Teatro de Improvisación

Para todos los amantes del teatro y para aquellos interesados en todo lo relacionado a técnicas de expresión, hemos desarrollado este espacio.
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Teatro de Improvisación

Notapor JesúsRICART » Lun Feb 09, 2009 10:45 am

El teatro de improvisación ha sido defiido dentro de la performática llamada de vanguardia. Frente al teatro de texto predecible y prememorizado, el improvisado puede llevar a situaciones no decididas y a no ajustarse a un tiempo escénico. Es la jam sessión de la representación gestual y hablada. Cualesquiera que sean las dotes y entrenamientos de actores y actrices cualquiera puede hacer teatro de improvisación. La vida entera es representación y por tanto las innumerables situaciones de las que se compone emplazan a la adaptación improvisada. El sujeto humano llega a los sitios con unos cuantos criterios y unas cuantas informaciones pero desconoce cómo se desarrollará la dinámica del encuentro. Acude al lugar con una cierta inquietud de hacer u buen papel. Esta es la frase, representar un buen rol. La valoración que hace el otro de ti depende de sacar partido a tu semblante y a tu ingenio. No hay tata diferencia entre el teatro de tarima y el teatro de cada día en la vida social. No es cierta la diferencia de sus atributos que hacen pasar el uno por la pura ficción y el otro por el puro realismo. La realidad está ahogada en ficciones y registros de mentira a distintos planos en un complicado tablero la que solo desde un imaginario robusto se puede sobrevivir en ella, y en cuanto al teatro de pago o el consensuado que es teatro de espectáculo está ahogado de fetichismos realistas y de dejes convencionales haciendo creer que el mundo es eso que se representa. A pesar de su iterseccionalidad mutua, desde el punto de vista sosegado del espectador menos entrenado no hay ninguna duda de cuál es cual. Sabe diferenciar entre el teatro montado en un escenario ad hoc para el goce y el teatro directo de la vida en la que se sabe o intuye que el otro representa lo que le conviene. El teatro de improvisación es continuo: se hable de lo que se hable en la comida familiar del domingo, en la coincidencia en el vestíbulo con el vecino apresurado, en la reunión de propietarios o en el altercado con otro conductor que ha invadido el vial principal poniendo en peligro tu vida, los decires que se dicen son actos representacionales de un teatro más o menos asumido. Toda la vida relacional pasa por protocolos, por guiones que se han dicho, repetido y consolidado por millones de veces. La verdad es que nadie queda fuera de un guión escénico. Sobre esta premisa el teatro de improvisación puro no existe, a lo más es dado un teatro pseudoimprovisado, en el que sea la que sea la inducción, la provocación, la frase o el acto del otro, se puede replicar con frases lógicas, recreando situaciones de las que se tiene alguna referencia y que duermen en la memoria colectiva o frases c9ompletamente ilógicas provocado un plus de imaginación adaptativa para salir del paso. Una conversación es una danza de pasos, un ensamblamiento de piezas.
La idea de la improvisación excita la hipótesis del pánico escénico, la de quedarse en blanco, de no saber a acertar a decir nada, ni siquiera a articular una frase. Eso le pasó a Alfredo Landa durante la recepción de un premio. El shock emocional lo enmudeció sin acertar a reaccionar. Tuvo una parálisis momentánea de recursos intelectivos para la actuación comunicativa. Una simple desconexión del circuito neuronal del traslado de infos dejando out of orden la posibilidad interpretativa y representativa del mensaje.
En el peor de los casos en los que al olvido de guión (subir a la tarima para agradecer con frases tópicas un homenaje es un conocido papelito guionizado) le sobreviene el más absoluto bloqueo sobre lo que decir se puede integrar ese mismo bloqueo como motivo escénico. Si la ausencia de reacción es total, el sistema nervioso mantiene al menos el esquema corporal con el que se puede intentar mimetizar algo, pero tampoco hay que hacerlo. Representar la más absoluta nulidad también es una representación.
Si la actuación es compartida con otro/s actor/es, los demás puede llenar el vacío de quien se queda en blanco sin que la platea se entere. Lo más valioso de la improvisación escénica es que el cuadro de personajes y tema no tiene unos límites estancos. Se puede salir de él para volver en cuanto se recupere el hilo argumental.
Dos personajes instalados en un decorado minimalista pueden probar de ensayar distintos roles pautados al azar tomados de un cuenco en que hayan sido depositados previamente escritos en tiras de papel por el director o el encargado de training. Basta que haya dos hablantes para que haya diferencias. La pluralidad que empieza a partir del número dos facilita la conciencia de la diferenciación. Si no hay diferencia expuesta es que no hay conciencia analítica que la haya descubierto. El monólogo no deja de ser una variante de la pluralidad. El monologuista nutre su monólogo de los ecos representacionales del otro ausente trasladando las preguntas o comentarios que le haría para incorporarlos en su disertación.
