple gravado en Ingles, que al no comprender creó que dirá: “– ¡Aquí yace Martín Pecharomàn!. – ¡1869 – 1950 y!..
Septiembre de 2001
Marignane-Francia
Pablo Garcia Cabrero |
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