Duerme Sansón, cierra los ojos, tu cabeza sobre mi falda y tu corazón en el mío.
Duerme, que la mañana apenas despierta enarbolada y los rumores del campo serán tu nana.
No atiendas a los alegres rayos del sol, yo tengo para ti mejor celada y de ningún modo tu vida será librada.
¿Oyes a los lejos rumor de súplicas? ¿Recuerdas los consejos de tu dulce madre?
¿Acaso no había mujeres hermosas en tu pueblo? Pero tu corazón te traicionó Sansón,
corazón de hombre al fin y yo tengo en mis ojos la mentira y en mis labios la muerte carmesí.
Sujeto como un corderito, serás preso de tus enemigos como antes lo estuviste de tus pasiones,
con mis dulces manos te arrancaré yo misma el corazón y en la copa de tus despojos me beberé tu sangre.
¡No eres más que mi juguete! Y yo seré tu ama.
Tu brazo no será más mi escudo y tu fuerza será como niebla en la madrugada,
amargura y culpa serán tus hayas cuando la oscuridad de tu propia necedad en vez de luz restalle en tu ventana.
¿Qué planes había para ti en la mente de tu Jehová? Nunca lo sabrás, porque si debías ser el libertador de tu pueblo…
Ja ja, risa me das. Tus piernas tiemblan de miedo porque el favor de tu Dios has perdido, eres un niñito Sansón, y en un vil esclavo te has convertido.
Pero aún duerme, duerme… que dulce es el sueño del que se entrega sin medidas ni preocupaciones a su pasión destruyendo todos sus sueños e ilusiones. Pero como a ti, a todos, tarde o temprano los alcanzará su destino.