Una pauta escénica pasa por dar la consigna de un reparto de roles. Veamos algunos: Una madre que le discute a su hijo que pasa de los 30 por seguir viviendo en el espacio familiar, un activista de Hamás entrevistado por un reportero internacional, una paciente que va a consulta para que le reequilibre las energías una terapeuta de new age, una pareja que se divorcia y hace balance de su vida juntos, dos cónyuges que toman distancia de sí mismos al descubrirse faltos de lo que les unía y ven en el catálogo del consumismo la forma de enmascarar sus vacios ,
También se puede llenar la escena con un solo personaje de un solo rol que incorpore un sentir flotante en la sociedad. Veamos algunos: Un padre ante el féretro devuelto de su hijo soldado tras perecer en Irak o Afganistán,
un pos operado de corazón que lee el informe detallado de su intervención tras la convalecencia, un financiero en crisis, un empleado que ha perdido el empleo de subida después de muchos años de fidelidad y entrega a una empresa.
Comparativamente el enmarcamiento de un tándem facilitaría más la improvisación porque los lapsus o ausencias de un actor/actriz pueden ser compensados por la imaginación del otro en relación al monologuista que depende solo de sí mismo o de los elementos recursivos de los que se pueda valer en su entorno inmediato. En realidad de cualquier cosa se puede hacer un imput: lo que se ve por la ventana, la entrada de luz, una mosca intrusa, un titular de periódico y la reflexión improvisada se puede ir llevando hasta donde la provocación intelectual desee. Hay una técnica infalible tanto para el monólogo como para el dialogo: darle al grifo de las preguntas, aunque hay que decir que toda afirmación suscita a contestaciones y son provocaciones para la renovación de preguntas. La suerte del leguaje es que es una concatenación de predicados que lleva más lejos o menos en el campo de la comunicación según la disposición comunicativa que se tenga. La gran suerte del teatro de tarima es que permite desarrollar diálogos en el escenario de la ficción que son censurados en el escenario del semblante real. El universo de la imaginación puede recrear hasta la saciedad todo lo que los límites de la realidad condenan a la sumisión, es decir a la infra comunicación o a la censura de los comunicantes. Podemos redefinir el teatro de tarima como el complemento al teatro en vivo que proporciona la sociedad y que o bien no tiene actores valerosos para llevar hasta el final sus mensajes o bien no tiene espectadores dispuestos a aceptarlos. Es así que la cultura, eso que llamamos cultura, (una suerte de fabricación de un modelo consentido donde pautar mensajes de extroversión que la introversión del a realidad inhibe) vapulea y potencia verdades permanentemente calladas. Al mismo tiempo la imbricación de un teatro y otro es total. Una pauta de ensayo escénico bien podría ser la de un squetch en la que un espectador airado del público que le discute al actor escénico su actuación por meliflua o no creíble.
Para el vocacional (amateur o profesional) de teatro cualquier lugar de su vida diaria puede ser motivo de ensayo. No hace falta ir al encuentro del grupo de vez a la semana o de cada día al final de la jornada laboral para ocupar una sala de alquiler o prestada donde ensayar, cada lugar de intersección, contacto o interferencia con los otros puede ser aprovechado para hacer teatro. Por lo general la realidad es limitante, es decir cortante ya que no es fácil encontrar interlocutores ni la gente siempre saluda o responde al saludo. Eso no tiene porque ser obstáculo para el actor teatral que puede ejercitar tantos personajes como se le antojen en tantos escenarios por los que circule. Puesto que todo es escenario todos los demás individuos que concurren en ellos son personajes. Basta coceptuarlos así para actuar en consecuencia. El reto es tan interesante que es electrizante. El improvisador puede tener ante si rostros mustios a los que repintará con otros rictus o sacará lo mejor (también lo peor) del otro con la adecuada dosis de provocación inteligente. En el teatro de improvisación vale todo: desde acudir a lugares muy serios como los concejos municipales abiertos al público a contar chistes dentro del metro un lunes por la mañana hora estelar de la típica cara de asco de los pasajeros también vale. Es difícil entender que esa misma gente que hace vida parda durante sus horarios laborales la mayor parte de la semana luego vaya el día del espectador al cine o los findes al teatro para reírse de las escenas que le ridiculizan y en las que queda representando como sujeto vacuo.
El mundo sería un lugar más divertido e el que vivir si todos sus residentes asumieran que todos somos actores y que pueden mejorar sus representaciones desde la originalidad. La improvisación bajo esta perspectiva no es la de solucionarlo todo sino la de tener la disposición a descubrirlo todo y no escapar de las tramas de las cosas, algo en lo que la realidad y sus realistas se han especializado.
JesúsRICART
 
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