¿Hasta dónde puede llegar la creatividad humana, puesta a imaginar formas de difundir ideas o prácticas valiosas? Probablemente, no haya límite para lo que nuestra mente puede pergeñar si cuenta con libertad para pensar por fuera de lo conocido... Aquí, algunas muestras: acciones que organismos privados o públicos llevaron a cabo para fomentar la lectura en los últimos tiempos.
Hace algunos años, se implementó la publicación de textos breves en los subterráneos de Madrid: en los mismos choches, en las paredes, como afiches. Para leer de parado o sentado durante el viaje. Y engancharse luego con el autor o el género si la lectura nos atrapaba y queríamos seguirla ya fuera del vagón.
En Buenos Aires, el Ministerio de Educación avanzó a una instancia más novedosa: repartió durante tres temporadas cuentos de fútbol a los "hinchas" que iban a la cancha. La idea era que contaran con material de lectura para entretenerse en los tiempos muertos: la espera por el comienzo del partido o el entretiempo.
En El Cairo, una cadena de librerías, la Alef Bookstore, puso desde el año pasado la práctica sobre ruedas: surtió de un pequeño lote de libros a decenas de taxis. ¿A quién se destinan los títulos? A los pasajeros que prefieran aprovechar su viaje leyendo... o que deseen sustraerse de la tensión que el tránsito céntrico puede provocar en una metrópolis. Es decir, la mayoría.
¿Qué otras ideas serían buenas y posibles para promover la lectura? Lugares de vacaciones, medios de transporte, situaciones de tiempos vacíos... ¿en qué momento podríamos disfrutar de que nos acerquen un buen libro? Lo pensamos aquí.